No terminó el exilio ni el exterminio en la Shoá

Post thumbnailMadres y niños judíos caminando hacia las cámaras de gas Foto: Fotógrafos de las SS - E. Hoffmann y B. Walter Museo del Holocausto Yad Vashem Dominio Público - Wikimedia
Aunque se hable del fin del Holocausto judío y de sus persecuciones en el siglo XX como asunto cerrado, sobran pruebas para concluir que aún la historia sigue sumando capítulos. Continuó con los muertos que trataron de llegar a Palestina Británica y la prohibición de desembarcar. Se extendió por los países involucrados en Europa durante la Segunda Guerra Mundial, que rechazaron, expulsaron (en algunos casos) maltrataron en otros y asesinaron a judíos sobrevivientes del genocidio. El odio y el desprecio jamás desaparecieron. En el fondo de la cultura occidental judeo-cristiana, aún se siente la vieja acusación de haber matado a Cristo.

En el año 2000, el Papa Juan Pablo II, en su visita oficial depositó en el Muro de los Lamentos la plegaria (leída el 12 de marzo) con la que la iglesia pedía perdón al pueblo judío en nombre de aquellos que le habían causado sufrimiento. Fue el Papa Benedicto XVI, quien exoneró a los judíos de ser los culpables de la muerte de Jesús (año 2011).

Nada de esto borró el mensaje de más de 600 años, que lleva la humanidad repitiendo y asociando la muerte del hijo de María con los descendientes del Rey David. Ese sentimiento perduró e hizo pie en los 5 continentes. Pasaron unos años desde la guerra contra el Eje y nace el Estado de Israel. Aquellos sentimientos hacia los judíos aumentaron y nació la nueva versión: ¡No soy antisemita, soy antisionista! Este mal nos persigue desde hace 71 años.

Comienzan las persecuciones y matanzas en África, donde nació la operación Hermanos, la Operación Moisés y la Operación Salomón. Todas ellas para salvar a los judíos de Etiopía (a quienes se consideran los descendientes de la Reina de Saba). Comenzaron las persecuciones en los países árabes del norte de Africa, en los países asiáticos de la Eurasia y Medio Oriente (Principados, Emiratos y otros sistemas de gobierno árabes). Por problemas internos o externos también en Irán, Irak, Siria, Líbano… En estos años nació ISIS que llevó a un fundamentalismo religiosos destructivo (todos los fanáticos son nocivos sea donde fuera que se establezca su fanatismo).

El mundo árabe casi no tiene comunidades judías. Por persecución, exterminio o miedo a cualquiera de ellas, los que pudieron, emigraron. Pero en los países que les dieron refugio aparecieron los ataques a las comunidades, atentados personales a miembros de una comunidad judía, a una familia, a un colegio o a un cementerio. Determinados movimientos políticos, latinoamericanos, que tienen lazos profundos con el terrorismo iraní, Hamás, Hezbollah y otros, se muestran abiertamente con representantes de estos grupos terroristas sin pudor ni tapujos. El antisemitismo a veces disfrazado de antisionismo participa activamente en cartelería, pintadas y cánticos culpando a los judíos del mal de su país, del continente y el deseo del Poder Judío Mundial. Se vienen aires extraños en Latinoamérica. Hay una lucha por no permitir el ingreso del castro chavismo en las manifestaciones antigubernamentales. Sabemos que están allí, despiertos, interviniendo, emitiendo consignas anti judías. Eso se esparce como polvo en el viento. Mantengámonos atentos y alertas. Nada sucede porque sí….■