Las lentejas de Esav. Breve reflexión.

Post thumbnailSigmund Freud - Foto: Wikipedia - Dominio Público
Y Esav dijo a Yaacob: "Por favor, hazme tragar de este guiso rojizo, rojizo, pues

estoy exhausto". Por eso llamó su nombre Edom. Y Yaacob dijo: "véndeme como este día tu primogenitura". Esav dijo: "He aquí que voy a morir, ¿para qué me sirve la primogenitura?

Génesis 25, versículos 30,31,32.


Aquí y ahora, y el más allá.

Según el relato bíblico nuestra matriarca Rivka estaba preocupada durante su embarazo. Según cierto comentario que escuché de un Rabino en una disertación sabática, ella pensaba que, en lugar de mellizos (los hijos se agitaban y peleaban en su interior), solo tenía un solo bebé, que desde el vientre materno ya manifestaba dos tendencias opuestas, algo así como una persona ambigua. Es decir, que, según su comportamiento y opiniones no se define claramente.

Ciertamente, se sintió aliviada en cierto modo, al consultar a Shem (hijo de Nóaj que junto a su bisnieto Éber habían establecido una casa de estudios de Torá), cuando por inspiración profética le revela que son dos hijos de los cuales saldrán dos pueblos y civilizaciones con tendencias opuestas.


La guerra de los mundos.

No cabe duda que Yaacob y Esav se disputaban ya desde el propio útero materno el dominio de los mundos. El mundo material o físico, que tiene que ver con satisfacer sus necesidades físicas o corporales inmediatas, y el mundo espiritual, más trascendente, que busca "domesticar a la propia fiera interior", para poder superarse y poder conectarse con la divinidad. Y de esta forma, lograr la conquista más grande a la cual cualquier hombre puede aspirar, que tiene que ver con el autocontrol y el dominio de sí mismo. Para cerrar este segundo bloque, mencionar al comienzo del cuarto capítulo de Pirkei Avot o Ética de los Padres (Tratado de la Mishná o ley oral) donde Ben Zoma (Sabio contemporáneo de Rabí Akivá 50-136 d.c) dice: "¿Quién es un héroe (fuerte)? El que domina su instinto."


Instinto y pulsión.

Si buscamos definiciones, entonces vemos que instinto se define como una disposición psicofísica innata, heredada, que incita al sujeto a actuar de determinada forma frente a un estímulo u objeto. Por otro lado, la pulsión es una fuerza que impulsa al sujeto a llevar a cabo una acción, con el fin de satisfacer una tensión interna, por lo general de tipo sexual.

Y según la óptica judía, el hombre fue creado con el instinto del bien yetzer a hatov y con el opuesto o ietzer hará. Y la idea es doblegar, domar, limitar, subyugar o direccionar el instinto del mal, para que esta fuerza de oposición, también se encuentre al servicio de la divinidad.


Freud, la psiquis y el alma.

En este bloque, encontramos la necesidad de poder diferenciar lo que se entiende por psique: "o conjunto de procesos conscientes e inconscientes propios de la mente humana, en oposición a los que se definen como procesos puramente orgánicos o físicos". En contraste, con este aspecto de la psicología, encontramos la definición del alma, que, siendo la parte inmaterial, junto con el cuerpo constituye el ser humano. Se entiende que el alma puede pensar y sentir.

Obvio, el alma se relaciona con lo religioso, y con D'os. Según la cosmovisión judía, el alma es inmortal, pero el cuerpo es finito. Y cada uno tiende a volver a su fuente, de donde fue tomado.

Es en este punto, donde aparece el médico neurólogo Sigmund Freud (austríaco de origen judío, 1856-1939), quién establece, una de sus teorías más famosas, desde su enfoque psicodinámico, y establece tres entidades psíquicas, el Ello, el Yo, y el Superyó, las cuales, desde el sistema nervioso del hombre, nos llevan a perseguir intereses que chocan entre sí. Se trata de conceptos que aluden al conflicto y lucha de fuerzas antagónicas, que rigen hasta el final de la existencia nuestra forma de actuar y de pensar. El tópico es extenso, pero resumiendo, el "Ello" se rige por el principio del placer, sin medir consecuencias, y se trata de la parte animal o instintiva del ser humano. El "Yo" está enfocado más hacia el exterior, y nos lleva a considerar las consecuencias de prácticas de nuestros actos. Se opone a las pulsiones del Ello y utiliza mecanismos de defensa. Por último, el "Superyó", tiene que ver con la socialización fundamentalmente aprendida de los padres, y la interiorización de las normas consensuadas (aceptadas) socialmente. Se trata de la instancia psíquica que vela por el cumplimiento de las reglas morales.

