La cáscara: crisis del neocolonialismo iraní en Oriente Medio

Post thumbnailIraquíes llevan el féretro de un manifestantes asesinado en las protestas frente al consulado iraní en Kerbala Foto: REUTERS/Abdullah Dhiaa al-Deen
El experto Jonathan Spyer ha descrito en detalle el sistema neocolonial por medio del cual el régimen iraní controla a países tales como el Líbano e Irak, a través de sus satélites o milicias chiís aliadas –Hezbollah en el primer caso y las Unidades de Movilización Popular (al Hash al Shaabi) en el segundo-, que convierte a las estructuras estatales locales en prácticamente una “cáscara”, facilitándose de esa manera, en esos territorios, la promoción de los intereses de Teherán.

Las movilizaciones populares tanto en el Líbano como en Irak, desatadas por el descontento, están amenazando precisamente, en forma consciente o inconscientemente, al “sistema”. Y tal vez no sea casualidad que todo esto ocurra justamente cuando Estados Unidos exhibe señales inequívocas de su intención de abandonar el Oriente Medio.  Probablemente, la retirada norteamericana está dejando en evidencia el carácter parasitario y superfluo del naciente “imperialismo” iraní en la región.

Mientras tanto, los comentaristas se muestran indecisos a la hora de predecir si la intensificación de la revuelta popular en los países árabes vecinos obligará a Teherán a recluirse en sus problemas internos o si por el contrario aumentará la probabilidad de un enfrentamiento con Israel, como huida hacia adelante –es decir como una forma de escapar de la situación de aflicción-.

Las Fuerzas de Defensa de Israel están tratando de impedir que Irán se afiance militarmente en Siria e Irak y de frustrar el proyecto de fabricación de misiles guiados de precisión de Hezbollah en el Líbano.

En este sentido, el ex embajador de Israel en Washington, Michael Oren, ha apuntado en la revista norteamericana “The Atlantic” la preocupación de que un error de cálculo por parte de Jerusalén, pueda conducir a una lluvia de hasta cuatro mil cohetes diarios sobre el Estado judío, abrumando sus defensas antiaéreas.

Mientras tanto, el sistema político israelí parece empantanado a la hora de formar el nuevo gobierno debido a las dificultades de los líderes de los partidos políticos para alcanzar un acuerdo de compromiso. Se trata de un enredo que podría empujar a los ciudadanos por tercera vez en el año a las urnas, y ni siquiera se puede garantizar que tal vez entonces se destrabe el embrollo.