Era Netanyahu en la Era Biden

Post thumbnailJoe Biden y Donald Trump Foto: REUTERS/Kevin Lamarque/Carlos Barria
Luego de varias semanas de instalada la administración Biden, no se ha producido la conversación telefónica de rigor entre el presidente Joe Biden y el primer ministro Benjamín Netanyahu. Siendo esta la cuarta administración americana a la que asiste Netanyahu, la demora en la llamada resulta algo incómoda. Pero no inesperada.

Joe Biden, como vicepresidente de Barack Obama, tuvo varios desencuentros con Bibi.  Era lo propio, pues Obama y el primer ministro no se llevaron nunca muy bien, y este último lo retaba con frecuencia. El tema del acuerdo nuclear de Irán, siempre fue un punto de discordia.  Israel no se sintió suficientemente oído ni protegido. Obama, en su momento, también aplicó la ley del hielo y no siempre que el primer ministro visitaba Estados Unidos fue recibido en la Casa Blanca.

Lo que más ha exacerbado la postura de distancia hacia Israel es probablemente la cercanía entre Donald Trump y Netanyahu. El respaldo de Trump a Israel fue inequívoco y, de forma directa e indirecta, hacía alarde tanto de ello como del comportamiento menos solidario de los demócratas durante los ocho años de Obama. La confianza y cercanía entre Trump y Bibi, parece que está pagando su precio ahora. Nada que deba sorprender.

Sin embargo, la actitud de hielo aún a pesar de lo mencionado antes no es lo más justo ni merecido para Israel. En primer lugar, el aliado de los Estados Unidos en la zona, y en el mundo, es Israel. No importa quien gobierne, demócratas o republicanos, los valores propios de democracia, libertad y respeto, son comunes a ambos países, muchas veces aislados en el concierto de naciones respecto a estos temas.

Israel no ha cometido ningún pecado cuando su primer ministro de turno ha recogido los frutos de su predicamento y su insistencia. Y menos todavía por haberlos agradecido. El tema de Jerusalén, el reconocimiento del Golán, la defensa necesaria en las Naciones Unidas y, lo más trascendente, una posición muy firme de Estados Unidos frente a Irán, son temas que han ayudado mucho a Israel. En lo factual y en sentar las bases de futuros diálogos, negociaciones y acuerdos. Todo ello sin contar la tremenda importancia que tienen los Acuerdos de Abraham a los efectos de sencillamente dibujar un nuevo Medio Oriente, bajo premisas distintas y más pragmáticas que las bien intencionadas de Shimon Peres en años anteriores, con resultados muy limitados lamentablemente.

Todos los primeros ministros de Israel, y no pocos mandatarios del mundo, ven el primer encuentro con un presidente entrante americano como vital para su país.  Israel necesita de ese encuentro, siempre lo ha tenido en muy breve tiempo. Es natural. Aún y con su poderío militar, su relativa fortaleza económica y ahora, su récord de vacunación mundial, la relación con la primera potencia es muy importante desde varios puntos de vista. La tranquilidad de Israel depende de una cierta armonía con los Estados Unidos, a pesar de los desencuentros inevitables. La frialdad de Biden hacia Israel, parece algo injusta, caprichosa. Sobre todo, para quienes se jactan de tener intereses antes que amigos.

Es cierto que la era Netanyahu ha confrontado buenas y malas con las administraciones de Clinton, Obama, Trump y ahora Biden. Lo cierto del caso que la era Netanyahu ha sido más longeva que la de cualquiera de sus predecesores y que la de cualquiera de sus contrapartes en el cargo.

Las estadísticas le dan cierta ventaja a Bibi. Por algo sigue donde está con chance de repetir. La Era Netanyahu en la Era Biden ahora… ¿o viceversa?

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