Nunca más, ni jacobinos ni nazis

Post thumbnailMuseo de la historia del Gulag en Moscú - Foto Wikipedia
Un país es considerado tanto más civilizado en cuanto la mayor
sabiduría de sus leyes impiden a un hombre débil volverse demasiado débil y a un hombre poderoso volverse también demasiado poderoso (Primo Levi)

El fascismo italiano y el nazismo alemán están arraigados no sólo en la ideología sino en lo que es peor aún, en su cultura y cuando ese Mal tiene sus raíces en su transmisión cultural es muy difícil de erradicar, aquello que se mamó es muy laborioso de vomitar.
¿Dónde apuntaba la transformación cultural del nazismo? En que quería subvertir el imaginario colectivo, la psicología de las masas, manejarlas con dogmas absolutos, totalitarios, borrando los gustos y decisiones personales en aras de la propaganda masificada, colectiva y segregativa. Quien era judío, gitano y no ario mereció la muerte pues era visto por el populacho masificado como un deshecho, un bacilo, una plaga, un parásito que corroe la pureza aria del pueblo alemán superior, que contamina la sangre y el elixir de los dioses germanos.

Entrada al Club de los Jacobinos en la calle Saint-Honoré, París. Foto: Wikipedia - Dominio Público


Su ideología se nutrió del darwinismo, del concepto de selección natural donde sobrevive el más fuerte y el mejor, donde en esa selección natural sólo merecen sobrevivir los mejores, sabe decir, la raza aria superior. Se repudia el individualismo , se exacerba el concepto de raza y se adora la masificación de los individuos, donde de entre ellos el único que tiene derecho a sobresalir y regir cual un Dios supremo es el Führer.

Cabe destacar que estos nuevos líderes, tanto Mussolini como Hitler, surgen de las clases populares, ya no son políticos, ni cultos, ni de un origen aristocrático, sino que descubren su vocación política en la calle, en el contacto directo con las masas, en el hábil manejo que han hecho de ellas con sus arengas demagógicas y que, por cierto, en la década del 40 Perón, siendo un militar de rango, pide ser enviado a la Italia fascista dado que admira al Duce y poder aprender de él su técnica en cuanto al manejo de las masas populacheras, método que luego habría de implementar en la Argentina, herencia que nos ha legado hasta el presente con sus seguidores que lo emulan cada vez que se postulan al poder.

¿Qué aprendió? Ritos colectivos, celebración masiva de fiestas nacionales, regalos a los hijos de los trabajadores, discursos interminables, Hitler hablaba por radio horas y regalaba al pueblo radios con la salvedad de que la única estación que se podía oír era la de sus arengas. El Duce vociferaba por horas en la Piazza Venezia de Roma, Hitler en el estadio Zeppelín de Núremberg, Perón en la Plaza de Mayo, donde los tres transformaron el nacionalismo en una demagogia y en una “religión civil”. Es una nueva forma de estética política, entra a través del gran espectáculo y obnubila la visión, cuanto más brilla más la enceguece, tanto despilfarro hace de pantalla de humo a lo que en verdad acontece, y pensamos que ese modo de obrar es un “descendiente directo del estilo político jacobino”, en las palabras del historiador George Mosse.

En la dirección de impulsar este imaginario colectivo y populachero ( völkisch) se ponía especial acento en la virilidad, la belleza, la juventud. Pero para hacer destacar esto valores nacionales había que inventar su antítesis. Seres degenerados, deformes que podrían infestar este valor cultural del sujeto nazi y ellos eran los homosexuales, también la alteridad racial de los judíos, los intelectuales considerados zánganos, que sólo pensaban y no cultivaban su cuerpo ni ponían el acento en el vigor físico, no adherían a la ética guerrera del nuevo hombre fascista y nazi, que sólo pensaban en lugar de actuar, como si el pensamiento productivo no fuera así mismo acción. Cabe destacar que el judío personificaba ese conjunto de rasgos negativos, de parásito pensante acorde a la escala de valores del nazismo. De allí que los médicos nazis implementaron la eutanasia en el propio pueblo alemán para erradicar a los débiles mentales, esquizofrénicos, homosexuales y luego vendrían las cámaras de gas para los judíos y toda su descendencia.

Como precursor de los campos de concentración nazis tenemos el modelo del GULAG ruso que fue creado el 25 de abril de 1930 y recién disuelto el 13 de enero de 1960. Era un campamento de trabajo forzado como mecanismo de represión a los políticos, escritores, todos disidentes del régimen totalitario ruso imperante.

GULAG es el acrónimo de Dirección General de Campos de Trabajo. En él estuvo hacinado el Premio Nobel del literatura del año 1970, Alexander Soljenitsin, preso allí desde el año 1945 hasta 1956.

