La Parashá de la Semana - La política de la memoria

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Parashat Ekev. Rabino Jonathan Sacks

En Ekev, Moshé propone una doctrina política de tal sabiduría que nunca podrá resultar redundante u obsoleta. Lo hace mediante un particular contraste entre el ideal al cual ha sido llamado Israel y el peligro que el mismo enfrenta. El ideal es este:
Observen los preceptos que el Señor vuestro Dios les ordenó, caminando por Sus sendas y reverenciándolo. Pues el Señor vuestro Dios los está conduciendo a una buena tierra – una tierra con arroyos y lagunas de agua, con fuentes que manan en los valles y los montes; una tierra de trigo y cebada, vides e higueras, granadas, aceite de oliva y miel; una tierra en la que el pan no escaseará y nada les faltará; una tierra en la que las rocas son de hierro y pueden excavar cobre en los montes. Cuando hayan comido y estén satisfechos, bendigan al Señor vuestro Dios por la buena tierra que Él les ha dado.

Deuteronomio 8: 6-10

Y este es el peligro:
Tengan cuidado de no olvidar al Señor vuestro Dios, no dejen de observar Sus preceptos, Sus leyes y Sus decretos que yo les estoy dando en este día. De lo contrario, cuando hayan comido y estén satisfechos, cuando construyan bellas moradas y se establezcan en el lugar, cuando vuestro ganado y vuestros rebaños hayan crecido mucho y vuestro oro y plata se incremente y todo se haya multiplicado, cuando vuestro corazón se haya enorgullecido y se olvidaren del Señor vuestro Dios que los sacó de Egipto, de la tierra de la esclavitud…pueden decirse “Es mi poder y mi fortaleza las que han producido esta riqueza para mí.” Pero recuerden al Señor vuestro Dios, pues es Él el que les dio la capacidad de producir riqueza y así lo confirma Su pacto, que Él juró ante vuestros antepasados, como es al día de hoy .

Deuteronomio 8: 11-17

Los dos pasajes siguen directamente uno tras otro. Están ligados por la frase “cuando hayan comido y estén satisfechos,” y el contraste entre ellos es un juego entre los verbo “recordar” y “olvidar.”

Buenas cosas, dice Moshé, te ocurrirán. Sin embargo, todo dependerá de cómo respondas. Comerás y estarás satisfecho y bendecirás a Dios, recordando todas las cosas provienen de Él – o comerás y estarás satisfecho y olvidarás a quién debes todo esto. Pensarás que proviene enteramente de tu propio esfuerzo: “Mi poder y la fortaleza de mis manos han producido esta riqueza para mí.” Aunque esto parecería ser una pequeña diferencia, en realidad, dice Moshé, hace toda la diferencia. Sólo alrededor de esto girará tu futuro como nación en tu propia tierra.

El argumento de Moshé es brillante y contraintuitivo. Pueden pensar, dice, que los tiempos difíciles han pasado. Han deambulado durante cuarenta años sin un hogar. Hubo momentos en los que no tuvieron agua ni comida. Estaban expuestos a la intemperie. Fueron atacados por sus enemigos. Ustedes pueden pensar que todo esto era la prueba de su fortaleza. No es así. El verdadero desafío no es la pobreza sino la riqueza, no la esclavitud sino la libertad, no el desamparo sino el hogar.

Muchas naciones se han elevado a grandes alturas cuando enfrentaron el peligro y las dificultades. Superaron las crisis – sequía, plagas, recesiones y derrotas – y fueron fortalecidas por ellas. Cuando los momentos son duros, la gente crece. Zanjan sus diferencias. Hay un sentido de solidaridad y comunidad, vecinos y extranjeros comparten el mismo esfuerzo. Mucha gente que ha pasado por la guerra lo sabe muy bien.

La verdadera prueba de una nación no reside en que puede sobrevivir una crisis sino si puede hacerlo en ausencia de la crisis. ¿Pueden permanecer fuertes durante las épocas de plenitud, poder y prestigio? Ese es el desafío que ha derrotado a todas las civilizaciones conocidas en la historia. No permitas que eso, dice Moshé, sea la causa de tu derrota.

La visión de Moshé es impactante. Las páginas de la historia están llenas de reliquias de naciones que en su momento parecían inexpugnables, pero que eventualmente declinaron, cayeron y quedaron en el olvido – y siempre por la razón proféticamente vista por Moshé. Ellos olvidaron. (1) La memoria se disipa. La gente pierde de vista los valores por los cuales alguna vez luchó – justicia, igualdad, independencia, libertad. La nación, luego de las batallas iniciales, se vuelve fuerte. Alguno de sus miembros enriquecen. Se vuelven relajados, auto-indulgentes, super sofisticados, decadentes. Pierden el sentido de la solidaridad social. Ya no piensan que su deber es el de cuidar a los pobres, los débiles, los marginados, los olvidados. Comienzan a sentir que toda esa posición y riqueza es suya por derecho propio. Los lazos de fraternidad y responsabilidad colectiva comienzan a desgastarse. Los menos favorecidos sienten una aguda sensación de injusticia. La escena está preparada para una revolución o una conquista. Las sociedades sucumben a las presiones externas cuando han sido debilitadas por la decadencia interna. Ese era el peligro que vislumbró Moshé y sobre el cual lanzó su advertencia.

