La Parashá de la Semana - Rabino Yerahmiel Barylka

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Parashat Vayishlaj - Los conflictos morales

Mientras nos encontramos en un quebradizo alto el fuego con el Hamas, merecemos meditar en la lectura de este shabat en el que aparece el dilema que plantea la lucha con el enemigo.

Los soldados y los pueblos temen por su derrota, pero no menos, sienten angustia moral ante la victoria.

Cuando Yaakov se encuentra en camino a su casa después de una ausencia de 22 años, se entera que Esav sale a su encuentro con una fuerza de 400 hombres. Está aterrorizado.

Yaakov sabe que muchos años antes, su hermano estaba simplemente esperando la muerte de su padre Ytzjak para vengarse de su hermano mellizo. Su gran contingente de personas armadas sugirió a Yaakov que Esav tenía intenciones violentas. Yaakov se prepara. Según nuestros sabios hizo provisiones para la guerra, dividiendo a su gente en dos bandos, con la esperanza de que al menos una parte sobreviviera, invoca a Dios para protegerlo y envía regalos con la esperanza de calmar la ira de Esav.

Pero, una frase particular de la Torá llamó la atención de los sabios: “Entonces Yaakov tuvo mucho temor y se angustió; y dividió la gente que estaba con él, y las ovejas, las vacas y los camellos, en dos campamentos…” (Bereshit 32: 7). Uno de los dos ejes de la frase parece redundante. Si Yaakov tenía miedo, estaba afligido, y si estaba desesperado, tenía miedo. ¿Por qué usar las dos afirmaciones en el texto bíblico que no gasta ni una letra sin sentido? El midrash nos explica: Yaakov tenía mucho miedo – por el recelo que lo mataran, pero estaba angustiado – porque quizás él debía asesinar (Rashí)”.

El temor de Yaakov era físico - el miedo a la muerte. Su angustia, sin embargo, era moral – el temor de que él mismo podría verse obligado a matar a su hermano.

Pero esto, como señalan los comentaristas, es desconcertante. Hay una regla en la ley judía que si alguien viene a matarte, puedes adelantarte y matarlo (Sanedrín 72a). Este es un principio básico de la defensa propia, sin la cual no puede haber derecho a la vida.

¿Por qué entonces Yaakov estaba afligido por su temor de estar obligado a matar para sobrevivir? Si, en la lucha, se vio obligado a matar a Esav para proteger su propia vida, él estaría actuando plenamente en su derecho. Esta es la respuesta sugerida por el rabino Shabetai ben Joseph Bass (1641–1718) en Siftei Jajamim comentario a Rashí. Se podría argumentar que Yaakov seguramente debería haber tenido ningún reparo en matar a Esav, porque [el Talmud] afirma explícitamente: Si uno viene a matarte, defiéndete matándolo; No obstante, Yaakov, efectivamente, tenía reparos. Temía que en la refriega podría matar a algunos de los hombres la de Esav, que no tenían la intención de matar a Yaakov, pero se limitaban a luchar contra los hombres de Yaakov. Y aunque los hombres de Esav perseguían a los hombres de Yaakov, y todas las personas tienen el derecho a conservar la vida de la perseguirse a costa de la vida del perseguidor, no obstante, existe una disposición: si el perseguido se podría haber salvado sin proceder a mutilar a un miembro del perseguidor, o sin matarlo, se hace responsable a la pena capital por ese motivo. De ahí que Yaakov estaba justamente angustiado por la posibilidad de que, en la confusión de la batalla, podría matar a algunos de los hombres de Esav en vez de haberlos sujetado para sólo infligir una lesión o para llevarlos como cautivos.

Las reglas de legítima defensa no son un permiso abierto para matar. Uno se limita a la mínima fuerza necesaria para protegerse del peligro.

La angustia de Yaakov se debió a que él podría matar a alguien cuando con una lesión simple habría sido suficiente para neutralizarlo. Esta es la ley que restringe lo que hoy se llama daño colateral; el asesinato de civiles inocentes, aunque llevado a cabo en el curso de defensa personal.

