El esfuerzo para desmantelar el Estado de Israel

Post thumbnailBandera israelí, imagen a través de Pixy.org
A diferencia de otras democracias occidentales, Israel ha tenido que afrontar la crisis del coronavirus en un momento en que su cohesión social y gobernabilidad se han visto debilitadas por una cadena de procesos y acontecimientos en las últimas décadas que fueron impulsados ​​por los valores del liberalismo progresista. La crisis del coronavirus ofrece una oportunidad, que no debe perderse, para volver a poner la existencia y la seguridad de Israel sobre la base de los valores liberales originales del país.

Los valores originales de Israel se basan en la moralidad de la verdad, la libertad, la responsabilidad mutua a nivel nacional y la justicia, con el objetivo de forjar una entidad social-nacional fuerte sobre esa base. El liberalismo progresista, por el contrario, niega la existencia de la verdad objetiva y ve cada estructura social, desde la familia hasta la nación misma, como resultado del poder y la opresión. Tal poder y opresión, según el liberalismo progresista, deben ser eliminados.

Los seguidores de esta filosofía creen, en consecuencia, que el Israel judío, como un Estado-nación cuyos valores representan el antiguo orden social, debe desaparecer para despejar el camino a sus propios valores. Esta línea de pensamiento es congruente con el argumento del siglo pasado de que el judaísmo tenía que desaparecer para despejar el camino a los valores de los órdenes sociales comunista y nazi.

La campaña para desmantelar Israel comenzó a fines del siglo XX cuando un grupo de académicos y periodistas israelíes se autodenominaron presuntuosamente como "los nuevos historiadores". A través de "la fabricación de la historia israelí" (como dijo Efraim Karsh), convirtieron al lado israelí, que apenas sobrevivió a un intento panárabe de aniquilación unos años después del Holocausto, en la parte culpable, ya que derrotó a quienes buscaban su desaparición.

A pesar de la refutación académica y legal de su "investigación", los "nuevos historiadores" lograron, junto con artistas y escritores como Amoz Oz, que afirmaron que "la verdad pura destruye todo y no construye nada", perforar el ferviente ethos nacional del establecimiento del Estado de Israel, un espíritu que unía a los judíos israelíes y mundiales.

Fabricar la historia israelí allanó el camino para fabricar las razones del conflicto palestino-israelí. Esto implicó transformar el conflicto de una confrontación existencial en la que una parte (los palestinos) rechaza categóricamente el derecho de la otra a la autodeterminación nacional en una disputa territorial sobre bienes raíces que podría terminar en una paz basada en un compromiso.

El compromiso es un valor fundamental supremo en la cultura judía y en la democracia occidental, y la mayoría del público judío israelí lo ha apoyado constantemente, incluso durante el proceso de “paz” de Oslo. Irónicamente, a pesar de que fueron los líderes palestinos los que rechazaron el “compromiso de Oslo” (al igual que habían rechazado los numerosos compromisos ofrecidos a lo largo del siglo XX), muchos culparon a Israel, no a los palestinos, por el fracaso de este proceso. Esto permitió a los palestinos y sus partidarios progresistas liberales ampliar su negación, mantenida durante todo un siglo, del derecho del pueblo judío a la autodeterminación nacional.

El hecho de que The Guardian consideró oportuno publicar tres artículos en una sola semana cuestionando el derecho de Israel a existir, como el que escribió el periodista judío estadounidense Peter Beinart, en un momento en que Gran Bretaña atraviesa una de las peores crisis de salud, económicas y sociales en su historia moderna, apunta a la obsesiva mendacidad de esta campaña.

No menos alarmante, la ilusión de que la "era de la paz" y la revolución tecnológica obvian la necesidad de controlar físicamente el territorio y derrotar al enemigo ha llevado a los altos mandos de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) a desechar no solo el Ejército terrestre, como sostiene el general (res.) Yitzhak Brik, el crítico más agudo en los últimos años del stablishment de defensa, si no también el activo más preciado de las FDI: la doctrina de la victoria rápida que permitió sus impresionantes triunfos en 1948, 1956, 1967 y 1973. Esta fue reemplazada por una doctrina esotérica de la guerra que fue inventada a partir de las ideas de los principales filósofos postestructuralistas y que negó a Israel la capacidad de poner fin a sus guerras con una victoria rápida, clara y abrumadora, como se vio en las fallidas guerras en el Líbano (2006) y la Franja de Gaza (2008-09, 2012 y 2014).

Mientras tanto, "la revolución constitucional" asestó un duro golpe a la capacidad de funcionamiento del Gobierno israelí. Si bien esta revolución ayudó a que los valores morales promocionados en la Declaración de Independencia de Israel fueran parte de las Leyes Básicas de Israel, esa contribución palidece en insignificancia en comparación con el daño causado por la concomitante "revolución cultural", especialmente la conversión de juristas en "los principales agentes de incorporación del liberalismo [progresista] en la cultura del país” (como lo describió un profesor de derecho israelí). Esto fracturó la democracia y gobernanza israelí al revocar con frecuencia las leyes y decisiones de las autoridades legislativas y ejecutivas electas, de acuerdo con los valores del liberalismo progresista. Esos valores chocan directamente con los valores del Estado de Israel y sus leyes básicas.

Así, el coronavirus, cuya derrota requiere el uso intensivo de la agudeza moral en todos los ámbitos, ofrece la oportunidad de volver a cimentar la toma de decisiones de las tres autoridades del Estado, y de sus mecanismos operativos, en sus valores morales tal como se articulan en las Leyes Básicas. Se trata de una tarea cultural-educativa del más alto nivel, y debe emprenderse de inmediato. Será necesario nombrar a un coordinador especial, como se hizo en el campo de la salud pública. Luego, mientras se protege la salud de los ciudadanos del país, también se hará un esfuerzo vital para frustrar los intentos de desmantelar y destruir el hogar nacional de esos ciudadanos.

Fuente: BESA Centro Begin-Sadat de Estudios Estratégicos

El Dr. Hanan Shai es profesor de pensamiento estratégico, político y militar en el Departamento de Ciencias Políticas de la Universidad Bar-Ilan.