Elecciones sin lecciones

Post thumbnailBenjamín Netanyahu. Foto: Tal Shahar/Pool via REUTERS
Israel se enfrenta a la severa crisis de la pandemia en calidad de pionero.  Por razones circunstanciales, el primer brote del virus fue atendido con bastante éxito, no obstante se encontraba en plena campaña electoral. Las medidas adoptadas tuvieron un éxito importante.  La urgencia de una economía muy deprimida, obligaba a relejar las medidas de contención y aislamiento.

Contenida la primera avalancha, y efectuadas las elecciones, el país entero se relajó.  La coalición de gobierno, bastante frágil, tenía otras cosas de las que ocuparse también. Además, el esquema de ejecutivo paritario, que exige en cada comisión o ente de importancia, paridad en cuanto a nominados de los partidos de la coalición, no siempre acierta a colocar los más adecuados en las tareas de rigor. Se deben respetar los cupos, no necesariamente las capacidades.

La presión de calle es muy intensa. Las empresas y los trabajadores, los profesionales libres, los independientes y emprendedores. Los gremios. La industria del turismo, del ocio y de la gastronomía. Todos requieren público, actividad, ventas. Como muchos países, pero con algo de antelación, Israel debió decidir entre relajo e infección, contra cuarentena y hambre. Se ha quedado, como era de esperarse en un medio camino. Al estallar el segundo brote, la tasa de infectados y los efectos colaterales, obligan a una nueva serie de medidas de control. La crisis económica se extiende.

Visto una vez ocurrido, se puede pensar que todo era previsible. Pero no es tan cierto. El mundo entero se enfrenta a un enemigo desconocido. Sin vacunas, ni tratamientos ciertos a la fecha. Con la esperanza que desaparecería o se mitigaría luego de los aislamientos locales y mundiales. No ha sido, ni parece que será, nada fácil. Pareciera que, además de tratamientos, vacunas y medicinas, serán necesarias nuevas y estrictas normas de comportamiento social a todo nivel. En todas partes.

Pero aún con la experiencia acumulada de ya casi seis meses de crisis mundial pandémica, y con tres elecciones a cuestas en un año, en Israel se habla de unas eventuales nuevas elecciones. De no resolverse el recurrente tema del presupuesto de la nación, entre que sea anual o bi-anual esta vez, Israel puede ir a las cuartas elecciones.

Los temas que agobian a Israel son varios. Los esfuerzos para lograr la paz con sus vecinos y con los palestinos. Los dos entes palestinos: Gaza y la Autoridad Nacional Palestina. La amenaza de Irán.  La frontera con Siria, y la amenaza de Hezbollah en Líbano. La economía en severas dificultades con los brotes y re-brotes de virus. El descontento social producto de la crisis generalizada. El enfrentamiento a cuchillo entre los partidos que hacen vida en Israel, con argumentos y campañas nocivas que ningún bien hacen para lograr confianza.

Si alguna lección se ha de aprender, es que las elecciones sólo definen quienes serán los gerentes. Si como gerentes del país, no resuelven los problemas y atienden las necesidades, hacer nuevas elecciones una y otra vez sin que cambien los equipos probables de gerentes, es perder tiempo. Israel se merece algo más que eso. Un gobierno de unidad no es un gobierno de fuerzas paritarias y cuotas a llenar. Una oposición seria, no es aquella que hace hincapié en descalificaciones personales, antes que en presentación de ofertas concretas.

Elecciones ha habido. Lecciones no se han aprendido.  Se hace tarde.