Parashat Pinjás

Post thumbnailMonte Sinaí - Foto: Wikipedia - CC BY-SA 3.0
Es esencial diferenciar entre el compromiso religioso y el fanatismo

Pinjás, la sidrá de este Shabat, comienza refiriéndose a un evento que ocurrió al final de la lectura del shabat pasado, cuando este nieto de Aharón, mató a Zimri, un vástago de la tribu shimeonita, y Cozbi, hija de un jefe madianita. Los madianitas, después de haber fracasado en derrotar a los israelitas mediante una maldición, recurrieron a una táctica más insidiosa y pérfida, seduciendo a los israelitas con mujeres madianitas, quienes les condujeron a la idolatría y la apostasía, lo que inevitablemente provocaría una plaga generalizada.

Entonces, el Creador ordenó a Moshé que ejecutara públicamente a “los cabecillas” y Moshé, a su vez, instruyó a los oficiales de Israel que mataran a aquellos que habían sido arrastrados a la adoración pagana. “Justo en ese momento”, Zimri y Cozbi hicieron alarde de su relación “a la vista de... toda la comunidad israelita”: “Sucedió que un hombre, un israelita, vino y presentó ante sus hermanos a la madianita, a los mismos ojos de Moshé y de toda la comunidad de los israelitas, que estaban llorando a la entrada de la Tienda del Encuentro”. (Bemidbar 25: 6) y Pinjás, “al verlos se levantó de entre la comunidad, lanza en mano” (25:11-13).

“Pinjás… ha aplacado mi furor contra los israelitas, porque él ha sido, de entre vosotros, el que ha sentido celo por mí; por eso no he acabado con los israelitas a impulso de mis celos. Por eso digo: Le concedo a él mi alianza de paz”.

Parashat Pinjás nos cuenta lo que pasó después. Se dice que .A. le otorgó a Pinjás un “pacto de paz con él; y tendrá él, y su descendencia después de él, el pacto del sacerdocio perpetuo, por cuanto tuvo celo por su Dios e hizo expiación por los hijos de Israel” (25: 12-13).

En su comentario, Nejama Leibowitz describió la violenta acción de Pinjás como haciéndola “sin previo aviso, sin juicio, sin ofrecer advertencia previa, sin que se escuche testimonio legal, y desafiando todos los procedimientos de examen judicial prescritos en la Torá” (Estudios en Bemidbar pág. 329). Este acto de “justicia sumaria”, -observó-, “consistió en tomar la ley en sus propias manos, y constituía un precedente peligroso, desde los ángulos social, moral y educativo” (ibíd., Leibowitz). ¿Cómo podría .A. haber recompensado a Pinjás, cuando la condena parece ser la respuesta más apropiada?

Aunque la acción de Pinjás recibe elogios, encontramos varias críticas implícitas a su acto violento en la literatura rabínica. El Talmud Yerushalmi 9.7 declara que Pinjás actuó “en contra de la voluntad de los Sabios”, que lo habrían anatematizado, pero por la intervención de .A. eso no sucedió. Y el Talmud de Babilonia cita al rav Jisda enseñando que si una persona celosa pregunta si matar a alguien que convive con un pagano, emulando a Pinjás, “no le ordenamos que lo haga”. Además, si Zimri hubiera dejado a su amante madianita y Pinjás lo hubiera matado después, Pinjás habría sido condenado con la pena de muerte, y si Zimri se hubiera defendido de Pinjás y lo hubiera matado en esas circunstancias, habría sido un acto legítimo de defensa propia (Talmud de Babilonia, Sanedrín 82a).

Como vemos, el caos y la anarquía amenazaron constantemente con anular el plan del Creador para el pueblo judío durante su estadía en el desierto. La gente aún no se había desarrollado en una comunidad religiosa, nacional o civil cohesionada, ni se había adaptado a la libertad y al autogobierno. Tampoco había internalizado los valores monoteístas del pacto con .A. que se había revelado en el Monte Sinaí. La promiscuidad sexual descrita en la parashá era mucho más que un problema moral. Los israelitas estaban en peligro espiritual y existencial como consecuencia de su apostasía y también por el vacío de liderazgo. Si los moabitas hubieran tenido éxito en seducirlos y alejarlos de Dios, el judaísmo y el pueblo judío habrían muerto antes de haber comenzado su vida como nación. Vistas bajo esa luz, las acciones de Pinjás pueden percibirse algo menos sanguinarias e impulsivas.

Vemos hasta el cansancio como asesinos piensan que están tomando una acción apasionada en defensa de Dios cuando cometen sus crímenes. Sin embargo, estos actos bárbaros conmocionan la conciencia de todos, y no pueden ser tolerados por ninguna autoridad religiosa legítima. Pero, los crueles asesinos, sanguinarios y refractarios, no preguntan a las autoridades religiosas cuando se ven arrebatados por el deseo de asesinar o preguntan a personas igualmente enfermas.

En un período en el que tantos creen tener la aprobación divina a la violencia contra otros, es esencial diferenciar entre el compromiso religioso apasionado y el fanatismo.

El primero es profundamente necesario y elogiable, pero el último es peligroso, destructivo y ruin.

Gran parte de la confusión en el mundo, históricamente y en la actualidad, es atribuible al extremismo religioso, a la creencia de algunos de que tienen una comprensión exclusiva de la voluntad de .A. y tienen derecho a oprimir, dañar o incluso matar a otros en nombre de Dios. Si bien este fenómeno es más pronunciado hoy en el Islam radical, ninguna religión, incluido el judaísmo, está libre de portadores de este virus mortal. Si el “apasionamiento” de Pinjás nos hace sentir incómodos, a pesar de la aparente pureza de sus motivos, es por una buena razón.

Tal incomodidad indica sensibilidad ética y una humildad cada vez mayor. Evita invitar a personas confundidas a usar la violencia, sea cual fuere su razón.