Los palestinos y un presidente demócrata en la Casa Blanca

Post thumbnailEl entonces vicepresidente Joe Biden se reúne con el presidente de la Autoridad Palestina Mahmoud Abbas en Ramala el 9 de marzo de 2016 Foto archivo: REUTERS/Debbie Hill/Pool
El 17 de noviembre de 2020, la Autoridad Palestina anunció que restablecería la cooperación en materia de seguridad con Israel y aceptó recibir el dinero de los impuestos que Israel había recaudado para ellos.

Pero para el futuro cercano, las perspectivas de la Autoridad Palestina (AP) siguen siendo sombrías. La Primavera Árabe cambió las prioridades en el Oriente Medio. Los observadores deben tener cuidado de evitar el error común de juzgar las perspectivas de la AP a través de la visión dual del conflicto israelopalestino, mientras que la evaluación más verdadera y más amplia debería ser regional. Los palestinos deben tomar decisiones con la mirada puesta en su entorno natural -el mundo árabe suní- y no en Turquía, Irán o el mundo chiita en general. En esta nueva realidad, los árabes suníes se encuentran del lado de Israel y no de los palestinos.

Lo que empeora aún más las cosas para el líder de la AP, Mahmoud Abbas, es que la alianza israelí-árabe sunita atrae a potencias europeas como Francia debido a las tensiones turco-francesas en el Mediterráneo y la guerra de sus satélites en Libia. El presidente electo Biden no puede ignorar estos hechos reales sobre el terreno y desestimarlos. Lo que él puede hacer es convencer a la AP e Israel de que vuelvan a la mesa de negociaciones, no para desafiar la alianza árabe sunita-israelí, sino para sumar a la AP.

La vacilación de la AP a este respecto es la de perder a Turquía y a Irán como cartas diplomáticas a utilizar y verse obligada a confiar en Qatar para equilibrar a los Estados del Golfo y a Arabia Saudita. Durante el mandato de Trump, esto no fue posible. En la presidencia de Biden, la AP espera poder mantener el mundo sunita mientras mantiene a Turquía y Qatar a un lado, pero sin perderlos. Esto es especialmente importante para Mahmoud Abbas por el desafío del rival político Mohammed Dahlan que vive en los Emiratos Árabes Unidos. Confiar sólo en el Golfo sin otras cartas que jugar significa fortalecer a los leales de Dahlan en la Ribera Occidental [Cisjordania] y la diáspora palestina.

El barajado de cartas de Abbas con las falsas conversaciones de reconciliación en Turquía dirigidas por los apoderados qataríes, Jibril Rajoub (Fatah) y Salah Aruri (Hamas), fue considerado anti-Trump. En el mundo árabe suní, sin embargo, la maniobra se consideraba peligrosa.

La cooperación entre Fatah y Hamás encendió las luces de alerta árabes

El primer Estado árabe en alarmarse por las conversaciones entre Fatah y Hamás fue Jordania. La perspectiva de que Hamas gane poder en la Ribera Occidental es un horror para el Reino Hachemita. Aunque la Hermandad Musulmana, de la cual Hamas es subsidiaria, es un poder legítimo en Jordania -como partido político- Hamas es visto como el peligroso brazo armado de los Hermanos Musulmanes.

Según fuentes palestinas, Jordania aprovechó recientemente la visita de una importante figura estadounidense, que tiene las puertas abiertas tanto de Trump como de Biden, para convencer a Mahmoud Abbas de que se retire del curso dictado por Hamas y vuelva a la mesa de negociaciones con Israel.  El estadounidense prometió trabajar con Biden, una vez elegido, para renovar las conversaciones con Israel.  Aparentemente, Jordania también aplicó su diplomacia en Washington en este sentido.

Durante las falsas conversaciones entre el Fatah de Rajoub y el Hamas de Aruri en Turquía, Mahmoud Abbas consideró dar su aprobación a las elecciones con una lista conjunta de Hamas y Fatah, pero no llevar a cabo las elecciones, a fin de dar una nueva relevancia al largamente olvidado y desviado "problema palestino".

Las negociaciones sobre los términos de la OLP

El 17 de noviembre de 2020, la AP anunció que restablecería la cooperación en materia de seguridad entre la AP e Israel, aceptaría 100 millones de dólares mensuales provenientes de los impuestos recaudados para ellos por Israel y restablecería los salarios de los trabajadores públicos. Con eso, Abbas está señalando a la administración Biden su disposición de volver a las negociaciones, pero en los términos de la OLP.  Eso incluye la restauración de la ayuda americana, la revocación de las políticas de Trump sobre Jerusalén y la Embajada de EE.UU., las fronteras de 1967, y una solución para los refugiados palestinos.

Esos puntos de negociación maximalistas no encajan con el nuevo humor de los países árabes sunníes que prefieren el enfoque del "trato" y un compromiso sobre las fronteras en la Ribera Occidental en lugar del mito de la OLP de la "lucha popular" -incluso como una "lucha política". Estos países suníes aceptaron las medidas de Trump con respecto a Jerusalén, pero el tema de Jerusalén es muy sensible en las luchas interárabes-musulmanas y merece un examen separado.

Una cuestión que preocupa a las potencias árabes sunitas es el reenfoque en las cuestiones de derechos humanos que Biden, al igual que Obama, adoptará casi con toda seguridad. Ya se están escuchando preocupadas voces saudíes y egipcias.

La noticia de que el Presidente Trump perdió las elecciones fue recibida en Ramala con alivio, no tanto por las perspectivas políticas de reanudar las conversaciones de paz, sino porque el plan Trump había anulado la doctrina de la OLP de la liberación de Palestina mediante la "lucha", ya sea militar o política.  El camino de la "lucha" llevó a los palestinos a un punto muerto; el camino del "trato" llevó a la normalización de los tratados de paz entre Israel y los Estados del Golfo. Hoy en día, el término "paz" se asocia con el Golfo y no con Palestina, y el incentivo de los líderes occidentales para invertir en el problema palestino para ganar sus premios Nobel se reduce drásticamente.

Fuente: Jerusalem Center for Public Affairs

Pinhas Inbari es un veterano corresponsal de asuntos árabes que anteriormente informó para la Radio Israel y el periódico Al Hamishmar, y actualmente trabaja como analista para el Jerusalem Center for Public Affairs.