Koraj: Discusión en aras del cielo - La Parashá de la Semana

“La discusión en aras del Cielo” es uno de los ideales más nobles del judaísmo – la resolución de conflictos honrando ambas partes y utilizando la humildad en la búsqueda de la verdad.
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Parashat Koraj - Rabino Jonathan Sacks
(En Israel se lee esta semana Parashat Jukat)

La rebelión de Koraj no fue sólo la peor de las revueltas de los años del desierto. Además fue diferente por su naturaleza, ya que fue un ataque directo a Moshé y Aarón. Koraj y sus rebeldes aliados acusaron esencialmente a Moshé de nepotismo, de fracaso y sobre todo de fraude – atribuir a Dios decisiones y leyes que Moshé había ideado él mismo para sus propios fines. Tan grave fue el ataque que se transformó, según lo sabios, en el paradigma del peor tipo de desacuerdo.
¿Cuál es la discusión en aras del Cielo? La discusión entre Hillel y Shammai. ¿Cuál es la discusión que no es en aras del Cielo? La discusión de Koraj y sus aliados.

Mishná Avot 5:17


Menahem Meiri (Cataluña 1249-1306) explica esta enseñanza en los siguientes términos:
La discusión entre Hillel y Shammai: En sus debates, uno de ellos propone su decisión y el otro argumenta en contra, con el deseo de descubrir la verdad, no por contradecir o por prevalecer sobre su compañero. Una discusión que no es en aras del Cielo es la de Koraj y sus aliados, porque quisieron socavar a Moshé, nuestro maestro, que descanse en paz, y a su posición, por envidia, rivalidad y ambición de victoria

Meiri, Bet Habejirá (1)


Los sabios estaban trazando una distinción fundamental entre dos tipos de conflicto: la discusión en aras de la verdad y la discusión en aras de la victoria.

El pasaje debe leerse de esta forma debido a la flagrante discrepancia entre lo que dijeron los rebeldes y lo que buscaban. Lo que dijeron fue que el pueblo no necesitaba líderes. Eran todos santos. Todos habían oído la palabra de Dios. No debería haber distinciones de rango ni jerarquía de santidad en Israel. “¿Por qué entonces se han erigido ustedes por encima de la asamblea del Señor?” (Números 16: 3). Pero a través de la contestación de Moshé, quedó claro que él había escuchado algo totalmente diferente detrás de esas palabras:
Moshé también le dijo a Koraj: “¡Ahora escuchad, vosotros, levitas! ¿No es suficiente para vosotros que el Dios de Israel los haya separado del resto de la comunidad de Israel y los haya traído cerca de Él para hacer el trabajo del Tabernáculo del Señor y para pararlos frente a la comunidad a fin de servirles a ellos como ministros? Él los ha traído a ustedes y a todos los levitas para estar cerca de Él pero ahora ustedes están tratando de conseguir también el sacerdocio.”

Números 16:8-10


No es que quisieran una comunidad sin líderes. Más bien, eran ellos los que querían serlo. La retórica de los rebeldes no tenía nada que ver con la búsqueda de la verdad y todo que ver con la búsqueda de honor, status y (como lo vieron ellos) poder. No querían aprender sino ganar. No buscaban la verdad sino la victoria.

Podemos trazar el impacto que causó esto en la secuencia de los eventos que se sucedieron. Primero, Moshé propuso una simple prueba. Que los rebeldes traigan una ofrenda de incienso al día siguiente y Dios mostrará si lo acepta o lo rechaza. Esta es una respuesta racional. Como lo que estaba en juego era lo que quería Dios, que sea Él el que decida. Era un experimento controlado, una prueba empírica. Dios le haría saber al pueblo en forma no ambigua quién tenía razón. Establecería, de una vez por todas, la verdad.

Pero Moshé no se detuvo ahí, como hubiera hecho si fuera solamente la verdad lo que estaba en discusión. Como hemos visto en la mención anterior, ante el disenso de Koraj, Moshé trató de convencerlo, no discutiendo su postura sino hablando del resentimiento subyacente. Le dijo que él había recibido una posición de honor. Puede no haber sido sacerdote, pero era un levita, y los levitas tenían un status sagrado especial no compartido con otras tribus. Le estaba diciendo que esté satisfecho con el honor conferido y que no deje que la ambición lo supere.

