Parashat Jaye Sará

Post thumbnailServicio de oración de Minjá en una Ieshivá - Foto: Wikipedia - Dominio Público
Orígenes del Servicio Minjá

Nuestros sabios nos enseñan algo maravilloso, que a veces no percibimos en una primera lectura: Nuestras plegarias, instituidas en un orden -el del sidur-, que es el devocionario judío por excelencia, nacieron de manera totalmente espontánea. Así elevaban las invocaciones los judíos por muchas generaciones hasta que se instituyeron en el ritual. Muchas más generaciones tuvieron que pasar hasta que adoptaron la forma que conocemos hoy en nuestras congregaciones.

Si no hubiera existido la costumbre de encontrar recovecos en la actividad diaria para dedicarla a encontrarse y reencontrarse con .A., las plegarias hubieran sido mecánicas y carentes de devoción. Pero, es evidente que responden a una necesidad humana que adquirimos por intuición en búsqueda del diálogo con el Creador, tanto privado como público. El humano lo necesita más que  el mismo Dios, al grado que nuestros profetas criticaron las ofrendas cuando se llevan a cabo desde una posición equívoca. Recordemos a Yeshayahu 1:13 y siguientes: "No traigáis más vuestras vanas ofrendas, el incienso me es abominación. Luna nueva y día de reposo, el convocar asambleas: ¡no tolero iniquidad y asamblea solemne! Vuestras lunas nuevas y vuestras fiestas señaladas las aborrece mi alma; se han vuelto una carga para mí, estoy cansado de soportarlas. Y cuando extendáis vuestras manos, esconderé mis ojos de vosotros; sí, aunque multipliquéis las oraciones, no escucharé. Vuestras manos están llenas de sangre. Lavaos, limpiaos, quitad la maldad de vuestras obras de delante de mis ojos; cesad de hacer el mal, aprended a hacer el bien, buscad la justicia, reprended al opresor, defended al huérfano, abogad por la viuda".

En esta parashá, nos encontramos con la oración de Yitzjak sobre cuya base tenemos en nuestros días el servicio devocional de la tarde de la liturgia judía que conocemos con el nombre de Minjá.

Acerca de la costumbre que tenían nuestros antepasados de venerar a Dios y dialogar con él tres veces por día, encontramos a la oración del profeta Eliyahu que  "Cuando llegó la hora de ofrecerse el momento de la ofrenda del sacrificio vespertino ["minjá"]" … dijo: .A., Dios de Abraham, de Yitzjak y de Israel, sea hoy manifiesto que tú eres Dios en Israel, y que yo soy tu siervo, y que por mandato tuyo he hecho todas estas cosas". (I Melajim 18:36).

Minjá es uno de los tres servicios diarios mencionados en Daniel 6:10, "cuando Daniel supo que el edicto había sido firmado, entró en su casa, y abiertas las ventanas de su cámara que daban hacia Jerusalén, se arrodillaba tres veces al día, y oraba y daba gracias delante de su Dios, como lo solía hacer antes".

La tradición, recogida por el Talmud de Babilonia, atribuye a los patriarcas Abraham, Yitzjak y Yaacov la creación de la oración matutina, la del atardecer y la de la noche respectivamente y así aprendemos en Brajot 26b, que Yitzjak instituyó la oración de la tarde, como dice: “E Yitzjak salió a conversar [lasuaj] en el campo hacia la noche” (Bereshit 24:63), y la 'conversación' no significa otra cosa que oración, como está escrito: "Oración del afligido que en el día de mi angustia; y clama su oración (sijó) delante de .A., (Tehilim 102: 1).

Como dato diremos que Minjá propiamente dicho, es también conocido como "Minjá Guedolá" (mayor) y que tenemos también una "Minjá Ḳetaná" (menor), que tienen dos horarios diferentes de inicio pero el mismo para su finalización. La distinción entre Minjá Guedolá y Minjá Ḳetaná corresponde a una división de actividades en importantes y no importantes; regla que fue hecha como una precaución contra cualquier empresa que continuara después del límite del tiempo fijado para la oración (Shabat 1. 2, 9a). En consecuencia, uno no debe comenzar una transacción comercial o sentarse a un banquete después sin haber recitado previamente la oración Minjá.

Parece que en algún momento de la historia los hombres de gran devoción se reunían para hacer dos veces minjá, pero, de esa práctica quizás haya quedado la plegaria de Neilá que hoy clausura el servicio sinagogal de Yom Kipur y que en el pasado se recitaba en los días de los ayunos públicos.

En el siglo XIX, cuando la gente estaba más ocupada en los asuntos mundanos, les era difícil reunirse por la tarde y nuevamente por la noche; por lo tanto, la oración Minjá se pospuso hasta muy cerca de la puesta del sol para que pudiera ser seguida por Maariv, después de un breve intervalo. Si el servicio de Minjá realmente proviene de Yitzjak y no lo llevamos a cabo únicamente en reemplazo de las ofrendas del Bet Hamikdash, podemos aprender sobre la esencia y la energía espiritual de este servicio y de todas la tefilot instituidas.

Lasuaj verbo que aparece en Bereshit significa comunicarse con Dios puede traducirse también como lehithalej con en el caso de Noaj que significa 'caminó con .A.', fue con Dios y puede representar suplicar y meditar.

En contraste con los servicios matutinos y vespertinos donde hay muchas oraciones en torno a la Amidá (donde nos comunicamos directamente con Dios), el servicio minjá es nuestro único servicio diario en el que la Amidá acompañada por pocas oraciones complementarias.

Si bien existen circunstancias prácticas de tiempo para este servicio abreviado, la consecuencia espiritual es importante. Venimos inmediatamente del mundo exterior de todas nuestras preocupaciones y ansiedades y caminamos inmediatamente hacia la presencia de lo Divino. El enfoque del servicio, apoyado por el pasaje bíblico, es claro; estamos allí para estar en comunión con lo Divino. Durante unos minutos, en el ajetreo y el bullicio de nuestro día, nos detenemos para darnos una perspectiva y recordarnos que hay más en la vida que solo el momento en el que estamos.

Y así como aprendemos de Janá que oraba moviendo únicamente sus labios, pero su voz no se escuchaba porque hablaba con el corazón, así también aprendemos de Ytzjak de aprovechar cada ocasión para hacer detener nuestro ajetreo, nuestras actividades mundanas, nuestras obligaciones particulares y así sea brevemente, dialogar con .A., con nuestra consciencia y caminar en la presencia de lo sagrado.

Parar la vorágine que nos devora diariamente por unos instantes puede ser una buena medicina para el alma.

Yitzjak lo supo y nos lo transmitió con amor.