Ni conflicto ni economía: la religión, tema central en las elecciones israelíes

Post thumbnailUn soldado y un judío ultraortodoxo junto a un afiche electoral en Jerusalén Foto: REUTERS/Ammar Awad
Tras ser el detonante que desencadenó la repetición de las elecciones, la religión se ha consolidado como un pilar fundamental en el escenario político israelí.

En un contexto de tensiones en la frontera norte con Hezbollah, en el sur con las organizaciones terroristas islámicas de la Franja de Gaza y en el oeste con una ola creciente de ataques en Judea y Samaria (Cisjordania), el asunto más utilizado por los candidatos en la recta final de la campaña electoral israelí no ha sido el conflicto o la seguridad sino qué tipo de judaísmo pretenden para el Estado.

Ultraortodoxos (o haredíes) por un lado y laicos por otro, parecen haber identificado la religión como un factor fundamental para movilizar al electorado y contar con su apoyo el próximo 17 de septiembre.

A finales de mayo, fue una cuestión religiosa -una disputa en torno a la ley de reclutamiento al servicio militar obligatorio para los judíos ultraortodoxos- la que imposibilitó la formación de una coalición de gobierno.

Avigdor Lieberman, líder del nacionalista secular Israel Nuestro Hogar (Israel Beitenu) y cuya exigencia de la aprobación de aquella ley impidió la formación de un gobierno, ha centrado su campaña en torno a su visión laica de país y, según las encuestas, duplicará sus escaños, pasando de 5 a 10 en una Cámara de 120.

"Como nadie ve una solución al tema del conflicto, se hace difícil conseguir votos con eso para ambos lados del espectro político, entonces lo que hacen los partidos más religiosos y más laicos es hacer campaña en torno a la relación entre la religión y el Estado", explica Yair Sheleg, investigador del Instituto de Democracia de Israel.

La manera en que la campaña se ha estructurado alrededor de estos temas, agrega, es a través del miedo que los políticos buscan transmitir a sus votantes sobre el nivel de religiosidad del Estado.

Mientras unos alertan sobre la creciente influencia de los haredíes (temerosos de dios, ultraortodoxos) en aspectos como la educación y el Ejército, los otros denuncian que, de llegar al poder los partidos laicos, se vería amenazado su estilo de vida.

"La existencia de un monopolio religioso ultraorotodoxo sobre la ley en Israel y la falta de transporte público en Shabat (día de descanso) son temas centrales en esta elección", marca Gilad Kariv, rabino reformista perteneciente al partido izquierdista Unión Democrática, que "trabaja en pos de una realidad más pluralista".

"Nosotros queremos que Israel sea un Estado judío y queremos conservar nuestros derechos", expresa Isaac Pindrus, candidato por Judaísmo Unido de la Torá (Iahadut Hatorá), uno de los dos partidos haredíes y quien confía obtendrán más escaños que los ocho logrados en abril: "El miedo por lo que pasará después del 17 de septiembre sacará a los votantes de sus casas y nos traerá más votos".

Más allá de las distintas ideas de país de los más laicos y los más religiosos, el futuro del Estado depende principalmente de dos partidos: Likud y Azul y Blanco (Kajol Labán).

El primero, liderado por Benjamín Netanyahu, no se reconoce particularmente laico o religioso, pero tiene a los partidos ultraortodoxos como leales socios de coalición.

El segundo, cuyo líder, el ex jefe del Estado Mayor del Ejército Benny Gantz, había evitado pronunciarse en contra de los partidos más religiosos hasta hace pocos días, ha adoptado recientemente un discurso más crítico y mostrado sus intenciones de formar un gobierno laico, incluso aunque suponga hacer coalición con el Likud que pretende desbancar.

Su compañero de fórmula, Yair Lapid, tiene la laicidad como principal bandera de campaña y su presencia en un futuro gobierno resulta un impedimento para la incorporación de los partidos haredíes, algo que imposibilitaría la formación de una coalición de centro izquierda apoyada por los ultraortodoxos que ya se dio en el pasado.

Según Sheleg, las posibilidades realistas de formar coalición serían dos: una entre los partidos de derecha y los ultraortodoxos, liderada por Netanyahu y donde los partidos religiosos obtendrían lo que quieren, y otra, secular, formada por Likud, Azul y Blanco y, potencialmente, Israel Nuestro Hogar, con el interrogante del papel que tendría el actual primer ministro en ese Ejecutivo. EFE y Aurora