Después se dirigió a Datan y Aviram de la tribu de Rubén. Si hubiera tenido la oportunidad, les habría dicho algo distinto, ya que el motivo de su disconformidad era diferente al de Koraj. Pero ellos se negaron rotundamente a encontrarse con él – otra señal de que no estaban interesados en la verdad. Se habían rebelado por la profunda sensación de desprecio que sentían debido a que la tribu de Rubén, el primogénito de Iaakov, parecía haber sido dejada totalmente de lado en la asignación de los honores.

En esta instancia la confrontación se tornó más intensa. Por primera y única vez en su vida, Moshé arriesgó su liderazgo a la aparición de un milagro:
Entonces dijo Moshé: “Por esto sabrás que fue el Señor el que me mandó hacer estas cosas, que no eran de mi propio designio. Si estos hombres mueren de forma natural y sufren el destino de toda la humanidad, entonces el Señor no me ha enviado. Pero si el Señor produce algo totalmente nuevo, y la tierra se abre y traga a todos ellos con todo lo que les pertenece, y caen vivos en su fosa, entonces sabrán que estos hombres han tratado al Señor con desprecio.”

Números 16: 28-30


Apenas había terminado de hablar, “El suelo por debajo de ellos se partió, la tierra abrió su boca y los tragó.” (Números 16: 32) Los rebeldes “bajaron vivos a su tumba” (16: 33). No es imaginable una vindicación más dramática. Dios mostró, sin ninguna posibilidad de duda, que Moshé estaba en lo cierto y los rebeldes no. Pero esto no cerró la discusión. Eso es lo extraordinario. Lejos de disculparse y arrepentirse, el pueblo al día siguiente siguió quejándose – esta vez no por quién debía liderarlos sino por la forma que había elegido Moshé de terminar con la disputa: “Al día siguiente toda la comunidad israelita se quejó ante Moshé y Aarón. ‘Han matado al pueblo del Señor’ dijeron” (17: 6).

Puede que hayas tenido razón, dieron a entender, y que Koraj haya estado equivocado. ¿Pero esa es la forma de ganar una discusión? ¿Haciendo que sus oponentes sean tragados vivos? Esta vez Dios sugirió una forma totalmente distinta de resolver la cuestión. Le dijo a Moshé que cada una de las tribus tome una vara y escriba su nombre en ella, y que las coloquen en la Tienda de Reunión. En la vara de los levitas debía escribir el nombre de Aarón. Una sola vara brotaría, y esa sería la señal de la elección de Dios. Así lo hicieron las tribus y al día siguiente vieron que la vara de Aarón había brotado, florecido y producido almendras. Con eso finalmente se terminó la discusión. (Números 17: 16-24)

Lo que resolvió la disputa, en otras palabras, no fue una demostración de poder sino algo totalmente diferente. No podemos tener la certeza porque el texto no lo aclara, pero el hecho de que la vara de Aarón hubiera producido brotes de almendras parece tener un rico simbolismo. En el Medio Oriente el almendro es el primer árbol en brotar, sus flores blancas señalan el fin del invierno y el comienzo de una nueva vida. En su primera visión profética, Jeremías vio una rama de almendro (shaked) y Dios le advirtió que era una señal de que Él, Dios, lo estaba “mirando” (shoked) para ver si Su palabra era cumplida. (Jeremías 1: 11-12) Las flores del almendro recuerdan las flores de oro de la Menorá (Éxodo 25:31; 37:17) encendida diariamente por Aarón en el Santuario. La palabra hebrea tzitz usada acá para significar “florecer” recuerda el tzitz, el cabezal de oro puro usado como parte del tocado de la cabeza de Aarón sobre el cual estaba inscripta la frase “Santificar al Señor” (Éxodo 28: 36) (3) El florecimiento de la rama de almendra era, por lo tanto, más que una señal. Era el símbolo multifacético de la vida, la luz, la santidad y la presencia atenta de Dios.

Casi se podría decir que la rama del almendro simboliza el deseo de vida sacerdotal como contrapartida del deseo de poder de los rebeldes (4). El sacerdote no gobierna al pueblo, lo bendice. Él es el conducto a través del cual fluyen las energías vitales de Dios. (5)

Él conecta a la nación con la Divina Presencia. Moshé le contestó a Koraj en los mismos términos que Koraj, mediante una demostración de fuerza. Dios le contestó de una manera bastante diferente, señalando que el liderazgo no es autoafirmación sino humildad.