Los sabios dicen algo similar en la frase inicial de Bereshit 15. En el capítulo anterior describe victoriosa guerra de Abraham contra los cuatro reyes, llevadas a cabo para rescatar a su sobrino Lot. Entonces leemos: Después de esto, la palabra de Dios vino a Abram en una visión. Él dijo: No temas, Abram, yo soy tu escudo. Su recompensa será muy grande ;(Bereshit 15: 1).

La pregunta es obvia: ¿de qué temió Abraham? Acabó victorioso en la batalla. No tenía motivo para no tenerlas todas consigo. Por ello, los comentarios del Midrash: “Otro motivo de temor de Abram después de matar a los reyes en batalla fue su repentina comprensión de que: Tal vez había violado el mandamiento divino que el Santo, bendito sea, mandó a los hijos de Noaj: El que derrame sangre de hombre, por el hombre su sangre será derramada”. Sin embargo, ¿cuántas personas he matado en la batalla?; (Tanjumá Buber, Lej Lejá 19).

Otro midrash dice algo diferente y más concretamente: “Abraham estaba llena de recelo, pensando para sí: Tal vez había un hombre justo o temeroso de Dios entre las tropas que mató”. (Bereshit Rabá, 44:4).

¿Qué está pasando en el pensamiento de los autores de estas fuentes?

Para responder tenemos que emplear la idea del dilema moral.

Este concepto se utiliza a menudo imprecisamente, en el sentido de un problema moral, una decisión ética difícil. De hecho, significa algo más específico. Un dilema moral surge en los casos de conflicto entre distintas interpretaciones del derecho y del bien y el mal - cuando, hagamos lo que hagamos, estamos haciendo algo que en otras circunstancias no deberíamos hacer. La idea de dilema moral, aparece cuando una persona debe optar entre distintas posibilidades que, de una u otra forma, pueden producir una situación censurable desde el punto de vista ético. En ocasiones, el dilema moral se produce cuando es necesario elegir el mal menor o cuando se trata de un medio punible a nivel ético pero que persigue un objetivo altruista o bondadoso.

El Talmud Yerushalmi (Terumot 8) describe uno de esos casos, cuando un fugitivo de los romanos, Ulla bar Koshev, se refugia en la ciudad de Lod. Los romanos rodean al pueblo, diciendo: Entrega al fugitivo o nos matará a todos. El rabino Joshua ben Levi persuade al fugitivo que se entregue.

Este es un caso complejo, muy discutido en la ley judía, pero es uno en el que ambas alternativas son trágicas. El rabino Joshua ben Levi actúa de acuerdo con la ley judía, pero el profeta Eliyahu le pregunta ¿Es este el camino de los piadosos? [Vezu Mishnat hajasidim?]

Jean-Paul Sartre, al hablar de las decisiones existenciales, dio el ejemplo de un francés durante la guerra que tiene una madre anciana y enferma con nadie más puede cuidar de ella. ¿Se debe quedar con su madre, o debe unirse a la resistencia? O en el caso, tan común de plantearnos si ¿debemos despedir a un trabajador ladrón y deshonesto, con el riesgo que no encuentre trabajo en otro lado, o regañarle sabiendo que igualmente nos seguirá robando? Y, ¿si se trata de un político? O, ¿de un funcionario religioso que se apropia de dinero de tzedaká?

La vida nos presenta muchas situaciones que son particularmente comunes en la vida pública, que a veces se enfrentan a los cursos de acción a largo plazo que pueden parecer positivos, pero con los que podemos sentirnos profundamente inquietos como individuos. No hay respuestas fáciles en estos casos. Si las hubiera, no serían dilemas.

Los dilemas morales, son un hecho de la vida. Hay momentos en que un ser humano bueno, incluso si hace lo correcto, todavía van a experimentar remordimiento o arrepentimiento.

Todavía vamos a sufrir desasosiegos de conciencia a pesar de que sabemos que tenemos justificación en lo que hacemos.

Ese estado de ánimo nació hace miles de años, cuando Yaakov, el padre del pueblo judío, los experimentó y las Escrituras nos las transmitieron.

Y nosotros podemos aprender también de ello.