Parashat Bemidbar: “Tu andar en pos de mí en el desierto"

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 "Ve y grita a los oídos de Jerusalén: Así dice .A.: De ti recuerdo tu cariño juvenil, la bondad amorosa de tu juventud; tu andar en pos de mí en el desierto, en una tierra no sembrada." (Yirmiahu 2:2)

Leemos Bamidbar este shabat, cuando podemos avizorar la cercana presencia de Shavuot. Y como siempre, podemos oír que el texto nos habla también en tiempo presente.

El nombre de nuestra sidrá, así como este libro, significa "en el desierto". La palabra midbar, "desierto", tiene la raíz dalet-bet-reish, que comparte con el término hebreo que significa "palabra".

El desierto es un lugar que nos puede permitir elevarnos a las máximas alturas de la misma manera que nos puede hundir en la desesperación. La palabra "bemidbar" a menudo se traduce como desierto. Esta traducción no captura el paisaje de la región bíblica en su totalidad... Cualquiera que haya viajado en el sur de Israel sabe que la región "desértica” es montañosa y cavernosa, a menudo golpeada por inundaciones repentinas y de color apenas monocromático. Las imágenes de la naturaleza creadas por nuestros profetas confirman tanto el peligro como las inquietantes sensaciones de estar en el desierto... Hay algo en la expansión y simplicidad del entorno que hace que las personas sean contemplativas y conscientes de su insignificancia. La enormidad del terreno resalta nuestra pequeñez y, a menudo, en lugar del miedo, surge el sentimiento espiritual más profundo. La sabiduría, también, como una primavera o una inundación repentina, se eleva donde menos se espera. Pero no es solo esta crudeza espiritual que es posible en la inmensidad del desierto lo que conduce al conocimiento. Es el deseo de poner orden en el caos, lo que lleva a la adquisición de la Torá. Debido a que la humanidad se siente dominada por el paisaje, tratamos de superar esta impotencia construyendo estructuras de inteligencia humana.

El midrash nos dice: “Y condujo al rebaño al extremo más alejado del desierto (Shemot 3: 1), en respuesta a la pregunta ¿Por qué se fue al desierto? Rabí Yojanan dijo: Él fue al desierto porque previó que Israel sería exaltado a través del desierto, como está escrito: “¿Qué es eso que sube del desierto, cual columna de humo sahumado de mirra y de incienso, de todo polvo de aromas exóticos?" (Shir Hashirim 3: 6). El ascenso de Egipto fue a través del desierto; la Torá fue dada en el desierto; el maná y la codorniz se disfrutaron en el desierto; el Tabernáculo; la Shejiná; el sacerdocio; el pozo que “cavaron los señores; lo cavaron los príncipes del pueblo”, las nubes de gloria; todo ocurrió en el desierto. Por lo tanto, condujo a las personas al extremo más alejado del desierto.

Hay muchas caminatas hacia y en el desierto, las de Moshé, de Yitro, de Yrmiahu, de Eliyahu. Ninguna es similar a la otra. No todas fueron fáciles. Pero, todas son inspiradoras.

Leemos esta parashá en tiempos muy difíciles en los que estamos buscando como organizarnos asistencial, médica, laboral, familiar, comunitaria y nacionalmente. ¿Cómo hacer para protegernos, cómo para avanzar? Llevamos semanas luchando con la amenaza de enfermarnos, con la muerte de seres queridos, el impacto de la implosión económica y la manera de mantener la educación judía formal e informal, judía. En muchos lugares, el miedo y las preocupaciones inmediatas impiden elevarse para intentar ver lo que le espera al mundo y a la gente en pocas semanas más.

La lectura de Bemidbar puede inspirarnos para encontrar el objetivo cuando cambiemos el desierto de la cuarentena por la supuesta libertad de la sociedad. El desierto asustará a todos nuestros viejos fantasmas y los enviará desde las sombras a la plena luz de la conciencia. En el desierto estamos despojados de disfraces. Las defensas se caen. Cada parte dentro de nosotros se ve obligada a mostrar su verdadero rostro.

¿Existe algo en nuestro núcleo interior que nos convencerá que debemos viajar juntos por este desierto? ¿Tendremos la capacidad de rescatar lo aprendido en tan poco tiempo en este espacio yermo del encierro? ¿Recibiremos las Tablas de la Ley, o las escritas por la mano del Creador se deberán romper, porque en lugar de estar preparados para recibirlas nos distraeremos nuevamente con la catástrofe del becerro de oro? ¿Cómo sobreviviremos a los desafíos físicos y espirituales del viaje por el desierto? ¿De dónde sacaremos la motivación para marchar, sin yerros, hacia lo desconocido?

A través del desierto, todas las tribus se organizaron alrededor del mishcán, para recordar que la Torá debe estar en el centro. Metafóricamente, necesitaban protegerse contra el atractivo idólatra de las culturas externas. Un equilibrio de asombro y pragmatismo rodeaba el manejo del Mishcán que requería un toque humano para ser desmontado, levantado, transportado y ensamblado. ¿Cómo hubieran sobrevivido a este desierto si no hubieran tenido el Mishcán en el centro?

En tiempos de grandes movimientos para garantizar la supervivencia en todas las áreas, debemos llevar el Pacto con nosotros.

Realmente tenemos no solo el derecho a vivir según la Torá y buscar decisiones en el liderazgo bajo su lente. El Talmud y los pensadores posteriores nos heredaron principios éticos sobre gestión financiera y de personas. ¿Desarrollaremos una estrategia y filosofía financiera que sea reconociblemente judía o meramente corporativa y buscaremos a los guías con los cuáles podremos identificarnos?

En el desierto de nuestro tiempo, hay quienes creen que la prioridad es la utilidad económica y, como resultado, consideran desechables para "la economía", muchas instituciones y a aquellas personas como los más viejos que dejaron de ser útiles a la sociedad productiva. Son quienes comparten la metafísica de ninguna certeza, la pseudo ciencia que pueda sostener la eternidad fantasmagórica de ahora y de aquí. El darwinismo social, la ley de despoblación maltusiana y la supervivencia del más apto ahora se han fusionado en una creencia existencial en la nada.

Ningún aspecto de las luchas de la vida puede ser libre de Torá; cada decisión debe basarse en la palabra de Dios. Todo el Libro de Bamidbar demuestra que nuestra supervivencia depende de ello.

Saldremos indemnes de este desierto si sabemos cuál es nuestra meta histórica y nos dirigimos a ella.

Es una senda nada fácil, pero, no tenemos otra que ofrecernos.