Lo que muestra todo el episodio es la naturaleza destructiva de la discusión que no es en aras del Cielo – o sea, discutir para ver quién vence. En ese conflicto, lo que está en juego no es la verdad sino el poder, y como resultante, ambas partes sufren. Si tú ganas, yo pierdo. Pero si yo gano, también pierdo porque al disminuirte, me disminuyo a mí mismo. Moshé mismo queda disminuido por la acusación de que “has matado al pueblo del Señor.” La discusión en aras del poder es un escenario definitivamente perdedor.

Lo opuesto es el caso de la discusión en aras de la verdad. Si yo gano, yo gano. Pero si pierdo, también gano – porque ser derrotado por la verdad es la única forma de derrota que es también una victoria.

En un famoso pasaje, el Talmud explica por qué la ley judía tiende a seguir los lineamientos de la Escuela de Hillel y no la de su oponente, la Escuela de Shammai:
[La ley es de acuerdo a la Escuela de Hillel] porque ellos eran bondadosos, modestos, porque estudiaron no sólo sus propios fallos sino también los de la Escuela de Shammai, y porque enseñaron las palabras de la Escuela de Shammai antes que las propias. (Eruvin 13b)

Eruvin 13b


Buscaron la verdad, no la victoria. Es por eso que escucharon el punto de vista de sus oponentes y los enseñaron antes de sus propias tradiciones. En las elocuentes palabras del científico contemporáneo Timothy Ferris:
Todos los que genuinamente buscan aprender, sean ateos o creyentes, científicos o místicos, están unidos no en una fe, sino en la fe misma. Su símbolo es la reverencia, su hábito es respetar la elocuencia del silencio. Pues la mano de Dios puede ser una mano humana si te acercas con afectuosa bondad, y la voz de Dios puede ser la tuya si hablas sólo la verdad.

 Timothy Ferris, The Whole Shebang (6)


El judaísmo ha sido llamado alguna vez la “cultura de la discusión.” Es la única literatura que conozco cuyos textos clave – La Biblia hebrea, el Midrash, la Mishná, el Talmud, los códigos de la ley judía y el compendio de la interpretación bíblica – son antologías de discusiones. Esa es la gloria del judaísmo. La Divina Presencia puede hallarse no en esta voz contra aquélla sino en la totalidad de la conversación.(8)

En una discusión en aras de la verdad, ambas partes ganan, porque cada una de ellas está dispuesta a escuchar los argumentos de su oponente, y por lo tanto se engrandece. En la discusión como búsqueda colaborativa de la verdad, los participantes usan la razón, la lógica, textos compartidos y una reverencia común por los textos. No emplean argumentos agresivos, abuso, desprecio o indeseables apelaciones a lo emocional. Cada uno está dispuesto, si fuera refutado, a decir “me equivoqué.” No hay triunfalismo en la victoria, ni enojo ni angustia por la derrota.

La historia de Koraj permanece como el ejemplo clásico de cómo una discusión puede ser deshonrada. Las Escuelas de Hillel y Shammai nos recuerdan que hay otra vía. “La discusión en aras del Cielo” es uno de los ideales más nobles del judaísmo – la resolución de conflictos honrando ambas partes y utilizando la humildad en la búsqueda de la verdad.




Fuentes

  1. Meiri, Beit HaBechira ad loc.

  2. Ver L. Yarden, The Tree of Light (London: East and West Library, 1971), 40-42.

  3. Quizás haya también una insinuación de una conexión con lo tzitzit, los flecos con su hilo celeste, que según el Midrash fue la ocasión para la revuelta de Koraj.

  4. Sobre la relevancia actual de esto, ver Jonathan Sacks, Not in God’s Name (New York: Schocken, 2015), 252-268.

  5. Se viene a la mente la frase de Dylan Thomas “la fuerza que a través de la espiga verde mueve la flor” (del poema del mismo nombre). Así como la vida fluye a través del árbol para producir flores y frutos, una fuerza vital divina fluye a través del Sacerdote para producir bendiciones entre la gente.

  6. Timothy Ferris, The Whole Shebang (Londres: Weidenfeld & Nicolson, 1997), 312.

  7. David Dishon, The Culture of Argument in Judaism [Hebreo] (Jerusalem: Schocken, 1984).

  8. He escrito extensivamente sobre esto en Jonathan Sacks, Future Tense (London: Hodder and Stoughton, 2009), 181-206.