Panamá-Tel Aviv, 12.000 kilómetros de pasión eurovisiva

Post thumbnailGente bailando en la playa en Tel Aviv en la zona de Eurovision Foto: REUTERS/ Ammar Awad
Unos 12.000 kilómetros separan Panamá del lugar que este sábado acoge la edición 64 de Eurovisión, lo que no ha impedido que algunos de sus ciudadanos y una comunidad creciente de latinoamericanos cruce el Océano Atlántico para satisfacer en vivo una pasión distante solo en apariencia.

Maximiliano Barrios, argentino de 38 años, y Joshua Manopla, colombiano de 32, no se conocen entre sí, pero ambos descubrieron el Festival Europeo de la Canción gracias a la primera edición de "Operación Triunfo" y a su ganadora, Rosa López, escogida como representante española en 2002.

"Cuando oí hablar por primera vez de ello en 'OT', no tenía ni idea de lo que era. Investigando en internet me enganché y así empecé a seguirlo todos los años", cuenta el primero, que destaca cómo en cada edición hay "más y más" asistentes latinoamericanos al festival.

Hasta que se mudó a Londres, durante 10 años fue fiel a esa cita especial de mayo en la que se reencontraba con un mundo de canciones del otro lado del charco. Aunque en el Viejo Continente le ha costado menos expandir su pasión, sigue ejerciendo de correa de transmisión del festival con su país.

"Hasta a mi mamá la contagié y ya es eurofán. Ahora que vivimos lejos y sabe que estoy por aquí pendiente del festival, ella lo mira desde Buenos Aires, donde se emite a las 4 de la tarde", cuenta entre risas.

Para él esta será la sexta vez que vea su programa favorito en vivo. Ha asistido a casi todas las ediciones desde Düsseldorf 2011, con las únicas excepciones de Bakú, Kiev y Lisboa "por problemas personales".

"Para alguien que no es un eurofán quizás sea una locura. Para los que lo somos, es casi lo normal: planear todas las vacaciones o la mayoría de ellas alrededor de Eurovisión", asevera antes de recordar que en 2013 invirtió casi todos sus ahorros y días libres en los distintos eventos relacionados con el festival. Solo guardó dinero para ir a Buenos Aires por Navidad.

No se perdió la prefiesta de Ámsterdam, el crucero en Finlandia o la final del Melodifestivalen en Estocolmo (la preselección sueca), es decir, un viaje cada dos meses. "Significa muchísimo dinero, pero vale la pena por la combinación perfecta de viaje, música y amigos. No creo que se me pase el amor por Eurovisión en un tiempo largo", afirma este seguidor de los candidatos escandinavos y de Ucrania.

Para Joshua Manopla, un panameño de adopción nacido en la misma ciudad de Shakira, Barranquilla, la cuenta de gastos de este año supera ya los 3.500 euros, ya que a su primera edición de Eurovisión en vivo (2.500 euros, casi 500 de ellos en entradas para las galas) suma el coste del viaje que hizo hace unas semanas a la prefiesta de Madrid, la última del calendario eurovisivo.

"Incluso allí se sorprendían de vernos. Preguntaban si Panamá participaba", rememora con humor este eurofán que junto a un grupo de amigos ha terminado creando "una secta" que organiza eventos en locales y hoteles donde se juntan hasta 40 personas.

Para él, la "pasión por la música" es lo que caracteriza al festival que le tiene atrapado. "Aunque sea una competición entre países, es de lo más cordial. No hay rivalidad real, como en un partido de fútbol, que sobre todo en Latinoamérica puede acabar mal si vas con la camiseta del equipo contrario", destaca.

"En Eurovisión, si te gusta la canción de otro país, la vas a cantar igual, aunque no sea la tuya", insiste Manopla, que se reconoce como seguidor de España en el certamen. "Empecé a seguirlo por este país, por el idioma y porque soy seguidor de 'OT'", razona.

En 2018 apostó que si la israelí Netta Barzilai vencía, este año cumpliría su sueño de vivir la experiencia en persona. "A veces elegimos al favorito en base a la ciudad donde tendría lugar, porque nos gustan los lugares exóticos en los que nunca hemos estado", reconoce Manopla, que ya piensa en organizar su visita a la edición de 2020. EFE