"China es la amenaza de seguridad nacional número uno" para EEUU, ¿lo es para Israel?

Post thumbnailPolicías chinos montan guardia en la Ciudad Prohibida de Beijing Foto: Deluxetrade vía Pixabay
El Director de Inteligencia Nacional de Estados Unidos considera a China como la principal amenaza para la seguridad nacional de Estados Unidos y sugiere que la lucha contra esta es equivalente (o incluso más severa) que la lucha contra Moscú en la Guerra Fría. Israel debe considerar la naturaleza del desafío directo que le plantea China, al tiempo que entiende que para su aliado estratégico, este es un tema muy delicado.

El Director de Inteligencia Nacional de los Estados Unidos consideró recientemente a China como la amenaza número uno para los Estados Unidos, describió el modus operandi de Pekín y pidió a los aliados de Washington que se den cuenta del desafío y respondan de manera apropiada. Por su parte, Israel debe mejorar sus recursos de inteligencia dedicados a China y desarrollar una estimación independiente y bien fundada de los desafíos que presenta a Israel, basándose en las lecciones aprendidas en todo el mundo; identificar lagunas en la respuesta actual de Israel; fortalecer los elementos de gestión de riesgos en la política de Israel orientada a las oportunidades; y prestar más atención a las voces que salen de Washington y al estado de ánimo que existe sobre este tema. Al fin de cuentas, China no es la amenaza número uno para Israel, sino un desafío único a su seguridad nacional envuelto en una importante oportunidad económica.

El 3 de diciembre de 2020, John Ratcliffe, Director de Inteligencia Nacional (DNI) de EE. UU., publicó un artículo con el título "China es la amenaza de seguridad nacional n° 1", en el que definió a Beijing como la "mayor amenaza para Estados Unidos en la actualidad y la mayor amenaza para la democracia y la libertad en todo el mundo desde la Segunda Guerra Mundial". Ratcliffe comparó la resistencia a la amenaza china con la derrota del fascismo y la caída del Telón de Acero [Cortina de Hierro]. Según el DNI, la inteligencia muestra que China busca "dominar a Estados Unidos y al resto del planeta económica, militar y tecnológicamente". Muchas de las principales iniciativas públicas y empresas destacadas de China, escribió, "ofrecen sólo una capa de camuflaje a las actividades del Partido Comunista Chino".

Según Ratcliffe, China utiliza su espionaje económico para robar a las empresas estadounidenses su propiedad intelectual, replicar sus tecnologías y reemplazarlas en el mercado global, causando así un daño severo al valor de estas empresas y al empleo. China tiene un programa para recompensar a científicos extranjeros de alto nivel por robar información en su nombre, y el FBI arresta con frecuencia a ciudadanos chinos por robar secretos de investigación y desarrollo. La administración estadounidense estima que el robo de propiedad intelectual por parte de China le cuesta a los Estados Unidos hasta $ 500 mil millones al año. China roba tecnologías de defensa para convertirse en una potencia militar líder, y sus servicios de inteligencia utilizan empresas de tecnología como Huawei y otras para cumplir sus propósitos. Se advirtió a los aliados de Estados Unidos que el uso de tecnologías chinas limitará la capacidad de Washington para compartir inteligencia con ellos.

El artículo de opinión de Ratcliffe describe un esfuerzo adicional chino centrado en influir en los políticos, entre ellos miembros del Congreso y sus asistentes. Esboza un escenario típico: una fábrica de propiedad china en los Estados Unidos emplea a miles de trabajadores estadounidenses. Representantes de la firma china se acercan al líder sindical de la planta y le explican que un congresista local está adoptando una línea dura con la legislación que va en contra de los intereses de Beijing. Se le dice al líder sindical que debe instar al congresista a cambiar su posición o la planta y sus trabajos no sobrevivirán. El líder sindical contacta al congresista e indica que el sindicato no apoyará su reelección sin un cambio en sus posiciones, y por lo tanto ambos, sin saberlo o no, operan bajo la influencia china.

El Director de Inteligencia Nacional señaló que la comunidad de inteligencia ha cambiado los recursos y el enfoque para proporcionar a los tomadores de decisiones información creíble sobre las intenciones y acciones de China. Si durante la Guerra Fría la Unión Soviética y Rusia fueron el centro de los esfuerzos de inteligencia, y desde 2001 la lucha contra el terrorismo ha sido el elemento dominante, desde aquí en más China debe ser el centro del escrutinio de Estados Unidos.

