Una app israelí que permite comprar alimentos frescos que iban a ir a la basura

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Seguramente usted es de los que alguna vez en la vida, ante el espectáculo de variedades y cantidades que ofrecen los restaurantes y mercados de hoy en día, y ante la certeza de la caducidad de muchos de estos artículos, se ha preguntado ¿A dónde va a parar, al final del día, lo que no se ha vendido?

El desperdicio de la comida es un hecho que pasa desapercibido para mucha gente y cuyas dimensiones pudieran escaparse de la imaginación del público. Pareciera un tema banal, pero sólo hay que ver la magnitud del asunto.

Un reporte especializado señala que solamente en Israel se desperdician cada año dos toneladas y media de alimentos y que, aunque se recicle cerca de la mitad del desperdicio, ningún producto resultante puede volver al consumo humano. No hay que hacer muchas cuentas para imaginarse el costo que esto tiene para el vendedor, que eventualmente se traslada al cliente, además de la injusticia de que algunas personas no puedan costearse un almuerzo que al final de día irá a parar al basurero.

Un grupo de emprendedores ha diseñado la solución perfecta, la cual pone en contacto a la gente que busca oportunidades alimenticias en Israel con los excedentes de las tiendas y restaurantes.

El lema "¡Ahorremos comida juntos!" (Let's save food together!) pareciera ser la solución, y todo gracias a un app de reciente aparición llamada SpareEat, a través de la cual los restaurantes, hoteles, cafés, supermercados y panaderías con excedentes de comida pueden colocarlos a la venta con descuentos especiales, accesibles a aquellos consumidores de fondos recortados que normalmente no podrían pagarla. Esto es lo que verdaderamente se llama "Ganar-Ganar".

Según la promesa de SpareEat el consumidor que ha descargado el app, sin importar el lugar donde se encuentre y geolocalizado por el celular inteligente, escoge desde la aplicación una tienda asociada cercana, luego selecciona una "caja" basada en sus gustos (¡hasta existe la opción de escoger!) y paga los reducidos precios a través de la misma aplicación. Luego se dirige al punto de entrega del vendedor para recoger su encargo a la hora convenida y, finalmente, puede "deleitarse con el delicioso contenido de su caja hecha con los alimentos no vendidos del día". Todo bajo la premisa de "Ahorre, coma, disfrute". El app está disponible en las tiendas App Store de Apple y Google Play.

En el otro extremo, desde su teléfono celular, el vendedor puede definir los productos y cantidades que pondrá a la venta; recibirá detalle de las órdenes colocadas y finalmente confirmará la entrega.

El triple compromiso de SpareEat, tal como se describe en su página web, pareciera un mundo de ventajas para todos:

"Brindamos una solución para que nuestro planeta, tiendas y consumidores luchen juntos contra el desperdicio de alimentos en Israel.

Nuestros socios reducen el desperdicio de alimentos, aumentan los ingresos y traen nuevos clientes.

Nuestros miembros descubren y prueban deliciosos alimentos no vendidos de restaurantes, hoteles, panaderías, cafeterías a su alrededor".

La aplicación sólo funciona para Tel Aviv y se espera que abarque otras ciudades israelíes en el futuro próximo. Pasa a formar parte de una familia de aplicaciones europeas, muchas de ellas con calidad caritativa, que conectan las necesidades de los vendedores con la de los consumidores bajo la premisa de la reducción del desperdicio de comida. En el caso de SpareEat la aplicación es gratuita y la tienda paga a la start-up comisiones por las ventas.

Elie Fischer, de origen francés y con amplia experiencia en el mundo de la restauración, lamentaba que en Israel no existieran tales oportunidades, por lo que acarició la idea durante años. Finalmente, en asociación con su sobrina, lograron poner en circulación SpareEat este agosto, en el momento justo en que gracias a la acción Leket Israel, especializada en el tema, aparecieron ajustes en las leyes israelíes que aumentaron la posibilidad de que existiera mayor cantidad de donantes de comida.

Por curioso que parezca, dos asuntos entorpecían la idea de distribuir con justicia los excedentes de comida. El primero es la idea que genera en el público el término "sobrantes", el cual es asociado a basura o restos dejados en el plato, pero que efectivamente no tiene nada que ver con un proceso en el que la tienda calcula los excedentes y los pone a disposición oportuna de manera correcta y limpia.

El segundo asunto se trata de una pesada responsabilidad legal que recae sobre el donante, que sencillamente lo desalentaba de hacer aportes y prefería la opción del basurero. Este último asunto ya fue resuelto en Israel con la actualización de las leyes que incentivan la donación.