Israel y Venezuela post-pandemia

Post thumbnailManifestación por Venezuela en Tel Aviv, 2019. Foto: Cortesía
La capacidad de respuesta para hacer frente a eventos críticos como la pandemia del Coronavirus 19 que hoy recorre el mundo causando un pánico generalizado y  frente a la cual aún no existe una vacuna que contrarreste sus efectos a  pesar de la velocidad con la cual se están llevando a cabo las investigaciones, varía de un país a otro dependiendo  de la preparación previa, de los recursos del sistema de salud y de la adopción de estrategias exitosas para contener la propagación del virus, las cuales incluyen un conjunto de acciones comenzando por la reacción rápida como el reforzamiento sanitario de los pasos fronterizos terrestres  y en puertos y aeropuertos, la elaboración de pruebas, el aislamiento de los contagiados, el distanciamiento social, la promoción de medidas de higiene y en el caso del sistema sanitario del reforzamiento de la atención primaria y domiciliaria como primera línea de contención, evitando así  el colapso de los centros de salud, del aumento del número de turnos médicos y de la dotación  de camas y ventiladores mecánicos  para elevar el cupo en clínicas y hospitales y la ampliación de la red sanitaria a través de recintos de campaña y modulares.

El segundo frente corresponde a las acciones de carácter económico. De acuerdo con la Organización Internacional del Trabajo (OIT) solo entre abril de este año y el presente mes de junio se espera que el Covid-19 cause la perdida de 195 millones de puestos de trabajo a tiempo completo a nivel mundial, una cifra que supera con creces lo sucedido durante la crisis financiera mundial de 2008-2009. El Fondo Monetario Internacional (FMI) por su parte, prevé que este año el PIB mundial se contraerá alrededor del 3% como consecuencia del confinamiento y de la lenta recuperación de las economías hacia el último cuatrimestre de este año. Prácticamente ningún sector ha podido escapar de la crisis, aunque algunos se han visto más afectados que otros como en los casos del turismo, el comercio minorista, los bienes de consumo duradero y las actividades de ocio y culturales.

El alcance económico de la crisis y el ritmo de su recuperación en los próximos meses va a depender en gran medida de las estrategias adoptadas por los gobiernos de cada país. La primera de estas estrategias se relaciona con las opciones de política fiscal que juega un rol prominente en el enfrentamiento de la crisis de salud pública por medio de transferencias directas a los grupos más vulnerables de la población y medidas de protección del empleo a través de alivios tributarios y de subsidios para el pago de nóminas.

Una estrategia complementaria de igual importancia es la que se ha dado en denominar como la del “martillo y el baile”, que parte de la premisa de que las medidas blandas son poco efectivas para aplanar la curva de la pandemia debido al crecimiento en el número de contagios asociados a su vez al factor de su reproducción, el cual se encuentra condicionado por el número de personas infectadas capaces de transmitir la enfermedad. Si el factor es menor a 1 significa que el número de personas expuestas a la enfermedad tenderá a ser menor y por lo tanto se espera que el número de enfermos tienda a disminuir progresivamente. En cambio, si el factor es mayor a 1 cada persona infectada es capaz de transmitir la enfermedad a más de una persona con la que entra en contacto, por lo que la tendencia esperada será que la pandemia se transmita exponencialmente.

La idea por lo tanto es darle sucesivos  martillazos a la enfermedad mediante el confinamiento y distanciamiento drástico de la población comprando tiempo de esta manera, seguidos por periodos breves de levantamiento parcial de las medidas, que corresponden propiamente a la fase del “baile” y que además permite un mejor aprovechamiento de la infraestructura epidemiológica y hospitalaria, mientras se logra identificar formas de tratamiento de  la enfermedad que permitan retornar a la normalidad económica y social.

La estrategia que ha seguido hasta el presente Israel para enfrentar la pandemia puede considerarse exitosa.  La cifra de personas contagiadas desde la confirmación de los primeros casos el 11 marzo creció rápidamente hasta alcanzar su registro máximo 20 días después. Esto indica que hubo una demora de alrededor de tres semanas en propinar un primer martillazo. Sin embargo, a partir de esta fecha y al cabo de 8 semanas se logró aplanar totalmente la curva llevándola de 729 casos diarios confirmados a apenas 9. Más recientemente se ha vuelto a producir un incremento en el número de casos, pero con un factor de contagio mucho menor lo que indica que probablemente sea necesario asestarle un nuevo martillazo a la enfermedad, aunque recurriendo a medidas de distanciamiento social más flexibles.

