La Parashá de la Semana - Alegría Colectiva

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Parashat Reé - Rabino Jonathan Sacks

Si tuviéramos que preguntarnos cuál es la palabra clave que representa a la sociedad judía en la Tierra Prometida, varios son los conceptos que nos vendrían a la mente: justicia, compasión, reverencia, respeto, santidad, responsabilidad, dignidad, lealtad. Sin embargo, en forma sorpresiva, otra palabra figura centralmente en los discursos de Moshé en Deuteronomio. Es una palabra que aparece solo una vez en cada uno de los otros libros de la Torá: Génesis, Éxodo, Levítico y Números. (1) Pero en Deuteronomio aparece doce veces, y siete en la parashá Reé. La palabra es simjá,alegría.

Es una palabra inesperada. La historia de los israelitas hasta ahora no ha sido alegre. Ha estado signada por el sufrimiento por un lado, la rebelión y el disenso por el otro. Sin embargo, Moshé plantea con toda claridad que es la alegría aquello de lo que se trata en la vida de la fe en la tierra prometida. He aquí siete instancias de esta parashá y sus respectivos contextos:

  1. El Santuario central, inicialmente Shiló: “Ahí, en presencia del Señor vuestro Dios vosotros y vuestras familias comerán y se regocijarán por todo aquello sobre lo que han puesto su mano, pues el Señor vuestro Dios los ha bendecido.” (Deuteronomio 12:7)

  2. Jerusalem y el Templo: “Ahí se regocijarán ante el Señor vuestro Dios, ustedes, vuestros hijos e hijas, vuestros servidores y servidoras y los levitas de vuestras ciudades” (Deuteronomio12:12).

  3. La comida sagrada que solo puede ser ingerida en Jerusalem: “Coman en presencia del Señor vuestro Dios en el lugar que Él elegirá – ustedes, vuestros hijos e hijas, vuestros servidores y servidoras y los levitas de vuestras ciudades – y deberán regocijarse ante el Señor vuestro Dios en todo en lo que han puesto su mano.” (Deuteronomio 12:18)

  4. El segundo diezmo: “Utilicen plata para comprar lo que quieran: ganado, ovejas, vino, cualquier otra bebida fermentada o cualquier cosa que deseen. Entonces ustedes y sus familias comerán allí en presencia del Señor vuestro Dios y se regocijarán.” (Deuteronomio 14: 26)

  5. El festival de Shavuot: “Y regocíjense ante el Señor vuestro Dios en el lugar que Él elegirá como morada para Su nombre – ustedes, vuestros hijos e hijas, vuestros servidores y servidoras, los levitas en vuestras ciudades, los extranjeros, los huérfanos y las viudas que viven con ustedes.” (Deuteronomio 16:11).

  6. El festival de Sucot: “Alégrense en vuestra fiesta – ustedes, vuestros hijos e hijas, servidores y servidoras, levitas, extranjeros, los huérfanos y viudas que viven en vuestras ciudades.” (Deuteronomio 16:14)

  7. Nuevamente en Sucot: “Durante siete días celebren la festividad del Señor vuestro Dios en el lugar, que el Señor vuestro Dios los bendecirá en todas vuestras cosechas y en todo el trabajo de vuestras manos, vuestra alegría será completa (vehaijta aj sameaj) (Deuteronomio 16:15)


¿Por qué enfatiza Moshé específicamente la alegría en el libro de Deuteronomio? Quizás sea porque en sus discursos del último mes de su vida, había escalado a alturas de visión profética nunca igualadas hasta entonces y tampoco después. Es como si, parado en la cima de la montaña, viera desenvolverse ante sí todo el curso de la historia judía, y desde esa altura mareante trajera un mensaje para el pueblo reunido en su derredor: la generación siguiente; los hijos de aquellos a los que había guiado en la salida de Egipto, el pueblo que cruzará el Jordán que él no podrá cruzar y la tierra a lo que no podrá entrar sino solo ver desde la lejanía.

Lo que les dice es inesperado, contraintuitivo. En efecto, lo que dice es lo siguiente: “Ustedes saben lo que sufrieron vuestros padres. Han escuchado sobre su esclavitud en Egipto. Ustedes mismos han experimentado lo que es deambular por el desierto sin casa, refugio ni seguridad. Pueden pensar que esos eran los desafíos difíciles, pero están equivocados. Están por enfrentar desafíos peores. La verdadera prueba es la seguridad y la satisfacción.”

Aunque pueda sonar absurdo, ha demostrado ser real a través de toda la historia judía. Durante los numerosos siglos de dispersión y persecución, desde la destrucción del Segundo Templo hasta el siglo XIX, la continuidad judía nunca se puso en duda.. No se preguntaron “¿Tendremos nietos judíos?” Solo desde que los judíos lograron la libertad y la igualdad en la Diáspora y la independencia y soberanía del Estado de Israel, ha surgido esa pregunta. Cuando los judíos tenían pocos motivos para agradecer a Dios, lo hicieron, rezaron a Él, e iban a la sinagoga y a las casas de estudio para escuchar y obedecer Su palabra. Cuando tuvieron todos los motivos para agradecerle, muchos le dieron la espalda a ambas instituciones.

Moshé estaba dando una expresión profética a la gran paradoja de la fe: es fácil hablar con Dios desde las lágrimas. Es más difícil servir a Dios en alegría. Es la advertencia que le hizo al pueblo cuando su lugar de destino, la Tierra Prometida, estaba a la vista. Una vez allí, existía el peligro de olvidar que la tierra era de ellos solo por la promesa de Dios, y solo mientras ellos recordaran su promesa a Dios.