Su análisis resultó certero más de una vez, y ha sido confirmado por varios grandes analistas de la condición humana. En el siglo XIV, el estudioso islámico Ibn Jaldun (1332-1406) argumentó que cuando una civilización se vuelve grande, sus élites se acostumbran al lujo y al confort, y el pueblo en general pierde lo que él llamó suasabiya, su solidaridad social. La gente se vuelve fácil presa de un enemigo conquistador, menos civilizado que ella, pero más cohesionado y decisivo.

El filósofo italiano Giambattista Vico (1668-1744) describe un ciclo similar: la gente, dice, “primero siente lo que necesita, después considera lo útil, a continuación se dedica al confort, luego a gozar de los placeres, se pierde en la lujuria y finalmente enloquece dilapidando sus propiedades.” (2) La riqueza conduce a la decadencia.

En el siglo XX pocos lo han descrito mejor que Bertrand Russell en su Historia de la Filosofía Occidental. Él planteó que los dos grandes picos de la civilización fueron alcanzados por la antigua Grecia y la Italia del Renacimiento, pero fue lo suficientemente honesto como para reconocer que las mismas características que las hicieron grandes contenían la semilla de su propia caída:
Lo que ocurrió en el gran momento de la antigua Grecia volvió a pasar en el Renacimiento italiano: las restricciones morales tradicionales desaparecieron porque se las veía asociadas a la superstición; la liberación de las ligaduras produjo individuos vigorosos y creativos, generando un raro florecimiento de genios; pero la anarquía y la traición – el resultado inevitable de la decadencia moral- hicieron que los italianos fueran colectivamente impotentes, y cayeran, como los griegos, bajo el dominio de naciones menos civilizadas que ellos pero no tan carentes de cohesión social.(3)

Moshé, sin embargo, hizo más que producir una profecía y una advertencia. También enseñó cómo se podía evitar esa situación, y aquí también su percepción fue tan relevante entonces como lo es ahora. Habló de la importancia vital de la memoriapara la salud moral de la sociedad.

A través de la historia ha habido muchos intentos de asociar la ética a los atributos esenciales de la humanidad. Algunos, como Immanuel Kant, la basaron en la razón. Otros la ligaron al deber. Bentham la asoció con las consecuencias (“la mayor felicidad para el mayor número de personas.”)(4) David Hume la atribuyó a determinados sentimientos básicos: la simpatía, la empatía, la compasión. Adam Smith la definió como la capacidad de volver a situaciones determinadas y juzgarlas con desapego (“el espectador imparcial”). Cada una de estas concepciones tiene sus virtudes pero ninguna ha demostrado ser infalible.

El judaísmo adoptó y adopta una postura diferente. El guardián de la conciencia es la memoria. Reiteradas veces el verbo zajor, “recuerda”, resuena a través de los discursos de Moshé en Deuteronomio:
Recuerden que fueron esclavos en Egipto…y que el Señor vuestro Dios les ha ordenado que observen el día de Shabat.

Deuteronomio 5: 15

Recuerden cómo el Señor vuestro Dios los guió a través del desierto durante estos cuarenta años…

Deuteronomio 8: 3

Recuerden, y nunca olviden, el enojo que le provocaron al Señor vuestro Dios en el desierto…

Deuteronomio 9: 7

Recuerden lo que el Señor vuestro Dios le hizo a Miriam en el camino de la salida de Egipto.

Deuteronomio 24:9

Recuerden lo que les hicieron los amalekitas en el camino de la salida de Egipto.

Deuteronomio 25: 17

Recuerden los días de antaño, los años de las épocas pasadas.

Deuteronomio 32: 7

Como observó Iosef Jaim Yerushalmi en su gran tratado ZajorHistoria Judía y Memoria Judía, “Sólo en Israel y en ningún otro lugar existe el mandato de recordar como imperativo religioso de todo un pueblo.” (5) Las civilizaciones comienzan a morir cuando olvidan. A Israel le fue ordenado no olvidar nunca.

En un elocuente pasaje, el estudioso norteamericano Jacob Neusner una vez escribió:
La civilización pende suspendida, de generación en generación, del hilo de telaraña de la memoria. Si solo una pareja de madres y padres fracasa en transmitir a sus hijos lo que aprendieron de sus respectivos padres, la gran cadena de conocimiento y de sabiduría se corta. Si los guardianes del conocimiento humano tropiezan solo una vez, en su caída se colapsa todo el edificio de conocimiento y comprensión.”

La política de la sociedad libre depende de la transmisión de la memoria. Esa fue la visión de Moshé y nos habla a nosotros hoy como entonces, con su fuerza intacta.




Fuentes:

  1. Para un estudio reciente sobre esta idea aplicada a la política contemporanea, ver David Andress, Cultural Dementia: How the West Has Lost Its History and Risks Losing Everything Else [Demencia cultural: como occidente ha perdido su historia y arriega perder todo] (London: Head of Zeus, 2018).

  2. Giambattista Vico, New Science: Principles of the New Science Concerning the Common Nature of Nations [Nueva ciencia: principios de nueva ciencia acerca de la naturaleza común de las naciones] (London: Penguin, 1999), 489.

  3. Bertrand Russell, History of Western Philosophy [Historia de la filosofía occidental](London: Routledge, 2004), 6.

  4. The Collected Works of Jeremy Bentham: A Comment on the Commentaries and A Fragment on Government [Colleción de trabajos de Jeremy Bentham: Un comentarios obre los comentarios y un fragmento sobre el gobierno], ed. James Henderson Burns and Herbert Lionel Adolphus Hart (London: Athlone Press, 1977), 393.