La agricultura israelí en el contexto del cambio climático: Desde Vunidogoloa a Tel Aviv

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No nos extraña escuchar a la gente que comenta que el clima se volvió loco. Vivimos con la sensación que cada verano es más caluroso que el anterior, escuchamos acerca de las olas de calor en Europa durante el presente verano y con ellos incendios de bosques. Durante los inviernos aumentan las intensidades de las tormentas de nieve que logran paralizar grandes ciudades, tormentas tropicales, huracanes, tornados, etc. ¿Son estos fenómenos climáticos parte del ciclo normal del clima? ¿Son estos fenómenos parte del proceso conocido como cambio climático?

¿QUÉ ES EL CAMBIO CLIMÁTICO?

El cambio climático es un proceso en el cual se producen cambios en los patrones climáticos en una región que perduran 30 o más años. Es importante evitar la confusión existente entre cambio climático y calentamiento global. Este último hace referencia al proceso por el cual existe un aumento de la temperatura del planeta que persiste por un periodo de 10 o más años.

Científicos coinciden en que la causa principal del cambio climático es la quema de combustibles fósiles que producirá la liberación a la atmósfera del gas dióxido de carbono. Este es un gas de efecto invernadero como son también el Metano y el Óxido Nitroso, que fundamentalmente son producto de las actividades agropecuarias. Estos gases forman parte de la atmósfera que está compuesta por diferentes gases en diferentes proporciones y que se encuentran en equilibrio.

La atmósfera permite la retención de parte del calor emitido por el sol. De no existir este efecto, la temperatura del planeta sería menor a los 18 0C bajo cero. Este proceso natural por el cual se pueden mantener las condiciones necesarias para el desarrollo de la vida en el planeta es conocido como efecto invernadero.  Cuando existe una descontrolada quema de combustibles fósiles se liberan grandes cantidades de dióxido de carbono, o con actividades agropecuarias que no controlan la liberación de gases de efecto invernadero. Se viola el equilibrio entre los gases de la atmósfera cuyo efecto será la retención de más calor del necesario, produciendo lo que llamamos calentamiento global, que es causante del cambio climático.

CAMBIO CLIMÁTICO, LA SEGURIDAD ALIMENTARIA Y LA AGRICULTURA

La agricultura contribuye y se ve afectada por el cambio climático. Es consenso que la actividad necesita reducir las emisiones de gases de efecto invernadero adaptando los sistemas de producción alimentaria para hacer frente al cambio climático. Paralelamente, el crecimiento de la población durante las próximas décadas, además de los cambios en los hábitos dietéticos que se producen por procesos de urbanización, aumentará la demanda de alimentos.

Según FAO, en el mundo se estima que hasta el año 2050 la demanda de alimentos aumentará más del 60 %. La agricultura es un sector con relativamente alto impacto ambiental, y el desafío será producir más alimentos para suplir el crecimiento de la demanda y paralelamente reducir el impacto ambiental.

¿Es posible? La actividad del sector agrícola y su contribución al cambio climático está relacionada con cada una de las etapas de la cadena de producción: desde la preparación del suelo, el tratamiento de los cultivos durante su desarrollo, la cosecha, el almacenamiento, transporte, elaboración y envase. De manera similar también sucede en la cadena de producción de alimentos de origen animal.

La agricultura tradicional sabe aumentar los rendimientos por intermedio del uso de mayores cantidades de fertilizantes, que como ya fue expuesto, son fuente de producción de gases de efecto invernadero. Además, el uso masivo de fertilizantes es factor de infiltraciones de nitratos al suelo, los cuales contaminan las fuentes subterráneas de agua. En la producción pecuaria es el metano, producto de la fermentación entérica de los rumiantes (también liberado vía estiércol y otros residuos orgánicos) el principal gas de efecto invernadero liberado a la atmósfera. Esta agricultura no es sostenible ambientalmente.

En conclusión, es prácticamente inevitable pensar en una actividad agrícola que no se adapte a los cambios climáticos si desea sobrevivir.  Esta adaptación generará necesidades que probablemente requieran aumento en las inversiones que permitan el desarrollo de herramientas de una agricultura que sepa adaptarse a las exigencias de una actividad con sustentabilidad ambiental.

Debe señalarse que los impactos del cambio climático y su intensidad dependerán de la región y el nivel de desarrollo del país en el cual se presentan estos procesos.  A principios de la presente década, más del 75% de la población definida como pobre vivía en zonas rurales y en su mayoría en países en vías de desarrollo, de aquí que los impactos del cambio climático se reflejaran de manera desproporcionada en el bienestar de los pobres en zonas rurales, haciendo más difícil el combate a la pobreza (Field et al.,2014).

No menos importante será el efecto social del cambio climático. Por una parte, existirá la reducción de áreas dedicadas a diferentes cultivos que deberán migrar a otras zonas menos hostiles. Se estima que la reducción de las áreas sembradas generara un aumento de los precios. A este hecho se sumará el aumento en la demanda de alimentos generada por el aumento de la población. Menos áreas, menos rendimiento y mayor demanda serán causantes de aumentos en los precios. Deberá tenerse en cuenta que otro de los efectos económicos de importancia es el causado por la migración de poblaciones en busca de zonas en las cuales puedan continuar con la actividad agrícola.

