Netanyahu entre el aplauso y la condena

Post thumbnailFoto: Oded Balilty / Pool via REUTERS
Son hoy horas determinantes en el trayecto personal y político de Benjamín Netanyahu. Cuando se pasa revista a su larga trayectoria muy pocos pueden señalar errores o descarríos. Antes al contrario. Sus aciertos son múltiples tanto en el fortalecimiento económico y militar de Israel como en la distinguible presencia del país en el mundo. Hechos y cifras lo revelan: el crecimiento sostenido del producto nacional, las innovaciones tecnológicas que suscitan difundida admiración al tiempo que amplían las opciones y el bienestar de la población, una temible capacidad militar que frena y enfrenta las multiplicadas amenazas de países vecinos, el respaldo a movimientos de liberación en África y los entendimientos discretos con Arabia Saudita y con otros países geográficamente cercanos a ésta.  Enumeración que podría con sólidas bases extenderse.

Por estos notables alcances de su liderazgo, futuros biógrafos e historiadores señalarán a Netanyahu como un líder muy cercano a la estatura de personajes como Ben Gurión, Shimon Peres y Menajem Beguin que modelaron -cada uno con su particular estilo y rumbo- el perfil nacional. Y cabe suponer que, después de una necesaria pausa personal y política, podría bien merecer el cargo presidencial.

Sin embargo, estas evaluaciones y perspectivas se precipitarán a un odioso vacío si maliciosamente persevera en el afán de formar una conveniente coalición gubernamental que lo libere de la presentación ante los tribunales por causa de delitos que habría cometido. Un acto que cambiará radicalmente el juicio de los que habrán de calibrar en el devenir su trayectoria política. Por añadidura, permitirá y legitimará la tolerancia a otros que han cometido probados delitos.

Será entonces Netanyahu históricamente censurado sin relación alguna con los logros que ha alcanzado durante su largo gobierno. Y circunstancias personales y familiares -incluyendo su densa fortuna personal- que hasta hoy han sido evaluados con relativa discreción y mesura, alcanzarán malignas interpretaciones.

El actual y costoso torneo electoral debe continuar con previsibles altibajos. Y es tiempo para que Netanyahu anuncie sin reservas la voluntad de presentarse ante los jueces independientemente de sus resultados. De lo contrario no sólo la democracia israelí se verá en grave peligro; también su trayecto personal merecerá un sombrío juicio. Aplauso o condena: está en sus manos.