El mal menor

Post thumbnailBenny Gantz y Benjamín Netanyahu Foto: Kobi Gideon GPO vía Flickr
El filósofo y economista de origen judío, Karl Marx, apuntó en su obra, El 18 de Brumario de Luis Bonaparte, que “La historia se repite dos veces: la primera como tragedia, la segunda como farsa”, una célebre frase que podría terminar caracterizando al nuevo gobierno unidad encabezado por Benjamín Netanyahu y su -ex rival y actual- socio Benny (también Benjamín) Gantz.

Cuando los israelíes pensaban en un gobierno de unidad tenían en mente el acuerdo de rotación establecido en 1984 por el Partido Laborista y su encarnizado rival, el Likud, encabezados por sus respectivos líderes históricos: Shimón Peres e Yitzhak Shamir.

El gobierno de unidad de entonces actuó en contra de poderosos grupos de interés (incluyendo bancos, sindicatos, etc.) y aplicó un duro plan de ajuste que rescató al país del desastre económico al poner fin a una inflación anual que rondaba cerca del 450%.

También, extrajo a los soldados de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) de la mayor parte del Líbano, el pantano en el que se había metido en 1982 en la llamada Operación Paz para la Galilea, conocida después como la Primera Guerra del Líbano.

El sistema político, sugiere el sociólogo Lev Lus Grinberg de la Universidad Ben Gurión del Negev, transfirió la legitimidad al Estado para que recuperara su autonomía en perjuicio, en el corto plazo, de los poderosos grupos de interés, pero a beneficio, a largo plazo, del conjunto de los ciudadanos.

En cambio, varias décadas más tarde el gobierno de coalición actual parece una alianza por un lado entre el Likud -y sus tradicionales socios ultraortodoxos: el partido sefaradí Shas y el askenazi Judaísmo de la Torá-, y por el otro, una serie partidos fantasmas (Azul y Blanco, Laborismo, Guesher, etc.), que se han desprendido de la oposición, y cuyo propósito real, según sus críticos, sería garantizar la supervivencia política de Netanyahu acusado de tres cargos de corrupción.

Los analistas temen que la coalición compuesta por al menos treinta y cuatro ministros y dos jefes de Gobierno exacerbe la dilapidación el gasto público y amplifique los problemas burocráticos debido a conflictos de jurisdicción entre las diferentes carteras.

Tal como parece desprenderse de los discursos de los líderes de la coalición, no es el espectro de una segunda ola del coronavirus sino el temor a volver a unas cuartas elecciones después de tres comicios en menos de un año, lo que habría llevado a la formación de este Ejecutivo. Es decir: el mal menor.