Los archivos del Papa Pío XII ¿Darán respuestas a casos como las Fosas Ardeatinas y los judíos de Roma?

Post thumbnailArchivos del Vaticano - Foto: Reuters/Guglielmo Mangiapane
Las SS y el Vaticano: ¿Qué papel jugó Erich Priebke? Los archivos del Papa Pío XII pueden decirnos algo al respecto.

El 2 de marzo de 2020, el Papa Francisco honró su compromiso de abrir los archivos secretos del Papa Pío XII, para revelar la verdad acerca de por qué el pontífice había permanecido en silencio ante el Holocausto durante la guerra.

Quienes se empeñan en su canonización hablan de su voluntad igualmente silenciosa de esconder judíos en monasterios e incluso dentro del Vaticano.

Otros afirman que Pío XII mantuvo a la Iglesia “neutral” a partir del concordato celebrado antes de la guerra con Hitler, destinado a defender a los católicos del “gran peligro comunista”.

Los medios de comunicación han informado sobre los hallazgos iniciales en los 11 archivos, pero debido a la pandemia, los mismos se han vuelto a cerrar hasta que las condiciones permitan continuar las investigaciones

En el interín, resaltamos la historia de los episodios acontecidos contra los judíos dentro de la misma Roma, y la de la resistencia italiana:

  • Herbert Kappler, el SS Obersturmbannführer que supervisó la deportación de judíos austríacos, se mudó a Italia. Allí, antes de deportar a Auschwitz a 1.957 judíos en 1943, exigió a los líderes judíos 50 kg. de oro, bajo una falsa pretensión de protección de la comunidad.

  • Como Kappler tenía una mala relación con el Vaticano y sospechaba que estaban ocultando Aliados fugitivos, delegó el mantenimiento de dichas relaciones en su número dos, Erich Priebke.

  • En 1947, Kappler fue sentenciado a cadena perpetua. En 1977, ya enfermo terminal, fue trasladado a un hospital, del cual escapó escondido en una maleta rumbo a Alemania, donde murió seis meses después.

  • Con anterioridad, en 1946, Priebke había huído de un campo de prisioneros británico en Rímini y posteriormente recibido, a través de la Iglesia, una nueva identidad que le permitió irse a Argentina.


Una investigación del Centro Wiesenthal en Alemania llevó a Sam Donaldson, corresponsal de televisión de ABC, a viajar a Bariloche, hogar de muchos fugitivos nazis. Llegó en marzo de 1994. Allí conoció y entrevistó a Erich Priebke, entonces Director de la escuela alemana local:

Con mi colega el Rabino Abraham Cooper, Decano asociado del Centro Wiesenthal, volamos a Roma para pedirle al entonces Primer Ministro italiano, Silvio Berlusconi, una orden de extradición para Priebke por su rol en la masacre de las Fosas Ardeatinas.

En marzo de 1944, la resistencia italiana había puesto una trampa en el centro de Roma para atentar contra una brigada de policías militares de origen étnico alemán proveniente de la región italiana de Tirol del Sur. Los partisanos mataron a 33 alemanes. Esa misma noche, Hitler exigió la ejecución de 10 italianos por cada alemán muerto, la que tendría lugar dentro de las siguientes 24 horas

Las 335 víctimas de tamaña represalia incluyeron a residentes de Via Rasella, sitio del atentado; prisioneros antifascistas y 75 judíos capturados en el gueto.

A través de la Oficina del Registro Público de Kew Gardens en Londres, obtuvimos dos documentos: uno firmado por Kappler, alegando que Priebke había sido quien seleccionó a las 335 víctimas de la masacre, y el segundo firmado por Priebke, afirmando que había disparado personalmente a dos de los que figuraban en la lista.

Juicio de Erich Priebke - Foto: Reuters/Paolo Cocco


Berlusconi golpeó la mesa: “¡Quiero a este hombre enjuiciado en Roma!”.

