Reflexionar y rectificar

Post thumbnailCoronavirus a nivel mundial - Foto: Wikipedia - CC BY-SA 4.0
Los días que celebramos en el mes de Tishrei obligan a reflexionar y a rectificar.  Quienes no sienten la obligación ni la necesidad de hacerlo, son catalogados en el rango de malvados.  La reflexión y rectificación personal, ha de ser también colectiva.  Además, si todas las personas obran bien, la sociedad y el país han de andar por la senda del bien.

Las festividades de Año Nuevo, Día del Perdón y Fiesta de las Cabañas, tienen una concepción universalista.  Se ora por el bienestar de la humanidad entera, entendiéndose que el concierto de naciones es un gran ecosistema de cuyo equilibrio depende lo que pasa con cada una de ellas.

Este año en particular ha sido muy difícil y novedoso.  Una pandemia azota al planeta y no deja lugar a errores, ni da tregua a las medidas que hayan de tomarse.  Se domina por unas semanas, y rebrota con intensidad.  Se requiere de la acción conjunta de todos, del entendimiento y el respeto a la autoridad para ir combatiendo, previniendo y venciendo a lo que es una verdadera plaga, comparable a cualquiera de las de Egipto en su momento.

En muchos países, el espectáculo que dan los gobernantes de turno y sus opositores es de altura.  Se pone ante todo el bien de la población, la salud y la contención del virus.  En otros, el espectáculo es digno de lamentar.

Quienes somos amantes de Israel y vemos las cosas en positivo, comprendemos sus limitaciones y asumimos una actitud condescendiente ante los errores y omisiones, generalmente por considerarlas no intencionales. Ahora, estamos a la espera de una profunda reflexión y rectificación de parte del liderazgo del país.

El nivel de conflictividad en los medios de comunicación entre los voceros de los partidos políticos es insostenible.  Llama a una anarquía que, quienes hemos tenido la oportunidad de experimentarla en otras latitudes, podemos dar fe de lo peligrosa que es.

Dentro de la coalición de gobierno, no hace falta que la oposición se manifieste.  Representantes de ambos bloques de la coalición muestran una especie de aparato de dos cabezas, que se inculpan y responsabilizan la una a la otra, como si fuera que no son ambas una sola, y además llamados a enfrentar y resolver los problemas que atraviesa la nación.

Desde siempre, Israel ha mantenido la unidad necesaria cuando hay conflictos bélicos. Los conflictos no fueron elegidos, fueron impuestos por las circunstancias.  Como la Guerra de Iom Kipur, que recordamos siempre en tal día.  La lucha contra la pandemia no es menos mortal ni menos peligrosa que una guerra.  Con sus secuelas de muertos, heridos, efectos en la economía y gran cantidad de daños colaterales.  No es cónsono con el espíritu y la altura del estado judío, que esta situación no sea atendida con la requerida eficiencia y, además, elegancia.

Israel tiene tres elecciones a cuestas en menos de un año. Ha hecho grandes avances en términos de diplomacia en los últimos meses. Es un país de entre los primeros del mundo en muchos de los índices importantes de desarrollo.  Tiene, como siempre, una situación de defensa nacional complicada.  Puesto todo en la balanza, debe privar lo positivo.

Es necesario, imprescindible, de parte de todos, la reflexión y la rectificación.  Porque es mucho más fácil y expedito destruir que construir.

Son días y circunstancias de eso: de reflexionar y rectificar.

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