Una bofetada al Holocausto

Post thumbnailSolicitantes de asilo en Israel - Foto Wikipedia
Joseph Hodara

Israel y la diáspora han protestado reiteradamente contra aquellos que niegan – incluso festejan – el asesinato masivo y deliberado de millones de judíos que encontraron refugio y hogar en Europa. Ignoraron los hechos o los distorsionaron con el designio de justificar odios seculares para preservar la raza o el credo que consideraron superiores y singularmente bendecidos por Dios o la Historia.

Y para recordar lo que aconteció hemos levantado monumentos y bibliotecas – no sólo en Jerusalén – que dan pruebas y testimonios de lo que pasó.  Más aún: un día en el año, que anticipa los festejos del renacimiento nacional, reitera y multiplica el recuerdo. Ante esta realidad- debemos los judíos vengarnos o reiterar lo que otros hicieron?

La reciente disposición gubernamental, dirigida a expulsar a los que han llegado de África a Israel en busca de algún refugio o para rehacer sus vidas, es una bofetada a los textos y discursos que protestan y nos hacen recordar lo que países de Europa y América- activamente o por áspera indiferencia, en nombre de Cristo o de la Raza – hicieron para eliminar a los judíos y al  judaísmo del mundo. Imitarlos no es sólo una aberración moral; es invalidar lo que en justicia se quiere recordar.

Se trata de migrantes que han aprendido hebreo y aspiran a integrarse en los mercados laborales, y que nada los impulsa a poner en tela de juicio la legitimidad del sionismo o de Israel. Ciertamente, si hay delincuentes entre ellos, las fuerzas policiales deben vigilarlos a semejanza de cualquier ciudadano de pura cepa que incumple normas y leyes. Expulsarlos implica justificar y aprobar el odio secular al judío.

Y si por algún motivo aceptable y racional se les solicita abandonar el país- por qué no darles la oportunidad de escoger adónde y cuándo? Tal vez preferirán al país de donde llegaron, o bien explorarán con lucidez otras posibilidades.

Desalojarlos conforme a una decisión gubernamental y con la abierta sonrisa de un ministro del interior que ni a judíos laicos acepta- es una bofetada a nuestra Historia.