Ratcliffe pidió a otros países que comprendan que lo mismo se aplica a ellos. Argumentó que el mundo se enfrenta a una elección entre dos ideologías incompatibles, mientras que China intenta arrastrar al mundo a la oscuridad y detener la propagación de la libertad, y se prepara para una confrontación abierta con Estados Unidos. El artículo termina con un llamado a Washington para que supere las brechas partidistas, comprenda la amenaza, hable de ella abiertamente y actúe contra ella, y concluye llamando al esfuerzo el mayor desafío de nuestra época.

¿Cuál es la relevancia de este artículo para Israel? Las preocupaciones planteadas por el artículo no son nuevas y anteriormente se han descrito en detalle en los EE. UU. y en todo el mundo. ¿Debería Israel ver a China como una amenaza principal a su seguridad nacional? Es importante que Israel lea el texto en profundidad, así como entre líneas, e identifique los principales desafíos que enfrenta desde China, señalando las similitudes y diferencias con los desafíos a los Estados Unidos.

Israel no es Estados Unidos y no está en la liga de las Grandes Potencias. China no amenaza con apartarla de su posición mundial, ni Israel ocupa un lugar destacado en las prioridades estratégicas de China. Israel está lejos de Asia Oriental y del Pacífico Occidental, los principales escenarios de competencia militar entre las grandes potencias. El ejército chino no es una amenaza para Israel, aunque Israel se ve afectado por las exportaciones de armas chinas a la región. Las consideraciones ideológicas rara vez juegan un papel central en la política exterior israelí, que es pragmática en su esencia. De manera más general, este no es el primer tema en el que los intereses de Israel y su gran aliado no se superponen por completo. Así es con los amigos.

En vísperas de la entrada de Biden a la Casa Blanca, la tentación es ignorar las palabras del congresista republicano conservador de Texas, quien fue designado por el presidente Trump como Director de Inteligencia Nacional hace apenas seis meses, motivado por consideraciones políticas de la saliente administración o de Ratcliffe personalmente. Lo contrario, sin embargo, es cierto: en los Estados Unidos polarizados, existe un consenso bipartidista excepcional en el público en general con respecto a China, y más aún entre el sistema de seguridad e inteligencia que ve a China como el principal desafío al que se enfrenta el país. Sin duda, la rivalidad con China continuará durante y mucho más allá de la presidencia de Biden; mientras que, al mismo tiempo, Estados Unidos continuará sus extensos lazos económicos con China.

Jerusalén no puede permanecer indiferente a la cuestión del declive de Estados Unidos y, ciertamente, al debilitamiento intencional de Estados Unidos, cuyo poder y apoyo constituyen la piedra angular de la seguridad nacional de Israel. Israel se comporta con China dentro de los límites trazados por Estados Unidos, y desde principios de la década de 2000, sus exportaciones de defensa a China se detuvieron a pedido de Washington. Cuando cambia la percepción de Estados Unidos acerca de la seguridad nacional y China se define como la amenaza número uno, los límites de lo que es permisible para Israel en sus relaciones con China también cambian, y no se puede esperar "seguir como de costumbre".

Israel ve a China como un socio comercial importante, y con razón. El capital de China, sus mercados, su capacidad de fabricación y su capacidad de construcción de infraestructura son una contribución significativa a la economía israelí, y se espera que estos activos chinos crezcan. Durante la última década, Israel ha identificado con éxito este potencial como una oportunidad y ha actuado para maximizarlo, pero Israel tiende a identificar el elemento de riesgo de sus relaciones con China principalmente con la respuesta de Estados Unidos a estas relaciones. No hay suficiente énfasis en la gestión de riesgos en las resoluciones del gobierno sobre el tema, e incluso la decisión tardía y moderada de mejorar la supervisión de las inversiones extranjeras en Israel se adelantó bajo la presión de Washington.

La advertencia de daños al intercambio de inteligencia aparentemente no estaba dirigida a Israel, donde las infraestructuras 5G, en cualquier caso, se basarán en fabricantes occidentales, no en equipos de China. Sin embargo, Ratcliffe enumeró varios esfuerzos típicos chinos y modus operandi que dañaron a Estados Unidos y, por lo tanto, esboza los posibles desafíos que enfrenta también Israel.

