Un imperativo: frenar a Trump

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Joseph Hodara

En reciente artículo publicado en estas páginas señalé razones que deberían presidir al gobierno israelí cuando al vocear – directa u oblicuamente – actitudes respecto a la pugna presidencial en Estados Unidos. Sin embargo, algunos hechos en los últimos días revelan que el ánimo oficial – y en no pocos casos el público – no se inclina a sostener actitudes equilibradas en este asunto. Al contrario, por múltiplos conductos y modalidades se inclina en favor de Trump.
No aludo aquí al amplio apoyo financiero que un magnate judío-norteamericano ya ha ofrecido al candidato republicano; es su pleno derecho. Pero a los ciudadanos del país debe inquietar la sostenida crítica al presidente Obama; actitud que alude y daña por extensión a la candidatura de Clinton.
La más reciente expresión de esta torcida posición se resume en las declaraciones del ministro Liberman, declaraciones que no admiten ni defensa ni excusa algunas. Representan una continuación de las intervenciones del propio jefe del gobierno cuando resolvió hacerse presente en el Congreso norteamericano para frenar medidas que, aceptarlas o no, depende exclusivamente de la voluntad de ese país. Ni su larga estancia y estudios en Estados Unidos ni su repudio personal a Obama justifican en el caso de Netanyhau la pérdida de un indispensable equilibrio.
Por varias razones. La primera: el actual presidente norteamericano tomará tal vez cortas vacaciones después de dejar su puesto; es probable, sin embargo, que no se alejará de la política independientemente del resultado electoral. Y desde una importante posición seguirá influyendo en asuntos nacionales e internacionales. De aquí la insensatez de los ataques personales que se le dirigen.
Segundo: las censuras que hoy se orientan contra Trump en el escenario estadounidense – en especial en el republicano – tienden a reducir los votos que parecían favorecerle hace algunas semanas. Atiéndase en particular el contenido de estas objeciones. No aluden a su forma de hablar o vestir, ni al buen semblante de su esposa. Apuntan a su capacidad para dirigir un país que cuenta con recursos y armas que, mal orientadas, pueden descalabrar el mundo.
En este escenario, Israel perderá puntos por ambos lados: si sostiene a Trump y gana Clinton, las sanciones del nuevo grupo gobernante en Washington no demorarán. Y si Clinton pierde y Trump es el nuevo mandatario de la democracia más importante del mundo, no hay garantías de que por su soberbio y caprichoso carácter no olvidará a aquellos que le apoyaron. En el lenguaje técnico se trata de un caso de "no win situation..." De aquí que el equilibrio del actual gobierno israelí en las palabras y en sus actitudes es vital. A todos nos concierne.

Web del autor: www.josephodara.com