Para concluir este bloque, podríamos ver (algunos) al Ello como el yetzer hará, y al Superyó como el ietzer hatov. Y el "Yo" intentando un equilibrio entre ambos para permitir nuestra adaptación, entre lo que proviene de nuestro interior y lo que nos impone el exterior. Igualmente, este encastre es discutible, y de esto volveré a tocarlo al final de la presentación.


Dr. Jekyll y Mr. Hyde.

Unos años antes de Freud, el escritor británico Robert Luis Stevenson publica en 1886 este libro que habla de la dualidad del ser humano. En donde y en cada uno de nosotros coexisten una faceta de amabilidad, bondad, y responsabilidad, "con ese otro yo" y la cara oscura (Hyde) y malvada de nuestra personalidad. En este caso se trata de un debate (eterno) “entre el bien y el mal".


El inicio al final. Una moral superior.

Para concluir esta presentación, dejamos en claro que Rivka tuvo dos hijos, que representan dos tendencias opuestas y pueblos distintos. No obstante, nuestros rabinos y sabios advirtieron, que también los judíos llevamos dentro, aunque puede, en menor medida un “Esav interior", de igual manera que algunos maestros hablan “del Amalec interior" . Y que duda nos cabe, que esto también entra dentro del plan de D'os. Ese conflicto o lucha constante entre dos fuerzas antagónicas, esa tensión permanente, y esa" madre de todas las batallas", donde en ocasiones salimos airosos, mientras que en otros casos vergonzosamente derrotados.

Esta mixtura o tono de gris, es entendible si nos percatamos que tanto Esav como Yaakov provienen de la misma fuente. Del mismo pozo. Aunque, claro, no todos nuestros hijos nos salen iguales, aunque los padres sean los mismos y la educación impartida sea la misma. Llegados a este nodo, deberíamos recordar, que Esav conservaba el mérito del respeto al padre, más allá, que, por otro lado, fuera un depredador sexual y un asesino.

Llegados hasta este límite, mi exposición tiene como objetivo mostrar que la idea, la moral y las leyes judías son superiores a todo esfuerzo psicológico y médico por entender la contradictoria conducta del ser humano.

Mientras Stevenson y Freud describen o expone un “porqué" o explicación (aún si permite un diagnóstico o tratamiento), la Torá (que los antecede) y sus exégetas, dan un paso más, y nos exponen hasta cierto punto “el para qué", es decir, no solo el cómo (que nos pasa), sino y también el objetivo (para qué nos sucede lo que sucede en salud o enfermedad), de todo este meollo, que tiene que ver con la voluntad divina de poner una fuerza de oposición, a los fines de forzar a la persona a pujar, luchar, y sudar, y poder acercarse cada día más al servicio de una idea superior o de alcanzar algún tikún o arreglo necesario  en general ignorado que responde a un plan maestro. Una recompensa presente o futura para el alma, en ejercicio del libre albedrío, que está íntimamente ligado al ocultamiento de D'os en este mundo material. Y aunque no existe exclusión (mutua) entre psicología y Torá, dado que sus objetivos y campos de acción son distintos, reitero, el judaísmo nos muestra que las fuerzas antagónicas se terminan entrelazando, como la estrella de David, o estrella de seis puntas, que aluden a que todos los mundos se conectan mutuamente y se benefician y se alimentan y se complementan. Entender el aparato psíquico, es un paso necesario, más nos suficiente, ya que nuestra práctica médica diaria, nos desanima mucho, cuando pretendemos una curación alejada o sin D'os. Ya que solo el creador o inventor del objeto creado, puede saber cuál es la receta necesaria para curar la enfermedad del ser humano. Y qué remedio y la dosis exacta y lo que realmente la persona requiere (un GPS), y el método o camino para conseguirlo de manera adecuada, óptima y lo más completa posible.

Las lentejas rojas de Esav son la carnada, pero el ser humano debe estar preparado para controlar sus instintos. El mal en definitiva es un espejismo, o la ausencia del bien, o un bien encubierto o maquillado. Y el hombre no está solo (si decide no estar solo), y sentirse acompañado es realmente terapéutico, como dice el Salmo 121,5 "El Señor es tu sombra a tu mano derecha".