Los súbditos ignaros del nazismo rinden sus "cuentas finales" en la Mostra

Post thumbnailSoldados norteamericanos obligan a civiles alemanes a mirar cadáveres exhumados de judíos, asesinados por las SS durante una de las marchas de la muerte. Foto archivo: Wikimedia Dominio Público
Los últimos alemanes con vida que habitaron en las sombras del nazismo rinden cuentas en un documental presentado en Venecia y que plantea una pregunta muy actual: ¿Qué juicio moral merece el conformismo ante un crimen atroz?

La cinta "Final account" (cuenta final), estrenada fuera de concurso, empezó a ser grabada en 2008 por el británico Luke Holland, que se ha encargado de entrevistar a la última generación de alemanes vivos que conocieron el Tercer Reich de Adolf Hitler.

El realizador falleció recientemente y en su lugar acudió a la Mostra su productor ejecutivo, Sam Pope, quien aseguró que esta era una cuestión personal para él como hijo de una refugiada judía austríaca que pasó su infancia en América Latina.

"Luke quiso comprender por qué había ocurrido esto (...) Creo que quería entender quiénes eran los que habían asesinado a sus abuelos y por eso buscó a personas que hicieron algo similar a otras familias", resumió Pope.

No se centra en el testimonio de los jerarcas del horror sino en los habitantes comunes que consciente o inconscientemente formaron parte de él, entonces jóvenes que entraron en las SS, se enrolaron en la Wehrmacht o incluso custodiaron campos de concentración.

Pero también en vecinos de los municipios teutones que asistieron en silencio a aquellos trágicos avatares de la historia reciente.

Holland entremezcla entrevistas a esas personas, ya muy ancianas, con material de archivo inédito para desvelar la celeridad con la que las reglas morales se desvanecen en ciertos contextos.

En definitiva, el objetivo final de la obra es advertir de los peligros que entrañan fenómenos como la docilidad ante la autoridad, el conformismo social y la exacerbación de la ideología, todos tristemente replicados en muchas páginas de la historia humana.

Por esa razón la primera frase que asalta al espectador desde la pantalla reza: "Culpable no se hace, se deviene".

Ante la cámara hablan ancianos que recuerdan su infancia a merced de la maquinaria propagandística nazi: niños sometidos al imperio de profesores que adoctrinaban y que residían en diminutos pueblos sin luz eléctrica pero a los que llegaba el cine para mostrar panfletos antisemitas como "El judío Sus" (1940), encargada por Goebbels.

Otros relatan los horrores que "suponían" al ver el humo negro y el hedor que expelía el campo de exterminio de Bernburg, y aseguran que era algo comentado en el ámbito privado y nunca en público por temor a una posible represalia de las autoridades del régimen.

En la presentación también intervinieron los dos productores de la cinta, John Battsek y Riete Oord, que defendieron la necesidad de hablar de este tipo de historia.

"Creo que es importante ver cómo se normalizan ciertos comportamientos, cómo las personas aceptan las cosas que son absolutamente anormales y las perciben como normales", dijo Oord.

Battsek calificó como "impresionante" escuchar hablar a aquellas personas "normales" que acabaron siendo cómplices en aquellos lúgubres tiempos.

Algo que ha sido posible gracias a las cercanas entrevistas del director, que se aleja de todo academicismo para acercarse a sus interlocutores, "abriendo su corazón", en palabras de Pope, y sonsacar historias para arrojar nueva luz sobre aquella sociedad. EFE