La peregrinación judía a la Ghriba en Túnez recupera fuerza tras años de crisis

Post thumbnailSinagoga El Ghriba Foto Bellyglad Wikimedia CC BY 2.0
Cientos de judíos tunecinos y procedentes de la diáspora en Rusia, otros países de Europa e Israel celebraron en la isla de Yerba la fiesta de Lag Ba'omer, que ha recuperado impulso y desde llenó de música y diversión la sinagoga de Al Ghriba, la más antigua del norte de África.

Según la tradición, la peregrinación se celebra cada año en el día 33 de la Pascua judía y rememora el final de la epidemia de peste que, al parecer, segó la vida de 24.000 pupilos de Rabí Akiva (50-135 de la era común), uno de los eruditos judíos más importantes.

A partir de este día, los peregrinos pueden entregarse a la celebración, las parejas pueden celebrar sus bodas y los hombres afeitarse la barba.

Para Victor Trabelsi, presidente de la comisión de organización, la peregrinación a la Ghriba ha superado el periodo de crisis fruto de la situación de inseguridad que ha vivido Túnez en los últimos años -con una serie de atentados jihadistas- y ha recuperado impulso con más de 5.000 visitantes, el doble que el año anterior.

"Aunque todavía se está lejos de las cifras anteriores a la revolución, cuando llegaban cada año 8.000 personas", explica en el complejo que rodea la sinagoga.

Una época en las que las fuerzas de seguridad de Zinedin el Abedin Ben Ali, el dictador derrocado en 2011, convertían la isla en un fortín para evitar atentados como el que en 2002 perpetró la red terrorista Al Qaeda junto al templo y que acabó con la vida de veintiuna personas.

Un dispositivo de seguridad, con cientos de agentes especiales sobre el terreno, escáneres y otros obstáculos de acceso a la sinagoga que eran igualmente visibles en toda la isla, situada a unos 600 kilómetros al sur de la capital tunecina.

Dentro del complejo, los peregrinos se entregan a la tradición: encienden una vela y escriben sus deseos en huevos duros que esconden en una cavidad del muro de la sinagoga, a la espera de que se cumplan.

"La mayoría de los deseos son para mujeres jóvenes que siguen solteras o que todavía no tienen hijos", dice una de las peregrinas que aguarda la fila para depositar su bolsa de huevos. "Hay que creer, pero sobre todo hay que ser agradecido", agrega.

Al otro lado de la puerta, frente al templo, en la "oukala", el recogimiento de la oración se transforma en música tradicional tunecina que suena sin cesar mezclándose con el olor a barbacoa y la cerveza local, que se bebe por doquier.

En uno de sus patios, que sirve de comedor, una pareja de amigas charlan sobre los viejos tiempos.

Lisa Seror es una tunecina judía llegada desde París y actriz de la popular cinta franco-tunecina de los noventa "Un verano en la Goulette", que reflejó la convivencia entre judíos, musulmanes y católicos que vivían por aquel entonces en el país.

Peregrinación a la Ghriba Foto: Wikimedia Chesdovi CC BY 2.5


Frente a ella, Hiya, una tunecina de confesión musulmana que reside en la capital y que desde hace tres años acompaña a su amiga en este peregrinaje.

"Hace cuarenta años que somos amigas y decidimos hacer el peregrinaje juntas para celebrarlo", afirma con orgullo.

Para Seror, esta peregrinación va más allá de la religión porque "una vez que llegas a la Ghriba todo desaparece, es un grito de amor de aquellos que viven aquí y de los que vienen de fuera, como si se tratara de una gran familia que vuelve a reunirse".

"Como en una familia, nadie dice quién es qué, lo importante es que estamos juntos", subraya.

Susie, llegada desde París, asegura que "el tiempo se ha parado en la Ghriba".

"Venía todos los años cuando era niña, pero ahora hacía veinte años que no ponía un pie aquí. Nada ha cambiado, todo está exactamente igual", manifiesta mientras mira a su alrededor.

Junto a ella, su sobrina Bárbara, franco-tunecina en la veintena, que visita por primera vez el lugar, recalca: "La Ghriba es un lugar muy apreciado por mi familia, han estado viniendo aquí durante años para pasar sus vacaciones y ahora entiendo lo que significó para ellos. Es muy emotivo".

Pero no solo los peregrinos se acercaron a este lugar, considerado uno de los principales centros del judaísmo en el norte de África.

También cientos de visitantes curiosos que parecen predecir la recuperación definitiva de la temporada turística que, según el Ministerio de Turismo, alcanzará este año los 8 millones de viajeros.

Esto se perfila como el aparente ansiado final tras una crisis en el sector, hundido por los atentados jihadistas de 2015, que costaron la vida a 72 personas, 60 de ellas turistas extranjeros. EFE