La liberación de Naama Issachar … algo más que eso

Post thumbnailNaama Issachar Foto: Facebook
Naama Issachar es una joven israelí de 26 años que fue detenida en abril de 2019 en el aeropuerto de Moscú, en tránsito, con conexión para otro vuelo. Se le requisaron en su equipaje 9 gramos de marihuana, se le acusó de contrabando y tráfico. Condena de 7 años y medio de prisión.

La familia de esta señorita inició y mantuvo una campaña de medios de alta factura, alegando que esta era una sentencia desproporcionada. Además de las dudas respecto a si el alijo fuera propio o sembrado, las relaciones con otros casos de detenidos que sugerían que podría ser una ficha de negociación y otras tantas conjeturas no documentadas, la verdad es que Naama Issachar no tiene antecedentes y no parecía justa la decisión, además de todos los agravantes respecto a la localización de la prisión, el trato dispensado y una serie de situaciones alrededor.

El 30 de enero de 2020, una semana después que Vladimir Putin hubiera estado en Jerusalén, para la conmemoración de los 75 años de la liberación del campo de exterminio de Auschwitz, Benjamín Netanyahu se traía de vuelta de Moscú a Israel a Naama Issachar. La presión de medios, la intermediación del Primer Ministro israelí con Putin, dio resultados. Se consiguió el perdón necesario para la liberación.

Se sabe que hay muchos casos de prisioneros en situación injusta, de condenas amañadas. De entuertos. Pero este caso llama la atención, muy especialmente en estos días cuando el recuerdo de lo ocurrido en la Segunda Guerra Mundial a seis millones de judíos ha estado muy presente en muchos países y en toda la media internacional.

Hace todavía escasas décadas, que no siglos, los judíos eran considerados algo menos que animales. Un hijo de sobreviviente de la Shoá, Holocausto, mencionaba que su padre se conformaría con saber que sus propios padres y familia, hubiesen muerto antes de ser enterrados, porque muchas veces la maquinaria de la muerte enterraba a seres vivos. En las sociedades de hace unos años, en Europa, los judíos no tenían derechos, pocas libertades de movimiento y su acceso al gobierno, la justicia, la ley y todo lo que tuviera que ver con derechos ciudadanos, estaba vedado total o parcialmente, cuando no castigado.

En 2020, a 75 años de la liberación de Auschwitz, aún persiste el odio y ataque a los judíos. En sus formas originales, burdas y descaradas. También desde disfraces intelectuales que se hacen pasar como políticamente correctos, con descalificaciones al Estado Judío, negacionismo de la historia y la presencia de un odio que no desaparece.

Aunque sea quizás algo menos llamativo para otros pueblos y naciones, para los judíos, creo que la mayoría, la situación de ver a un Primer Ministro del Estado Judío abogar por la libertad de un ciudadano de su país, codearse de igual a igual con el presidente del país más poderoso del planeta para ir a buscar luego, en su avión de bandera azul y blanca, a Naama Issachar de las manos de otro presidente de país poderoso e influyente, es sencillamente de ensueño. Tiempos mesiánicos. De redención.

Ayer éramos perseguidos y asesinados. Sin piedad, y sin nadie que levantara la voz por cientos, miles y millones de víctimas. Hoy damos Gracias a Di-s por tener un Estado que además de existir, permite que los judíos existan y sean respetados en todas partes. Es natural, es el derecho de todos los pueblos…. Pero no ha sido nada trivial para los judíos.

Existe un mandamiento bíblico de liberar a los prisioneros. El gobierno de Israel lo logró, para beneplácito de una familia aturdida y sufriente, y para bien de la prisionera misma. Pero el contexto de lo logrado, en la semana de conmemoración de los 75 años de la liberación del campo de la muerte de Auschwitz, y el despliegue de personalidades que visitaron a Israel y las visitas de Benjamín Netaniahu a Washington y Moscú… rebasa los alcances del hecho en sí.

Que fresquito da a los judíos que exista Estado Judío… ■