La actividad agropecuaria es de las más vulnerables a los cambios climáticos y en general el impacto sobre las producciones es negativo, ya sea por aumentos de temperaturas o lluvias excesivas en el momento de las cosechas o al momento de preparar las tierras para la siembra. El aumento de temperaturas limita la producción de determinados cultivos y puede provocar la proliferación de plagas y enfermedades. Diferentes modelos muestran fuertes reducciones de los rendimientos de cultivos de secano o bajo riego con el avance del cambio climático. Estos cambios impactarán negativamente en la estabilidad de las reservas alimentarias y amenazan a la seguridad alimentaria.  Una crisis alimentaria es causa de inestabilidad política y económica.

LA AGRICULTURA ISRAELÍ Y EL CAMBIO CLIMÁTICO

Se prevee que como consecuencia del cambio climático, la temperatura promedio aumente hasta el año 2020 en 1.5 0C en referencia a los promedios del periodo 1960-1990 y en 5 0C hacia fines del presente siglo. Como consecuencia de ello existe un aumento constante en el consumo de energía generado por la necesidad de controlar las condiciones climáticas dentro de fincas lecheras, gallineros o invernaderos.

Se suma a este aumento de temperatura una reducción del 10% en la cantidad de precipitaciones promedio hasta fines de la presente década y hasta un 20% a mediados del presente siglo. Este fenómeno sumado a la disminución en la calidad de las aguas subterráneas podría generar una disminución del agua disponible de hasta un 25%. Se estima que la estación seca se prolongará y con ella daños a los cultivos.  Además, debido a la disminución de las precipitaciones, las fechas óptimas de siembra se postergarán,  que comportará un aumento de problemas relacionados con el momento adecuado de fumigaciones, actividades relacionadas con control biológico de plagas o polinización.

El límite del desierto se extenderá hacia el norte del país, lo cual generará un aumento en la demanda de agua para riego que probablemente no pueda cubrirse, y como consecuencia de ello disminuirán los rendimientos.  En referencia a las actividades pecuarias, se estima un importante descenso en la oferta de forrajes y con ello un aumento en el precio de los mismos, aumentos del estrés calórico que durante los veranos provoca disminución de la fertilidad de los animales, fuertes descenso en la producción de leche, reducción de la superficie disponible para pastoreo, etc.

Las implicancias del cambio climático en Israel exigieron del sector agrícola la urgente necesidad de estimar las consecuencias directas sobre la actividad, así como la creación de programas a medio y largo plazo que permitan la sustentabilidad económica y ambiental de la actividad.

Los esfuerzos que el sector realiza actúan a dos niveles. El primero es la inversión en investigación y desarrollo que enfoca su trabajo en la búsqueda de variedades de frutas y hortalizas que se adapten a las condiciones climáticas pronosticadas, eficientes en el uso del agua y conservación del suelo. En la producción animal se encuentra la búsqueda de razas o selección de aquellos animales con mayor resistencia las condiciones de estrés calórico, programas de alimentación de mayor eficiencia energética, digestibilidad y producción.

Otro de los objetivos es la protección y conservación de la biodiversidad, en la cual sobresale el banco de genes existente en el Instituto de investigación agrícola, que posee más de 20.000 tipos de semillas de diferentes especies vegetales de Israel y el mundo.

El segundo nivel de acción es el enfocado en la parte práctica y de adaptación a soluciones ya existentes. En este aspecto, cabe mencionar la reducción del uso de agua potable en agricultura y su reemplazo por agua reciclada. En Israel, aproximadamente 500 millones de m3 de aguas residuales son recolectadas y el 80% de las mismas son usadas en agricultura.  Otros países como España usan el 13% y Australia, Italia y EE.UU. menos del 10% de las aguas tratadas.

El uso masivo de aguas recicladas obliga también a la adaptación de variedades vegetales a la calidad del agua con que estas son regadas. Se invierten importantes esfuerzos en programas de manejo integrado de plagas que reduzcan la cantidad de agroquímicos en favor de sistemas biológicos que no produzcan daño al medio ambiente. Estos esfuerzos son continuamente acompañados por actividades de extensión rural que transmiten las nuevas tecnologías y sistemas de manejo.

UNA CARRERA CONTRA RELOJ

Es posible que los programas que se desarrollen no garanticen todas las soluciones a la problemática generada por el cambio climático, pero sin lugar a dudas brindan importantes herramientas para mitigar los efectos del cambio climático. Israel posee un papel clave en el desarrollo de tecnologías y sistemas de manejo agrícola, que permiten el desarrollo de las actividades agrícolas y ganaderas bajo condiciones climáticas desfavorables, que puedan asegurar el suministro de alimentos en forma sustentable ambientalmente y económicamente.




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* Vunidogoloa  es la primera aldea en Fiji en la cual todos sus habitantes fueron trasladados debido a los efectos del cambio climático.