La puerta dorada. Breve reflexión.

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"Me hizo volver hacia la puerta exterior del Santuario, la cual mira hacia el oriente y estaba cerrada. Y me dijo Hashem: Esta puerta estará cerrada; no se abrirá y no entrará nadie por ella, porque Hashem, Dios de  Israel, entró por ella, estará, por tanto, cerrada.
Ezequiel capítulo 44-versículos 1-2.

Las ocho puertas
La Ierushalaim o Jerusalén antigua y amurallada tiene ocho puertas, pero solo siete se encuentran abiertas. La octava, la llamada puerta dorada o Shaar Ha-rajamim (puerta de la misericordia) se encuentra cerrada.Sellada. Bloqueada. Y la razón es una orden de Solimán el magnífico, quien fuera Sultán del Imperio Otomano (1520-1566), conocedor de que el Mesías que los judíos aguardaban, debería ingresar por dicha puerta, se propuso bloquear el paso, en 1541, a las aspiraciones judías, algo a lo cual, ya estamos muy acostumbrados. Además, como si fuera poco, los árabes musulmanes establecieron a los pies de esta hermosa puerta un cementerio, con la idea, de impedir el ingreso de cualquier cohen (sabiendo que ellos no pueden impurificarse), y donde el profeta Eliaú, Heraldo de la redención y antecesor del “Mashiáj Ben David” o el propio Rey Mesías, adquiere un rol muy importante precediendo y allanando el camino de la redención final. Los Cohanim tienen prohibido ingresar a un cementerio (Levítico 10: 06; Levítico 21: 1-5).

Palos en la rueda
No cabe duda que el temor de los musulmanes tiene su base y sustento, y entra en sintonía con su eterna costumbre de plantar bandera, aún en terrenos que ellos en su momento, sabían que eran sagrados para el pueblo judío y del vamos la construcción de la Mezquita de Omar (691-692DC.) justamente en el sitio donde antes estaba en Beit Hamikdash. El Domo de la Roca guarda en su interior la piedra fundacional, que, según la tradición judía, fue el lugar donde el Patriarca Abraham estuvo a punto de sacrificar a su hijo Isaac, es conocido en árabe como Qubbat al-Sakhrah y en hebreo como  kipat Hasela (algunos afirman que el Sanctasanctórum, lo más sagrado de lo Santo) del Beit Hamikdash estaba en ese lugar.Y tomando como apoyo el relato que desde este lugar Mahoma ascendió al cielo acompañado por el ángel Gabriel, plantaron otra mezquita denominada Al-Aqsa en el año 710 DC. De aquí la disputa sobre el terreno del monte del Templo o explanada de las mezquitas. Que hoy en día se encuentra tras un acuerdo bajo administración jordano-palestina. Por otro lado, para nuestra desagradable sorpresa, Israel es considerada “potencia ocupante” y responsable de la seguridad del lugar. Llama poderosamente la atención, que habiendo sido usurpado el lugar del Santuario, y la cronología lo demuestra, sean los judíos tildados de “ocupantes” y los usurpadores históricos reconocidos mundialmente como sus “legítimos dueños”.

Con estos antecedentes, reitero los musulmanes saben que los cementerios están prohibidos a los sacerdotes judíos debido a su impureza, ellos piensan siempre en colocar palos en la rueda.

La idea sería lo que en nuestros días un periodista ya fallecido denominó: "la máquina de impedir".

Recordar, en estos días de paz
Puede que a muchos estas líneas no les parezcan oportunas. Estamos en medio de un proceso de paz con los Emiratos Árabes Unidos. Y este éxito diplomático, esperemos sea sustentable en el tiempo, impresiona eclipsar otras consideraciones que algunos pueden adjetivar de anticuadas o desactualizadas, o incluso inconvenientes e inoportunas, acerca del motivo real de los judíos que regresaron masiva y milagrosamente a Sion.

El anillo de Salomón
Decía “"también esto pasará”, y cualquier euforia o posible conquista diplomática humana, ya sabemos se encuentra sujeta a vaivenes e intereses, ondulantes y pendulares. Lo humano, para nuestra desgracia es siempre intrínsecamente inestable, por otro lado, lo divino es Eterno e inmutable.

El Estado de Israel para muchos es el comienzo de la redención, pero no su conclusión. El Monte del Templo continúa guardado transitoriamente en manos extrañas, y el Tercer Templo aún no ha sido reconstruído. La puerta dorada continúa cerrada y el cementerio está allí, con la idea de obstruir el paso de lo que nosotros denominamos Malká Meshíja o el Rey Mesías en idioma Arameo.

Paz del hombre y paz de Dios
Los judíos anhelamos la paz. Pero nuestra larga historia nos ha encontrado en situaciones de muchas tribulaciones, diásporas, persecuciones, y guerras. Y matanzas. También cargamos con pecados o yerros de nuestros padres, y de nosotros mismos (el motivo de la pérdida de nuestro Santuario). Obvio también tenemos nuestras virtudes, pero en la cuenta celestial no se ajusta a nuestra comprensión humana. Y obvio la supera.

Aún las experiencias históricas nos enseñan que en muchas oportunidades los Reinos de Israel y de Judá tuvieron pactos de amistad y lazos comerciales con países vecinos, que luego cayeron en saco roto. O en desilusión, o en traición.

Final: con esto no digo que no debamos buscar el shalom o la paz humana, pero al mismo tiempo tenemos la compleja tarea de no olvidar cual es la misión de Israel en el mundo, y que todavía hay faltantes, dado que el Beit Hamikdash continúa destruido, y el Monte del Templo se encuentra para nosotros desolado.

La palabra Shalom o paz también significa en hebreo “shalem” completo. La redención de Israel ha comenzado, pero no ha concluido. La Shejiná (la divina presencia) aún aguarda volver a tener su “nido” (El sagrado Templo) donde poder residir y manifestarse en este mundo material. Y por todo esto, que no es poco, aguardamos que se abra la puerta Dorada o de la misericordia o conocida antes como puerta de Shushan (orientada hacia Persia o lo que hoy es Irán). Nosotros que somos los polluelos, dispersos en tantas diásporas, y aún los judíos israelíes expuestos a tanta violencia y terrorismo, aguardamos esa era donde ya no habrá más temor de nada, y todos podremos habitar la tierra en completa paz, y reconocidos como sus históricos y ancestrales dueños (y no meros tolerados o a regañadientes aceptados) tal como nos lo anunciaron los profetas de Israel.

Como dice la Tefilá o rezo judío: “que nuestros ojos puedan ver Tu reinado, pronto en nuestros días”.■

Amén.