Parashat Behar - Bejukotay: El judaísmo y la penuria

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Es imposible imaginar un mundo sin pobreza.

La indigencia es una parte integral de la vida y de la historia y en estos días, como resultado de la pandemia del COVID-19, parece convertirse en una epidemia tanto o más grave que la misma enfermedad, también en las zonas con menor desigualdad social.

La creciente desocupación que parecía apenas hace semana atrás, sólo estacional y que crece día a día, se convierte en muchos países como situación irreversible en una economía afectada por los estragos de las cuarentenas obligadas por el virus.

La imagen de los pobres en las fuentes judías fue difundida por nuestros sabios como reñida con una situación insostenible. Por un lado, la Torá nos dice en el mismo versículo que "no faltarán pobres en esta tierra” y que debes “abrir tu mano a tu hermano, a aquel de los tuyos que es indigente y pobre” (Devarim 11:15).

Los hambrientos no fueron nunca distantes ni extraños de los conductores del pueblo y de sus coetáneos. Uno de los factores más importantes que influyeron en la percepción de las Escrituras y su interpretación, fue la relación cercana con la privación y con las personas necesitadas. La forma en la que los Sabios leyeron, interpretaron y estudiaron los versos de la Torá, está estrechamente relacionada con la realidad de sus vidas, es decir, con el estado económico, la pobreza, la caridad en los que estaban inmersos en sus propias comunidades a lo largo del exilio.

Por ello, no debe sorprendernos que el midrash Tanjuma en Behar, intente comentar lo que la Torá nos prescribe en la lectura de este shabat: “Cuando tu hermano empobreciere y se debilita económicamente (debiendo vender algunos de sus bienes) tú lo ampararás; como forastero o huésped, para que pueda vivir junto a ti” (Vayikrá, 25:35). A su vez, el libro de Mishlé-Proverbios (22:22-23) se relaciona indirectamente a esta prescripción cuando dice: "No despojes al débil, porque es pobre, y no aplastes al desdichado en la puerta, porque .A. defenderá su causa y despojará el alma a los rapaces”. El midrash nos dice: “El Santo, bendito sea Él, dijo: "No despojes al empobrecido porque está arruinado", porque yo lo he empobrecido. [Por lo tanto] quien le roba o se burla de él, lo que hace es reprochar a su Hacedor. [Es] como si se estuviera burlando de Mí, como leemos (en Mishlé 17: 5), “El que escarnece al pobre afrenta a su Hacedor; Y el que se alegra de la calamidad no quedará sin castigo” [...].

Las Escrituras nos traen un mensaje asombroso y maravilloso. Acusan a quien se aprovecha de la necesidad del otro, de ofender al Creador. Identifica al necesitado con Dios mismo.

¿Cuál es el significado de las palabras, "No robes a los pobres" (Ib. 22:22)? ¿Hay alguien desvalijando a los empobrecidos? ¿Qué se le quita a quien nada posee?

La respuesta parece ser que se refiere a quien o quienes, ayudaban a los menesterosos y un buen día se dicen: ¿Hasta cuándo voy a arrimarles el hombro? e interrumpen su apoyo. Esa detención del socorro, es un despojo a quienes no tienen a quien recurrir. “No quebrantes en la puerta al afligido” continúa el versículo… ¿A qué portones se refiere? Nada más y nada menos que a las puertas del Cielo. ¿Y de dónde aprendemos que se refiere a las puertas celestiales? De lo escrito “Y tuvo miedo, y dijo: ¡Cuán terrible es este lugar! No es otra cosa que casa de Dios, y puerta del cielo” (Bereshit 28:17). "Porque .A. defenderá la causa de ellos” (Mishlé 22:23). -Estoy suplicando [la causa del necesitado] ante ti, porque yo –dice el Creador- a él lo hice pobre y a ti rico. Por lo que fácilmente puedo invertir esas posiciones y hacer de ti un necesitado y de él un hombre pudiente. “El rico y el pobre tienen esto en común: A todos ellos los hizo el SEÑOR (Ib. 22: 2). Por ello "El SEÑOR defenderá su causa” (Ib. 22:23). ¿Por qué? Porque si no lo mantienes estás reduciendo su espíritu (nefesh -espíritu, alma, ánima; aliento). Por lo tanto “él despojará a los que los substraen de la vida (nefesh)".

Menudo mensaje el de nuestra lectura, que equipara a Dios con los necesitados, particularmente en estos días de angustia y consternación.

Nos obliga a reflexionar seriamente.

Más aun cuando nos recuerda que en la vida, todo puede ser reversible.