Iniciando un año confundidos por la pandemia

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Escribo estas líneas inspirado por el recientemente fallecido rabino Dr. Norman Lamm, cuando hace exactamente veinte años atrás nos decía que “la confusión es el sello distintivo de nuestro tiempo”. Y hoy, la pandemia que estamos sufriendo, nos trae al presente su pensamiento con más claridad aún que cuando lo expuso.

Nuestros días son muy difíciles. No debemos ocultar sus aprietos ni disimularlos, pero, también son esperanzadores.

Estamos confundidos por las ansiedades diarias de la existencia, la angustia sin sentido y el aparente vacío de la vida que nos rodea. Estamos confundidos por las inclinaciones incomprensibles de los líderes mundiales en el tratamiento de la enfermedad que tantas muertes y secuelas de diverso tipo ha producido sin que atinen, ni siquiera, dejar de lado sus incontenibles ansias de poder y la carrera armamentista frente a enemigos reales o ficticios, mientras siembran el hambre entre su población y la acostumbran a seguir ciegamente sus caprichos.

Buscamos, sin lograrlo, desentrañar los mensajes de científicos y pseudocientíficos que cada 24 horas nos dan mensajes contrapuestos sobre cómo defendernos de la enfermedad y la muerte. Oímos estupefactos los mensajes de supuestos seres espirituales que nos tratan de manipular usando supersticiones que lindan con la idiotez para que los sigamos, o nos culpan de supuestos pecados que provocaron lo que llaman “el castigo divino por nuestras maldades y/o, por no haber cuidado la naturaleza”.

Mirando hacia adentro de nuestro pueblo, estamos confundidos por las afirmaciones contradictorias que nos imponen las diferentes interpretaciones del judaísmo y por el choque de religiosos y secularistas judíos sembrando odio gratuito. Nos confunde el extraño tipo de realidad en la que crecen nuestros hijos en el mundo virtual que hace apenas 20 años no se podía imaginar en esta magnitud y sus consecuencias sobre su futuro. Todos somos víctimas de la incapacidad de los encargados de la educación judía y de la instrucción general para confrontarse con las clases digitales y para evaluar a la luz de la nueva realidad qué cambios hacer en el clásico concepto de las clases virtuales al grado de poner en peligro el conocimiento de las futuras generaciones.

Notamos más que siempre, la confusión entre jóvenes y adultos que arguyen a partir de la confusión nacida de la ignorancia, dogmáticamente seguros de sus argumentos, cuando emiten juicios acerca de la religión y el pensamiento judíos, sin haber leído el jumash, abierto una guemará, hojeado un sidur, ni analizado un buen manual de historia y filosofía judía. Su ignorancia no les impide porfiar y discutir, machacar e insistir en el vacío.

Y de pronto, cuando nos acercamos a Rosh Hashaná, nos excede la incertidumbre de cómo recibir la festividad cuando las maneras clásicas y tradicionales parecen imposibles; las cenas familiares, uno de los pocos momentos del año en el que las familias dispersas se reúnen no parecen factibles y la concurrencia a las casas de plegaria y oración se ven restringida al grado que quienes nunca concurren a ellas sienten necesidad de asistir y los que siempre se reúnen allí, no saben cómo pasar el día de las teruot lejos de centro comunitario, sintiéndose tan solos y aislados como todos nos sentimos en las cuarentenas.

El Día del Juicio, nos hace un llamado de introspección valiente e imprescindible.

Nos invita a retomar la confianza en nuestras convicciones y valores. De inspirarnos en nuestra tradición. A detectar los mensajes de la Grandes de la Torá genuinos de la historia y del presente, evitando encandilarnos por la mentira y la demagogia de políticos y de líderes de todo tipo. Recordar el bello poema de Tehilim 23:4 que dice: .A. roí lo ejesar: "El Señor es mi pastor, nada me faltará" - o 'El Señor es mi pastor no fallaré' – como fue interpretado por un sabio jasídico en el sentido de que nunca fallaré (lo ejesar) en saber en todo momento que el Señor es mi pastor. En ambas lecturas, lograremos también recuperar la fe que debemos tener en nosotros mismos.

Con esta confianza, fe y paciencia, podemos superar nuestra confusión.

Si nos aferramos a nuestra escala de valores a través del estudio de la Torá, y tenemos fe y confianza en ellos, estaremos preparados para vivir de manera práctica y decisiva estos mismos valores. Con ellos podremos superar estos momentos. Sin embargo, no basta con estudiar y tener fe. Uno debe actuar con ellos de manera comprometida, clara y constante.

Al oír el shofar, podremos salir de nuestra perplejidad.

Ya hemos explicado en otro comentario que la palabra hebrea jet, se traduce popularmente como pecado, pero, su raíz nos indica que hemos errado el blanco. Cuando nuestro corazón se sienta desgarrado por el sonido tan primitivo que llevamos guardado en nuestro subconsciente durante centenas de generaciones, podremos responder a los desafíos sin temor, lograr claridad y salir de nuestra perplejidad.

Probablemente nos sentiremos motivados para estudiar nuestra Torá y escudriñar sus secretos y su riqueza y al reconciliarnos con los textos veremos nuestra existencia bajo una nueva luz, que nos acompañará para comprender mejor donde estamos parados.

El judaísmo, ha seguido sus valores desde el crisol de la historia y ha encontrado que son duraderos. La presente no es la primera epidemia de la historia. Aprendemos de las anteriores que se pudo convertir la crisis en oportunidades y resarcir de alguna manera el daño sufrido. Tal como nuestros antepasados pudieron superarlas, pese al alto precio pagado, también por las persecuciones antisemitas que trajeron aparejadas que dejaron un tendal de muertos, así nosotros tenemos oportunidad de convertir a Rosh Hashaná en un nuevo nacimiento de nuestro ser y de nuestro pensar.

Cuando tocamos el Shofar proclamamos haiom harat olam, hoy es el aniversario del nacimiento del universo. Esa frase, en nuestras manos, permitirá crear y recrear nuestro propio mundo haciéndolo grande, noble, emocionante y significativo para toda la humanidad.

Que seamos bendecidos por un nuevo año de vida, de salud, de bienestar, de comprensión de las perplejidades, de estudio y crecimiento intelectual y ético.

Que termine el año con sus maldiciones e inicie un año de bendiciones para todos.■