Haciendo un poco de historia para introducirnos en lo que luego de 200 años sería el Holocausto alemán, vemos que parte de sus técnicas se embebieron en los métodos jacobinos posteriores a la Revolución Francesa de 1789. En 1793 se produce de mano de los jacobinos la masacre de Vendée, región ubicada al Noreste de Francia. Esta masacre hoy en día es pensada como un Auschwitz, sin cámaras de gas pues aún no existían, fue un crimen contra la humanidad de mano de fanáticos y asesinos, al igual que luego lo serían los nazis, extremistas que no aceptaban al diverso ya sea racial, cultural, religioso y moral.
La masacre de Vendée fue un exterminio elaborado por fanáticos de la revolución francesa, un “populicidio”, y que luego serviría de modelo paradigmático a la masacre bolchevique durante la guerra civil de 1917 que llevó a cabo el asesinato del Zar y toda su familia.

Al igual que la revolución francesa que llevan a la guillotina al rey Luis XVll y su familia, este estilo de aniquilación, masacre y exterminio también sería luego el modelo que habrían de implementar los nazis durante su régimen totalitario de 12 años de duración, y que lamentablemente no sirvió para acallar a los nuevos antisemitas y negadores de la Shoá.

Historia triste de la humanidad entonces dirá Primo Levi “aquellos que niegan Auschwitz estarían dispuestos a volver a hacerlo”. ¿Premonición, mirada advertida, enseñanza? En fin, sólo nos resta no dormirnos en nuestra negación o en la comodidad cotidiana. El hacedor del Mal siempre está al acecho, pero esperemos que ésta vez, si es que hay una repetición, no nos tome desprevenidos, ni pensar “total a mi no me toca”, pues cuando sí vengan por vos entonces, será demasiado tarde.

El nacionalismo moderno sienta sus bases en los ideales de la Revolución Francesa, con su ideal de masas en detrimento de la cultura venida del Iluminismo y el ideal de la Bildung , que sería educación y cultura provenientes de una influencia judía la cual, tanto el fascismo como los nazis querían erradicar. El nazismo se va a sostener del ideal del Romanticismo, utópico, queriendo que sus seguidores permanezcan en un estado de ingenuidad, de “pureza” ilusoria, donde los hombres debían ser labriegos y las mujeres tan sólo madres y amas de casa, pero la condición fundamental que todos ellos debían sostener es que disten del saber, que no cuestionen los mandatos de su líder y para que esto acontezca debían ser profundamente ignorantes.
Debido a ello la base ideológica del Holocausto es poner en duda la cultura europea, de tradición judía sobre todo en Alemania y apostar al nacimiento del nuevo hombre que debía ser ario, rubio, viril, de ojos claros, pero sobre manera, un perfecto anti-intelectual pues de serlo era sinónimo de judeidad.
Una de las principales acusaciones contra los judíos alemanes era su intelectualidad, ser poco deportistas y debido a ello corrompían la pureza aria. La quema de libros de autores principalmente judíos en mayo de 1933 fue acompañada por los gritos de Goebbels diciendo “la época de extrema intelectualidad judía ha terminado ya y el triunfo de la revolución alemana ha dado nuevamente derecho de paso al espíritu alemán”. Y a pesar de esta trágica e injuriante declaración, le debemos a escritores judíos una vez finalizada la guerra el hecho de haber hecho posible rescatar aún la cultura alemana. De esta manera tenemos a Elías Canetti, judío sefardí nacido en 1905, formado en varios países europeos, siendo su lengua materna el alemán, que mientras Londres era bombardeada por la Luftwaffe, dirá “ si pese a todo, yo sobrevivo, se lo deberé a Goethe”. El continuará escribiendo en alemán y es así que nos llega ese magnífico libro Macht und Masse, Masa y Poder, una forma alegórica de mencionar a HItler y su psicología de dominio a las masas. Refiere que “si escribo en alemán es porque soy judío”. Canetti escoge de ésta manera permanecer limpio de odio dado que es un profundo agradecido de la cultura y la lengua alemana y que a pesar de la brutalidad nazi, ésta no sucumbió, y parte de ese logro se lo debemos a escritores de la talla de Elías Canetti que no se dejó tomar de rencores ni venganzas inútiles dado que esas pasiones envenenan el espíritu y no permiten rescatar a los grandes autores alemanes y que no son sinónimo de la cultura populachera y barbárica del nazismo.

Leni Riefenstahl, la cineasta dilecta de Hitler, da cuenta de lo que es la perfección en cuanto a la belleza alemana se trata. Dice que la belleza aria debe condecir con la armonía, la composición de las formas como un signo de pureza alemana, “todo lo que es puramente realista, que es mediocre no me interesa. Estoy fascinada por lo que es hermoso, fuerte, saludable, de lo contrario no es algo muy alemán”. Palabras que tomamos de la entrevista hecha para los Cahiers du cinéma en 1973.

La Shoah sigue siendo una suerte de “no man´s land” en cuanto a su comprensión, donde no se puede responder ¿por qué aconteció?, es un núcleo oscuro de entendimiento, ein Niemandsland des Verstehen, ein schwarzer Kasten des Erklärens, un cajón oscuro de la memoria donde se ahogan y confunden los recuerdos y a la vez como un pasado que se resiste a pasar.
Dirá Walter Benjamin “a la memoria de los sin nombre se aboca justamente la construcción de la historia”.

A la memoria de mi familia de esos que murieron en Auschwitz por el sólo hecho de ser judíos, y de sus Nombres que mi padre Nunca Pudo Pronunciar. Amén.■