Nos derivó a Liliana Ferraro, una empedernida fumadora de cigarros, funcionaria del Ministerio de Justicia. La semana siguiente organizamos una cena para ella en París e invitamos a un diplomático argentino, Fiscal en el juicio de Klaus Barbie y corresponsal del Herald Tribune (actualmente New York Times International) para redactar en conjunto la orden de extradición.

Ferraro advirtió que, como Priebke había huido de una prisión militar británica, Roma celebraría un juicio militar. ¡No estábamos impresionados!

En 1992, fui invitado por el Presidente argentino Carlos Menem al Palacio Presidencial, la Casa Rosada, para ser el primero en revisar los archivos nazis. Avisé que faltaba documentación sobre Josef Mengele y que no había ningún archivo sobre Adolf Eichmann. Menem sintió que mi crítica había sido más que suficiente y tres años después ya no tenía ningún interés en extraditar a Priebke.

Entonces, llevamos a Argentina a varios miembros de las familias de los Mártires Ardeatinos, lo cual tuvo un fuerte impacto en los medios de comunicación. Tomó 17 meses, pero en agosto de 1995, Priebke arribó a suelo romano.

Cada mes fui a tomar asiento en la Corte Militar. El conserje de mi hotel me dijo: “Mi abuelo fue víctima de Priebke”. La opinión pública italiana estuvo con nosotros. Priebke fue absuelto por primera vez en agosto de 1996, por “simplemente seguir órdenes”.

Las afligidas familias de los Mártires, guiadas por el entonces Presidente de la Comunidad Judía de Roma, Riccardo Pacifici, ocuparon la Corte en señal de protesta.

Fue pasada la medianoche cuando recibí la llamada del entonces Canciller Lamberto Dini, solicitándome “¡venga al Ministerio ahora!”

El Canciller estaba sentado junto a un funcionario del Ministerio de Justicia:

P: “¿Qué acción debería tomar para despejar la Corte?”

R: “No puedo ... Sólo los familiares de los mártires pueden”.

P: “OK, entonces, ¿qué funcionaría para ellos?”

R: “Un nuevo juicio”

El funcionario respondió: “OK, lo tienes!”

Yo: “Un momento... debemos tener motivos para abrir un nuevo juicio”.

El funcionario: “¿Cuántos italianos fueron asesinados por cada soldado alemán?”

Yo: “10”

Funcionario: “Sí, pero ¿a cuántos mataron?”

Yo: “335”.

El funcionario, con una sonrisa dice: “Cinco demás. ¡¡Se excedió de las órdenes!!”

¿Por qué fue tan necesaria la ocupación de la Corte por los familiares de los Mártires? Temíamos que un Priebke exonerado fuera llevado a lo largo de seis kilómetros hasta el Vaticano para exigir asilo. Aparentemente tenía contactos en la Curia. Incluso se presumía que había informado de la masacre en la mañana en que estaba planificada, a un clérigo cercano al Papa Pío XII. Por sobre todo, no queríamos avergonzar al Papa Juan Pablo II.

Priebke, tras las apelaciones, fue condenado a cadena perpetua. Con el argumento de su avanzada edad, se le permitió mantener arresto domiciliario en casa de su abogado. Vigoroso, murió en 2013 a la edad de 100 años, y fue enterrado en una tumba sin nombre.

Fue un ejemplo claro de la máxima pronunciada por Simón Wiesenthal: “La longevidad no es motivo de impunidad”. Irónicamente, Priebke sobrevivió a la mayoría de los líderes de las familias de los Mártires.

Después de la masacre, el Osservatore Romano, periódico del Vaticano, en un controvertido editorial, “deploró la violencia de los culpables que escaparon al arresto”. Muchos interpretaron que “culpable” hacía referencia a “comunista, terrorista, resistencia”.

Estamos ansiosos por saber si “Priebke” aparece en los archivos de Pío XII y esperamos la reapertura de los mismos cuando haya pasado el virus.

Nota de Shimon Samuels (Director de Relaciones Internacionales del Centro Simon Wiesenthal).

Traducción: Centro Simón Wiesenthal Latinoamérica