La industria de alta tecnología es el principal motor de crecimiento de Israel, y la Asociación Innovadora Integral China-Israel, formada en 2017, fue diseñada para maximizar la compatibilidad entre la innovación tecnológica de Israel y la demanda china. El gobierno israelí se esfuerza por evitar una regulación onerosa de la industria de alta tecnología y, en general, deja al sector privado un amplio margen de maniobra, con la excepción de las exportaciones de defensa. En esta perspectiva, el espionaje industrial y económico es un problema para las empresas, pero el daño causado por la amenaza china en Estados Unidos demuestra que las probabilidades entre una potencia mundial y las empresas privadas pueden imponer altos costos a toda la economía. Israel está familiarizado con los riesgos del espionaje industrial en la industria de la defensa, donde podrían divulgarse secretos comerciales y militares a competidores y enemigos. Poco se ha divulgado en Israel acerca de la fuga de tecnología o su transferencia involuntaria de empresas o mediante canales de investigación, colaboración académica o programas de búsqueda de talentos.

Los informes sobre los esfuerzos de China para influir en los funcionarios estadounidenses electos son preocupantes, aunque a diferencia de otros países, Israel no tiene una comunidad de inmigrantes chinos con derecho a votar o postularse para un cargo. Del ejemplo del líder sindical y del miembro del Congreso, surge un patrón desafiante: el Partido Comunista de China, a través de elementos empresariales chinos, aplica la influencia económica sobre un grupo organizado de ciudadanos estadounidenses con influencia política, para promover los intereses chinos en los Estados Unidos. También en Israel, los funcionarios electos y designados ocupan posiciones de influencia con respecto a los intereses chinos: en legislación, regulación, política, licitaciones gubernamentales y decisiones gubernamentales. ¿Puede Israel descartar una operación similar, con la participación de elementos empresariales, sindicatos, miembros de partidos políticos, funcionarios electos y actores gubernamentales?

El cambio del enfoque y los recursos de la comunidad de inteligencia estadounidense hacia China se produjo después de décadas en las que se centró en otros rivales. Naturalmente, la comunidad de inteligencia de Israel se centra en las amenazas a la seguridad contra Israel, la mayoría de las cuales están en el Medio Oriente, la principal de ellas Irán. La gran distancia geográfica y las diferencias lingüísticas y culturales con China complican el desafío de los ya limitados recursos destinados a este tema.

China no es la amenaza número uno para Israel y es esencial que no lo sea. También es importante seguir beneficiándose de las crecientes ventajas económicas de las relaciones, pero se requiere una gestión del riesgo responsable. Las lecciones extraídas en los EE. UU. son una luz de advertencia para los desafíos y riesgos únicos inherentes a las relaciones con China, a los que Israel también está expuesto, y no deben ignorarse. En vista de las diferencias entre ellos, Israel no debería basarse directamente en las experiencias y políticas de Estados Unidos, sino que debería formular sus propias políticas independientes de acuerdo con sus propias características y singulares necesidades. Como primer paso, debe formular una estimación relevante de referencia del desafío chino a Israel, basado en la diversa y rica experiencia de otros países relevantes alrededor del mundo que comparten características similares con él, y luego diseñar una respuesta equilibrada y prudente. China no necesita estar en la cima de las prioridades de inteligencia de Israel, pero Israel debe aumentar los recursos de inteligencia dedicados a China y profundizar la competencia profesional del gobierno y la academia con respecto a los desafíos que presenta.

Finalmente, también es importante escuchar las voces que salen de Washington. Cuando EE. UU. identifica a China como su amenaza número uno y describe los desafíos que plantea en términos del mayor desafío de la generación y similar a la guerra contra los nazis, se puede esperar que el espacio de maniobra de Israel en sus relaciones con China se reduzca, mientras la sensibilidad estadounidense a estas relaciones se dispare. Israel no solo debe mantenerse alejado de cualquier daño a los intereses vitales de su aliado estratégico, sino que debe prestar mucha atención al estado de ánimo en Washington, como corresponde a las relaciones con un amigo cercano y leal en un período delicado.

Fuente: INSS - The Institute for National Security Studies