Israel votó por la continuidad

Post thumbnailBenjamín Netanyahu Foto: GPO Amos Ben Gershom
El triunfo electoral que llevó el primer ministro, Benjamín Netanyahu, a su quinto mandato tiene que ver no solo con lentos cambios demográficos y con el cuidadoso cultivo por parte del titular del Ejecutivo de la alianza conformada por los partidos de derecha y ultraortodoxos. También, puede verse como una reacción al auge de la marea islamista, que tuvo su clímax durante la Primavera Árabe, pero cuyos antecedentes se remontan a la conquista de Gaza por parte de Hamás. En septiembre de 2005, el entonces primer ministro, Ariel Sharon, completó la retirada de la Franja. Sin embargo, para junio de 2007, Hamás ya se había apoderado del enclave costero, derrocando a las fuerzas del movimiento palestino Fatah,  columna vertebral de la Autoridad Palestina (AP), mediante un brutal y vertiginoso golpe de estado.

Desde entonces, el público israelí se ha tornado más pesimista y menos propenso a tomar riesgos que le podrían costar su propia supervivencia.

Un movimiento similar en Judea y Samaria (Cisjordania) podría tener consecuencias imprevisibles. Analistas militares y de inteligencia sugieren que si no fuera porque el Servicio de Seguridad General (Shabak ) y las Fuerzas de Defensa de Israel operan continuamente en esos territorios; los islamistas ya hubieran derrocado hace tiempo al presidente palestino, Mahmoud Abbás.

Además, las colinas de Judea y Samaria son como un balcón desde donde se puede controlar no solo el Aeropuerto Internacional Ben Gurión sino también la angosta planicie costera, incluyendo Tel Aviv –el centro económico de Israel-, y dividir al país en dos.

Durante la campaña electoral, el partido Azul y Blanco (Kajol Labán), liderado por el ex jefe del Estado Mayor, Benny Gantz, hizo hincapié en la experiencia militar de sus tres generales convertidos en máximos dirigentes; pero los propagandistas de Netanyahu lograron sortear ese déficit poniendo énfasis en la idoneidad diplomática del primer ministro.

Es probable que Netanyahu vea el resultado de las elecciones como un cheque en blanco para procurar su inmunidad parlamentaria y reducir el poder de la Corte Suprema de Justicia para limitar las decisiones de la Knéset (Parlamento). Especialmente, en vista a la disposición del Fiscal General de procesarlo en tres casos de corrupción, una decisión que depende de una audiencia previa. Pero debería tener en cuenta que tal vez el público no votó por cambios y reformas sino por la continuidad.