En lo que respecta a la efectividad del sistema sanitario israelí basta con señalar que del total de casos registrados hasta la fecha se ha logrado la recuperación del 78% de los pacientes, mientras que el 22% restante corresponde a casos recientes que se encuentran bajo observación y tratamiento. El registro de fallecidos es de apenas 3.4 personas por cada 100.000 habitantes, 1.7 veces inferior a la media mundial.

En materia económica el gobierno de Israel aprobó otorgar alrededor de 2.800 millones de dólares a manera de préstamos a las empresas y ayudas al sistema sanitario del país, además de posponer las obligaciones impositivas y aprobar la concesión de moratorias para el pago de créditos, entre otras medidas. No obstante, lo anterior, el Banco Central de Israel prevé una contracción del 5.3% en 2020 mientras que 2021 se proyecta un crecimiento de 8.7% del PIB que más que compensaría la caída registrada este año.

¿Qué ha estado ocurriendo mientras tanto en Venezuela?

En lo que respecta a la capacidad de respuesta epidemiológica del país, mucho antes de la declaración de emergencia de salud pública de importancia internacional por el director de la Organización Mundial de la Salud (OMS) el 30 de enero, se conocía de antemano la situación del sistema de salud a pesar de que desde 2015 se carece de información epidemiológica oficial, pese a lo cual a través de los medios de información, se ha sabido de múltiples casos de malaria, tuberculosis, VIH, dengue, sarampión y difteria que el gobierno ha intentado desestimar aduciendo que se trata de propaganda con contenido político.

En lo que respecta a la situación de los hospitales además de la carencia de personal médico y de enfermería más del 50% presenta déficit de insumos médicos, quirúrgicos y de medicamentos, el 65% carece de rayos X considerado como un recurso fundamental para observar a pacientes con problemas de neumonía, el 90% carece de protocolos para cuidados respiratorios, en su conjunto apenas se dispone de 84 camas en unidades de terapia intensiva, el 44% de los hospitales carece de electricidad de manera continua y el 66% no tiene agua corriente las 24 horas del día.

Por otra parte, en el 55% de los hogares de Caracas, que puede considerarse una zona privilegiada por ser la capital del país y sede del gobierno, se recibe agua únicamente entre uno y cuatro días por semana y en un número significativo de hogares pobres el agua no llega por tubería por lo que tiene que ser recogida por cualquier medio y a ratos cuando ocasionalmente llega tres veces al día por períodos cortos que no exceden de los 10 minutos. En estas condiciones resulta imposible cumplir con los protocolos básicos en materia de salud. Las cifras proporcionadas por el gobierno sobre número de contagios y de muertes han sido puestas en duda por los gremios de la salud y ONGs de defensa de los derechos humanos. Un estudio de la Universidad Johns Hopkins ha demostrado la inconsistencia de las cifras divulgadas por el gobierno y señala que el número de personas infectadas podría alcanzar conservadoramente a 30.000, mientras que el gobierno solo reconoce 3.386 casos confirmados hasta el presente.

En lo que respecta a la economía, además de las medidas de distancia social,  reforzadas por la falta de gasolina, pese a las promesas del gobierno de  implementar un plan de pago de nómina para las pequeñas y medianas empresas nada de esto se ha hecho efectivo y la adopción de un sistema de bonos que equivalen apenas a $1,72 dólares mensuales se ha terminado de evaporar por efecto de la inflación que solo en el mes de mayo alcanzó a 38.6% y medida en términos acumulados equivale a una tasa de variación anual del índice de precios al consumidor (IPC) de 2.296,6%.

El gobierno carece totalmente de espacio fiscal y arrastra un déficit equivalente al 18% del PIB, no tiene acceso al financiamiento externo, el sistema financiero interno se encuentra literalmente en bancarrota. Las exportaciones petroleras este año probablemente apenas alcancen a cubrir parte de los gastos operativos en dólares de PDVSA, la actividad privada se ha reducido a su mínima expresión junto con la capacidad de tributación del sector, por lo que el único recurso que le resta al gobierno para financiar sus gastos es la emisión de dinero la cual contribuye a agravar la hiperinflación por la que atraviesa el país desde que comenzó en noviembre de 2017.  Entre 2014 y 2019 la economía venezolana se contrajo en un 65% y este año se espera una nueva caída que pudiera estar en el orden del 30% del PIB y una inflación anualizada de aproximadamente 10.000%.

En el caso de los hogares pobres, uno de los amortiguadores que podría haber contribuido a atenuar la crisis ha venido perdiendo su eficacia. Se trata de las remesas provenientes del extranjero que probablemente se reduzcan a menos de la mitad en la medida que los migrantes pierdan sus empleos en medio de la pandemia de coronavirus. Por otra parte, el cumplimiento de la cuarentena en los barrios de Venezuela solo se ha cumplido a medias, debido a la necesidad de procurar algún ingreso lo que aunado a las dificultades para lavarse las manos con frecuencia contribuyen a elevar el factor de contagio entre la población.

