La Roca de la Independencia de Israel

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El Día de la Independencia de Israel conlleva una sutil intervención de lo Alto de la cual no podemos abstraernos. La Independencia de Israel, con mayúsculas, está relacionada con la esperanza del Pueblo de Israel a lo largo de toda su milagrosa historia. Una independencia que no podría haber sido efectiva sin la patente intervención del Invisible.

La celebración de Iom Haatzmaut es una señal de los tiempos de la trascendencia que tuvo Israel en el pasado, presente y futuro como nación libre, independiente y luminosa en el sentido más amplio de la palabra. Luz a las Naciones es la mejor definición que se puede hacer de Israel y sus gentes. Una luz atemporal que lleva guiando al mundo, cual faro de los tiempos, en las espesas noches de los oscuros aconteceres históricos, que han modelado a la humanidad. El Cielo ha dejado un patrón para que las naciones progresen y sean mejores en todos los niveles que consideremos. Un patrón que ha modelado a todos los seres humanos, aunque muchos no lo quieran reconocer, ni aceptar.

El Día de la Independencia de Israel representa todos los anhelos del Pueblo Judío, pero también del resto de naciones que buscan la plena independencia de otros a los cuales están sometidos de una forma o de otra. La misma creación aspira a ser libre de contaminación ambiental, de la esquilmación de los recursos terrestres y marítimos. Unos recursos que fueron entregados al hombre, entiéndase hombre y mujer, para ser administrados sabiamente. Los intereses comunes que tenemos como seres humanos demandan que seamos independientes de todo lo negativo que se mueve a nuestro alrededor. La independencia no es solo una cuestión política, geográfica o cultural. La independencia es sobre todo ser libres para liberar a otros.

En este tiempo del año donde hacemos la Cuenta del Omer nos dirigimos hacia la libertad expresada en forma de Ley. Unas enseñanzas que cambiaron la humanidad y que la siguen cambiando. No hay libertad e independencia sin leyes justas que la sustenten. Israel ha sido puesto en la historia para ser libre e independiente y para liberar a otros pueblos. En la salida tumultuosa de Egipto gentes esclavizadas de otras muchas naciones también alcanzaron la libertad y la independencia de la opresión del faraón de turno.

En los días que van desde Pésaj a Shavuot también la historia de Israel se relata de generación en generación con alegría y con lágrimas. Iom Haatzmaut es sin duda la festividad moderna, de carácter nacional, que más sentimientos encontrados produce. No hay Iom Haatzmaut sin antes pasar por Iom HaZicarón el “día de conmemoración nacional en Israel para recordar a todos los soldados y personas que perdieron la vida durante la lucha para defender el Estado de Israel”. El dolor y la alegría se entremezclan en unos días de conmemoraciones nacionales, recuerdos personales y esperanzas compartidas. El sonido de las sirenas en Iom HaZicarón pondrá en pie, honrando a los caídos por Israel, a todo un pueblo que sabe lo que cuesta ser libres e independientes.

La independencia de Israel ha costado las conocidas expresiones de sangre, sudor y lágrimas, muchas lágrimas. A pesar de todo el Faro de los Tiempos, que representa el conjunto del Pueblo de Israel, debe seguir iluminando con esfuerzo y valentía a un mundo que se debate entre la opresión, el miedo y la agonía de los padecimientos provocados por aquellos que no tienen compasión de su prójimo. El mundo necesita la luz de la única nación que ha sobrevivido al exilio forzoso durante siglos y que de nuevo ha sido restituida a su bendita independencia. Una nación que un día por boca de David Ben Gurión supo levantarse y decir “Depositando la confianza en la «Roca de Israel», suscribimos esta declaración en la sesión del Consejo provisional de Pueblo sobre el suelo de la patria, en la ciudad de Tel Aviv, la víspera del shabat, 5 del mes iyar de 5708 (14 de mayo de 1948)”.

La Roca de Israel es la sólida base donde se continúa construyendo el moderno Estado de Israel. Una Roca que para algunos es invisible, pero que para otros muchos es indivisible de su Pueblo y de su capital Jerusalén. Una fortaleza emocional, de fe que mantiene fuerte y unido a un Pueblo que celebra su Independencia del mundo y su Dependencia, también con mayúsculas, del Cielo.■