Esty Diskind: la joven que dejó el judaísmo ultraortodoxo y se coronó Miss Israel

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Ofer Laszewicki Rubin – Yaffo

En un concurrido café del pintoresco puerto marítimo de Yaffo, Esty Diskind aguarda en la entrada mientras chatea con su Smartphone. Luce un mono vaquero sobre una sencilla camisa blanca. Al mirarla, sus cautivadores ojos  -que mezclan tonalidades verde y miel- te atrapan. Esta joven judía israelí, oriunda de Beitar Illit, tiene una historia peculiar. En 2017 fue coronada Miss Israel. Pero pocos años antes, Esty no lucía a la última moda ni se permitía mostrar sus atributos físicos: nació en el seno de una familia jaredí (ultraortodoxa), por lo que tenía un estilo de vida conservador y recatado, guiado por los preceptos religiosos.

“Crecí en una casa jaredí, fui una chica jaredí en todos los sentidos. A los 18, cuando tuve encuentros de arreglo matrimonial, entendí que no estaba preparada para casarme. Sentí que quería tomar las elecciones de mi vida por mí misma”, comienza Diskind tras dar un sorbo a su jugo de naranja natural. Quiso salir de este estricto modo de vida sin estar guiada por el odio o por ir a la contra, sino por un ansia de liberación personal. “Tomé la decisión siendo más adulta, más madura. Mi madre lo aceptó con normalidad, de hecho ya no es tan jaredí como en el pasado”, explica. Generalmente, quienes deciden cortar con su judaísmo ultraortodoxo, son rechazados por sus círculos íntimos.

“En la primera etapa hubo una desconexión, tanto de la familia como de amigos, y pasado un año retomé el contacto con ciertas personas, que si estaban dispuestas a aceptar a quienes son distintos a ellos”, prosigue. A diferencia de otros, que son totalmente repudiados por los suyos, la joven y sus familiares hacen un esfuerzo por adaptarse: “mi hermano se sienta a estudiar religión, es digamos un jaredí auténtico. Así que trato de adaptarme y cuando lo visito me visto más tapada para intentar no herir sensibilidades. Así mantenemos un vínculo muy bueno”.

Esty Diskind, durante la entrevista con Aurora en el puerto de Yaffo. / Foto: Ofer Laszewicki


A pesar de destacar que hoy el sector ultraortodoxo en Israel está experimentando una tímida evolución –que se percibe, por ejemplo, en el incremento de mujeres trabajando en la industria de alta tecnología-, Diskind reconoce que “todavía la mujer debe ser muy recatada, estar mucho en la casa… no mostrarse demasiado”. Pero su transformación personal fue más allá de la religión: “era muy cerrada y callada. Parte del proceso de dejar de ser jaredí era sentir más libertad y seguridad, abrirme y hablar más”.

Lo de coronarse como reina de la belleza no entraba en sus planes de liberación personal. Simplemente, siguió un impulso de su madre: “¡ves, ves, eres la más guapa del mundo, debes presentarte!”, le exclamó. Y así se lanzó al ruedo, a conectarse al mundo de la actuación y la moda. “Quería descubrir algo nuevo, decidí hacer cosas que desconocía o les tenía temor. Para mí, es importante hacer cosas donde sienta que tengo significado y que hago algo para el mundo”, cuenta. Además de seguridad, se percibe que el giro radical en su vida le aportó un camino. Y, a diferencia de otras glamurosas estrellas del mundo de la belleza, Esty mantiene los pies en el suelo y no destila aires de grandeza.

Coronarse como Miss Israel fue una gran sorpresa. De repente, todos hablaban de ella, y en especial sobre su curioso pasado. Empezaron a interesarse en ella y le llovieron propuestas. Una de ellas fue ser protagonista durante una parte de la telenovela juvenil mexicana “Like, la leyenda”: “es una serie que habla sobre todo tipo de historias personales. Entre ellos hay un niño, Daniel, que descubre que es judío. Llega a Israel en un momento en que descubre que está enfermo”, explica.

Diskind, que en la serie adopta el papel de una joven soldado que se topa con el protagonista entre las callejuelas de un mercado árabe de la ciudad vieja de Jerusalén, ejerció a la par de protagonista en escena y de guía local en sus ratos libres. “Sentí que siempre me hacían preguntas. Estábamos en días de rodaje, y si necesitaban algo, yo era como guía. Les explicaba sobre la cultura israelí, les enseñaba lugares, aconsejaba ir a sitios… fue un gran gusto”, dice con visible satisfacción.

Esty Diskind en una sesión fotográfica en Yaffo.


Los días de rodaje fueron intensos, pero en Shabbat pudieron relajarse y “venir a Tel Aviv, donde salimos a pasear y a clubs nocturnos”. Según cuenta Esty, sus compañeros de rodaje mexicanos se sintieron a gusto y conectados desde el primer momento: “los israelíes no son muy mezclado o muy orientales, están ahí en el medio, algo muy parecido a los latinos”.

Pese a reconocer que en su país existen aspectos positivos pero también negativos, quiso recalcar la importancia de mostrar las cosas buenas a las nuevas generaciones: “esta serie tiene una cantidad enorme de seguidores en todo Latinoamérica, que son quienes tomarán las riendas de lo que pasa en el mundo. No tenemos nada que hacer con quienes ya crecieron sin entender bien lo que ocurre aquí en Israel”.

Y para terminar, quiso poner un ejemplo: “estuvimos en el mercado árabe de la ciudad antigua de Jerusalén filmando una escena, y había allá un comerciante árabe a la cual la soldado ayudó cuando alguien le robó. Y de verdad es así. Mira, ahora estamos aquí en Yaffo, y aquí pasean también mezclados (judíos y árabes), y todo está bien”.