¿Hay luz al final del túnel?

El cuadro anterior que acabamos de describir conjuntamente con el agravamiento del   escenario político caracterizado por una profundización del autoritarismo que define al régimen venezolano han llevado a algunas personas a cuestionar cualquier intento por concebir un plan que persiga como objetivo reactivar la producción, generar empleo y crecer económicamente sin que antes se produzca un cambio político. Consideran que se trata de construir “castillos en el aire”, o “una pérdida de tiempo”, por lo que se impone el pragmatismo político, “el aquí y el ahora”.

Otro grupo de venezolanos por el contrario pensamos, sin pecar de ingenuos, que es importante estar preparados ante cualquier eventualidad y que lo responsable en todo caso es disponer de un plan estratégico que contemple acciones tanto para el corto como para el mediano plazo.

En mis últimos artículos publicados en Aurora-Israel me he dedicado ha analizar las oportunidades de intercambio comercial, científico y tecnológico entre Israel y Venezuela. Quisiera dedicar el corto espacio que me resta para comentar el caso de la actividad agroalimentaria en Venezuela y su relación con la experiencia acumulada por Israel a lo largo de sus 72 años de existencia.

A pesar de los controles de precios y cambiarios por cerca de dos décadas, de la competencia desleal promovida por el propio gobierno en contra de los productores nacionales y de la expropiación de 5 millones de hectáreas que hoy permanecen improductivas, el sector agroalimentario venezolano aún lucha por conservar su potencial. Se trata de 17 de 23 estados con actividad agroalimentaria.

En el caso específico del sector agrícola vegetal actualmente se encuentra en uso 1 millón 500 mil hectáreas, mientras que existen potencialmente 9 millones de hectáreas que podrían cultivarse y parte del excedente exportarse, si se cuenta con los bienes públicos necesarios, acceso al financiamiento y condiciones de mercado competitivas.

Igualmente, el sector pecuario viene utilizando una superficie de 7 millones de hectáreas que podría extenderse a 24 millones. En el sector forestal venezolano, por su parte, existen en la actualidad 600 mil plantaciones que se podrían extender a 58 millones. El sector pesquero y acuícola también presenta enormes ventajas para su explotación. Se trata de cálculos elaborados por expertos en estas materias.

En décadas recientes la agricultura a nivel mundial ha experimentado una transformación importante que va desde la adopción de nuevas tecnologías hasta la organización del trabajo, que abarca aspectos tales como la genética avanzada, la agricultura de precisión, el uso de sensores y de big data.  Los productos responden cada vez más a los gustos y preferencias de consumidores sofisticados que demandan productos de mayor calidad.

Israel se ha convertido en un país líder en el campo de las tecnologías agroalimentarias, de cuyos conocimientos y experiencia Venezuela podría beneficiarse. Aquí mencionamos algunas de las posibles áreas en las que Israel podría brindar asistencia técnica a Venezuela e inclusive asociarse en algunas etapas de la cadena de suministros:

  • Plataformas de integración de datos agrícolas de múltiples fuentes que puede servir como un sistema de gestión basado en la nube, brindando a los agricultores pautas regulatorias constantemente actualizadas en un solo tablero, en combinación con imágenes aéreas de alta resolución con visión e inteligencia artificiales para mostrar a los agricultores lo que sucede en sus parcelas hasta el nivel de insectos y hojas, y analizar esos datos para brindar apoyo en la toma de decisiones.

  • Pruebas precisas en tiempo real de tejido vegetal, suelo y agua en el campo, reduciendo drásticamente el procedimiento de análisis estándar de 10 días a menos de una hora.

  • Semillas más nutritivas, de alto rendimiento y sabrosas, y resistentes a la sequía y las enfermedades.

  • Manejo de patógenos y plagas. Tratamiento de organismos invasores, plantas, o animales.

  • Empaquetado biodegradable.

  • Bandejas serradas cuadradas, hechas de plástico reciclado y reciclable con filtros UV y un aditivo de piedra caliza que rodean cada planta o árbol.

  • Métodos de irrigación y tratamiento de aguas.

  • Investigación y creación de materiales.


Esta corta lista apenas contiene algunos ejemplos de áreas en las que Israel podría contribuir a potenciar el desarrollo agroalimentario de Venezuela. Aspiramos a que estos deseos se hagan prontamente una realidad.