Simjá se traduce habitualmente como alegría, regocijo, felicidad, placer o encanto. En realidad simjá tiene un matiz intraducible. Alegría, regocijo, placer o encanto son, como todos los estados de la mente, emociones. Significa que corresponden al individuo. Podemos experimentarlas en soledad. Por el contrario, simjá no es una emoción privada. Equivale a una alegría compartida. Es un estado social, el predicado del sujeto “nosotros”, no “yo.” No hay tal cosa como sentir simjá en soledad.

Moshé elabora reiteradamente este concepto. Cuando te regocijes, dice repetidas veces, deben ser “ustedes, vuestros hijos e hijas, vuestros servidores y servidoras, los levitas, los extranjeros, los huérfanos y viudas que viven en sus ciudades.” Un tema clave de la parashá Ree es la idea del Santuario central “en el lugar que elegirá Dios.” Como sabemos por la historia judía posterior, durante el reinado del Rey David, ese lugar era Jerusalem, donde el hijo de David, Salomón, eventualmente erigió el Templo.

Lo que está articulando Moshé por primera vez es la idea de simjá como regocijo comunitario, social y nacional. La nación debía unirse no solo por las crisis, catástrofes o inminencia de guerra, sino por la celebración colectiva de la presencia de Dios. Dicha celebración debía ser profundamente moral. No solo era esto un acto religioso de acción de gracias, sino también una forma de inclusión social. Ninguna persona debía quedar al margen: el extranjero, el servidor, o los que están solos (el huérfano o la viuda). En un pasaje destacado de Mishné Torá, Maimónides destaca este punto en forma enfática.

Y mientras uno come y bebe, también es su deber alimentar al extranjero, al huérfano, a la viuda, y a otras personas pobres y carenciadas, pues el que cierra la puerta de su casa y come y bebe con su esposa y su familia sin dar algo de comer al pobre y al de alma amargada – su comida no será un regocijo del mandamiento Divino sino un regocijo de su propio estómago. Es de tales personas que las Escrituras dicen “Sus sacrificios serán para ellos como el pan de los deudos, todo lo que comen de él será viciado; porque su pan es una desgracia para su propio apetito.” (Hoshea 9:4). El regocijo de este tipo es una desgracia para los que lo practican, como dicen las Escrituras, “Y arrojaré estiércol en vuestros rostros, aún el estiércol de vuestros sacrificios” (Malají 2:3). (2)

La visión de Moshé permanece vigente al día de hoy. Occidente es más acaudalado de lo que ha sido cualquier otra sociedad hasta ahora. Nuestra expectativa de vida es mayor, nuestros niveles de vida más altos, nuestras posibilidades de elección más amplias que las de cualquier Homo Sapiens que anteriormente haya pisado la tierra. Pero las sociedades occidentales no son, dentro de lo mensurable, más felices. Los índices más evidentes de infelicidad – el exceso de alcohol, las drogas, enfermedades depresivas, síndromes relacionados con el estrés, desórdenes alimenticios, etc. – se han incrementado entre el 300 y el 1000 por ciento en el lapso de dos generaciones. ¿Por qué?

En 1968 me reuní por primera vez con el Lubavitcher Rebe, Rab Menajem Mendel Schneerson, de bendita memoria. Mientras estaba allí, el Jasid me contó la siguiente historia. Un hombre le escribió al Rebe algo así: “Yo estoy deprimido. Yo estoy solo. Yo siento que mi vida no vale nada. Yo trato de rezar, pero no me salen las palabras. Yo cumplo con las mitzvot pero no encuentro paz. Yo necesito la ayuda del Rebbe.” El Rebe le mandó una respuesta brillante, sin escribir una sola palabra. Simplemente subrayó la primera palabra de cada frase y le mandó la carta de vuelta. La palabra subrayada en cada caso era “yo.”

Nuestro consumidor contemporáneo está construido en base a la primera persona singular. Yo quiero, yo necesito, yo debo tener. Hay muchas cosas que se pueden lograr con la primera persona del singular pero hay una que no es posible: principalmente, simjá – porque simjá es la alegría que solo logramos porque la compartimos. Ese, dijo Moshé antes de que los israelitas entraran en su tierra, sería su mayor desafío. El sufrimiento, la persecución, un enemigo común, une a la gente y la transforma en nación. Pero la libertad, la riqueza y la seguridad lleva a la nación a ser un conjunto de individuos, cada uno persiguiendo su propia felicidad, frecuentemente indiferentes al destino de los que tienen menos, los que están solos, los marginados, los excluidos. Cuando esto ocurre, las sociedades comienzan a desintegrarse. En el pico de su buena fortuna, comienza el largo y lento proceso de desintegración.

La única manera de evitarlo, dijo Moshé, es compartir tu felicidad con otros, y en el medio de esa celebración nacional colectiva, servir a Dios. (3) Las bendiciones no se miden por cuánto poseemos o ganamos o gastamos, sino por cuánto es lo que compartimos. Simjá es la marca de una sociedad sagrada. Es el sitio de la alegría colectiva.




Fuentes:

  1. Génesis 31:27, Éxodo 4:14, Levítico 23:40, Números 10:10.

  2. Maimónides, Mishné Torá, Hiljot Iom Tov 6:18

  3. El gran sociólogo francés Émile Durkheim (cuyo padre, abuelo y bisabuelo fueron rabinos) argumenta en The Elementary Forms of the Religious Life [Las formas elementales de la vida religiosa] (traducción de Karen E. Fields [Nueva York: Free Press, 1995]), que la religión nace en la experiencia de “efervecencia colectiva”, que está muy relacionado con simjá en el sentido bíblico.