Historia interesante, tibia

Post thumbnailSophie Cookson - Foto: Wikipedia
RED JOAN (Reino Unido, 2018)
Dirección:
Trevor Nunn
Es esta una adaptación de una novela bestseller de Jennie Rooney convertida en guión del film por Lindsay Shapero.
Está basado, como dicho en una verdadera historia de espías, funcionando entre dos períodos de tiempo, por un lado está una anciana, Joan Stanley (Judi Dench), que vive una vida tranquila en un suburbio británico a principios de los años dos mil, y la historia se refiere al caso real de Melita Norwood, a la que el servicio secreto británico la arresta y la acusa de traición.
El otro período de tiempo empieza en 1938 cuando la joven Joan (aquí encarnada por Sophie Cookson) era estudiante de física, inteligente y de gran talento, en Cambridge, teniendo muevas inspiraciones y expandiendo su horizonte político.
El catalizador del despertar de Joan, entra en su vida por la ventana de su dormitorio, una manera simbólica de empezar una historia.
Se trata de su amiga y confidente Sonia, que aparece con un glamor de estrella de cine y más adelante le presentará a su primo Leo, un dedicado comunista como la propia Sonia.
Atraída por un nuevo mundo de ideas acera de justicia social, y también por el buen mozo, Leo, que la llama su “pequeña camarada”, Joan se une a los mítines y manifestaciones contra Hitler. Paralelamente se nos muestran primeros planos de la anciana Joan como recordando aquellos tiempos y los que seguirán, una manera no demasiado sutil de unir mediante la pantalla esos dos períodos cruciales de la historia.
De todos modos el paralelismo avanza cronológicamente en ambos casos. Hay un amago de contactos corporales con Leo, pero parece que la cosa no va más allá si bien pareciera que Joan se ha enamorado del bullicioso primo de Sonia. Más adelante se lo va sacando de la historia y se introduce a un muevo interés por Joan, se trata del caballeresco profesor Max Davis.
Trabajando juntos en un laboratorio se convierten en amantes durante un peligroso viaje al otro lado del Atlántico, tienen una visión similar del mundo pero las implementaciones son diversas.
Además enturbiando las aguas de la relación figura el hecho de que el profesor está casado y su esposa se niega a darle el divorcio.
El guión no obvia las aventuras románticas de Joan, la trata con respeto pero no le quita su fase de intelectual.
Fue virgen hasta lo de Max pero el film no pasa de largo una escena crucial de sexo, Joan va madurando en sus relaciones con hombres, aprendiendo cosas del otro pero nos quedamos con el punto de vista femenino, a lo largo de la historia cuando se trata de explicar sus acciones ilegales que confiesa a sus interrogadores y finalmente las cuenta también a su escandalizado hijo, además abogado. Resulta que Joan le pasaba los secretos nucleares de su país a la Unión Soviética no sólo bajo el título inocente de devoción, sino se había planteado una agenda ideológica personal luego de ver los catastróficos resultados de la bomba atómica en Hiroshima y Nagasaki.
Pensó que sólo mediante el acceso a información igual podrían las potencias establecer un equilibrio entre sí evitando tales acciones desastrosas en el futuro. Si bien este razonamiento no tiene demasiada exactitud históricamente, tiene sentido en el contexto del film que insiste en diferenciar la inexperiencia de la mujer de la inocencia, no se le carga lo último a Joan en sus acciones.
Gran parte el tiempo de la pantalla recae en la joven Joan con la detallada descripción de sus actividades secretas que no alcanzan al nivel de un thriller ya que el cineasta opta por una manera algo chata de presentar ese cuadro, oscilando entre el activismo de la joven y la melancolía de la veterana.
Buena actuación de Cookson y la gran Dench no tiene que hacer demasiados esfuerzos para cumplir su parte. ■