Golpe de timón. Breve reflexión.

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“Y se levantó un nuevo rey en Egipto que no conocía a Yosef”.

Éxodo 1,8


Cambio de rumbo.

La historia del pueblo judío, es una enseñanza para las generaciones. Y la Torá es eterna, y es una advertencia, sin importar tiempo y lugar, nos alerta de múltiples peligros a los cuales estamos expuestos los judíos. En especial, en la diáspora, como sucedió en Egipto, donde los hebreos pasaron de habitar la fértil tierra de Gosén, al ser bien acogidos por el Faraón en tiempos de Yosef, para concluir sumidos en la más terrible esclavitud.


Cambio climático.

Podríamos continuar por este sendero, y apreciar que cada día es distinto al anterior, y cada parte de ese mismo día, nos ofrece múltiples variantes. En muchos casos eventos placenteros, y en otros de variados disconfort. Y es obvio, que lo que le pasa a un individuo, también le sucede a un colectivo, grupo humano, pueblo e incluso país.


El segundo libro del Pentateuco pasa rápidamente a mostrar como de la dicha y la felicidad se puede pasar a la amargura y la tristeza de la opresión.

Cabe llegados a este punto la cita del libro de Proverbios 21,1 “Como canales de agua es el corazón del Rey en la mano de Hashem; Él lo dirige donde le place”.


Cambio de percepción.

No cabe duda que el punto está en nuestra situación diaspórica, y aunque la hemos vivido en el pasado, y aún en el presente en (muchos países) formato chocolate, más allá de vivir bajo regímenes democráticos, o aún bajo leyes que brindan protección a las minorías, esto no siempre resulta suficiente.


La forma en que somos vistos por nuestros gobernantes de turno, e inclusive por la mayoría de la población en la cual estamos inmersos, siempre se encuentra sometida a múltiples fluctuaciones que tienen que ver con los pensamientos que anidan en el regente de ocasión, su educación, sus experiencias previas, sus inclinaciones y consideraciones personales

que obvio escapan a cualquier cálculo humano, y como sentencia en Proverbios solo se encuentra en manos del Todopoderoso.


Arquetipos.

Los arquetipos, o prototipos, o ejemplos (modelos), son palabras vinculadas. Y para el que esto escribe, la historia es una repetición de modelos originales o primarios, en verdad copias, pero que pueden parecernos distintas, ya que adquieren matices de cada época. Y todo está maquillado y enmascarado, pero en esencia son lo mismo. Y su fuente y origen es el mismo.


De aquí la similitud de las progresivas medidas tomadas por “este nuevo Faraón” contra los hebreos, basadas en las antiguas argumentaciones del enemigo interior, e hipótesis de conflictos futuros, para ir cambiando la mirada que sobre los hebreos tenían los egipcios, y tomar una serie de medidas que van desde grabar impuestos, decretos opresivos, marginarlos y cortar los lazos con el resto de la sociedad circundante, acorralarlos en guetos, para poder controlarlos y dominarlos, y obvio, para luego poder llegar a exterminarlos. La intención de contar con la ayuda de capataces judíos y del intento de que las parteras judías maten a los recién nacidos varones, aunque ellos se negaron a colaborar con el malvado plan del Rey de Egipto, muestra un modelo que fue emulado a lo largo de la historia de los judíos, en los países donde fueron perseguidos y masacrados en ciertas épocas sin piedad.


Y la línea argumental se puede visualizar sin demasiado esfuerzo en lo que sucedió en el último y gran holocausto judío que conocemos como "Shoá", donde los nazis inician con medidas de orden legal, medidas discriminatorias, hasta concluir en los campos de exterminio, gaseamiento y crematorios. Llegados a este punto vuelvo a citar el Éxodo 1, 22: “Entonces el Faraón ordenó a todo su pueblo: A todo niño que nazca arrójenlo al río”.


Reflexión final.

Esta volatilidad histórica, fue comprendida por muchos, e ignorada por muchos otros. Vivimos fuera de nuestra casa. somos huéspedes de ocasión, aunque muchos de nosotros no deseamos aceptarlo. La Torá muestra la solución, salir de nuestra situación de angostura, recibir la Torá en Sinaí, y volver a la Tierra Prometida a los Patriarcas, a los fines de lograr alcanzar un desarrollo pleno en lo nacional, religioso, colectivo y personal.

Igualmente, la Creación del Estado de Israel, al cual amamos y apoyamos la mayoría de los judíos en cualquier lugar donde nos encontremos en nuestra dispersión territorial y espiritual, impresiona ser milagrosa mas no totalmente suficiente. Aún, el lugar del Sagrado Templo se encuentra destruido, y transitoriamente guardado en manos extrañas, y por otro lado en cierto aspecto también Israel de alguna manera, requiere de sus lazos y la presencia de comunidades judías en todos los países de su dispersión.





    • Para concluir, este punto, ha sido desde lejos materia de discusión y de posturas encontradas. Todo motivado, por una variedad de intereses e intenciones personales o grupales. Y si bien, qué duda cabe que Israel es el centro espiritual de toda la vida judía en el planeta, en la práctica, una situación harto compleja, también requiere de esta presencia en Galut de hermanos judíos que se ayuden mutuamente. Ya que el Estado de Israel también se encuentra apartado y casi solo, e inclusive es tratado como "el judío" lo era antes de manera particular. El antisemitismo se ha proyectado sobre el Estado de Israel, hoy por hoy, bajo el paraguas del conflicto con los árabes-palestinos, e incluso culpando a Israel de múltiples crímenes y desgracias, obvio, acusaciones mentirosas pero que se propagan constantemente en las redes y en el presente aún más, merced a lo avanzado de la tecnología y la comunicación. A l final solo puede concluir, que adhiero a que la Creación del Estado de Israel es el inicio de nuestra redención, pero percibo que falta algo más. Y claro, no soy novedoso, es la espera de una redención final, y última, donde se vean materializadas todas las profecías que día a día estudiamos en las Sagradas Escrituras. La venida del mashíaj (Mesías) y un cambio en la conciencia global de la humanidad, que al final de cuentas reconozca de donde nace el río, y la superioridad moral de Israel, que también será motivo de bendición y paz para todos los pueblos que a ella adhieran.