Hermanos. El valor del encuentro.

Post thumbnailRollo de la Torá, originario de Ionnina, Grecia - Foto: Wikipedia - CC BY-SA 2.5
Yehudá se acercó a él y dijo: " Por favor, Señor mío, que tu siervo hable ahora una palabra  en los oídos de mi señor, y que no se encienda tu ira contra tú siervo, pues tú eres como el Faraón".


Génesis 44: 18.


Acercarse. La clave.

La vida (D'os) en ocasiones da revancha. En muchos casos es una oportunidad única para rectificar yerros del pasado. Y Yehudá, aquel que vendió a su hermano a una caravana de ismaelitas, y alejó a Yosef de sus padres y hermanos, debe rectificar su accionar. Acercarse, para demostrar que ha cambiado, y que ha aprendido donde está lo bueno y lo correcto. Lo que denominamos un “tikún” o arreglo, que solo el Todopoderoso sabe si es completo y es suficiente. No obstante, para Yehudá el cambio y el aprendizaje tendrá un costo, la turbación, la vergüenza y hasta el miedo. Ya que todo, nos guste o no, tiene un pago o pase de factura en esta existencia terrenal.


Vayigash y la teshuba.

En este capítulo semanal, existe al inicio un choque de dos hermanos, ya que Yosef representa al tzadik (el que guarda el pacto del Brit Milá) y la Fe de perseguir sus sueños, y por el otro lado la humildad de Yehudá de reconocer errores como lo había hecho en el caso de Tamar (su nuera). De todas formas, el Talmud dice en el tratado de Berajot 34 b: “En el lugar que se paran los penitentes, ni los más justos pueden pararse”.

Es por eso que Yosef se derrumba y no puede sostener su posición, y se revela a sus hermanos. Y es por eso, que de Yehudá saldrá el Melej ha Mashíaj y no de Yosef o su descendencia. Igualmente, este enfrentamiento se daría mucho tiempo después, cuando se divida el Reino de Israel en dos. El Reino del Norte en manos de Yerobam y la tribu de Efraím junto con otras, descontentos con la política de Rejabam hijo de Shelomó (de la tribu de Yehudá) deciden separarse nuevamente y el país pierde nuevamente su unidad y se divide en dos. No cabe duda que los judíos tropezamos dos veces y aún más con la misma piedra.


Lo bueno atrae lo bueno.

Y volviendo al tópico de inicio vuelvo a citar el texto:  Entonces Yosef dijo a sus hermanos: "Por favor acérquense a mí". Ellos se acercaron. Y nuevamente el Génesis 45, 4 nos marca el camino. El sentido y la orientación que debemos tener como descendientes de los Patriarcas. Acercarse, juntarse, perdonar, aliviar, asistir, hacer paz. Construir puentes en lugar de muros.


Acción y reacción. Final.

Concluir estas líneas con la tercera ley de Newton (físico inglés-1643-1727) que afirma: “todo cuerpo A que ejerce una fuerza sobre un cuerpo B, experimenta una fuerza de igual intensidad, pero en sentido contrario”. Y el ejemplo clásico (hay muchos): la propulsión de un globo cuando se desinfla en el aire.

Llegados a este punto, si transportamos esta ley de lo físico al ámbito de la conducta y de nuestras emociones, y de lo espiritual, también aquí podríamos ubicar otra analogía. Dado que todos somos afectados, por aquello que hacemos o dejamos de hacer. Acción y omisión, ambas vuelven hacia nosotros más tarde o más temprano. Por eso, reitero, Yehudá y Yosef reciben cada uno lo suyo. El primero, un arrepentido, y el segundo ejerciendo presión y probando la sinceridad de sus hermanos. Y es por todo esto, que la Torá que es enseñanza nos muestra, cual es la verdad eterna del hombre, sus ideales y sus contradicciones. Pero entiendo que la lección de nuestros Patriarcas o Avot (Padres) va un paso más, no solo señalando el problema del ser humano, sino y también, la solución, que brota y explota y se resume en una sola palabra: “hermandad”. La relación de afecto y solidaridad que existe entre personas o pueblos es el remedio, y su contrario la enfermedad. La Torá enseña y guía, pero en ejercicio de nuestro libre albedrío cada judío decide y se hace responsable para bien o mal de su accionar.

¡Shavúa Tov!