Hermanos: Drama en cinco actos - La Parashá de la Semana

La historia de Aarón y Moisés, el quinto acto del drama de la hermandad, es donde finalmente la fraternidad llega a las alturas.
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Parashat Tetzavé - Rabino Jonathan Sacks

Es interesante observar la ausencia de Moisés en la parashá Tetzavé. Por una vez Moisés, el héroe, el líder, el libertador, el legislador, está fuera de escena, y es la única instancia en la que el nombre de Moisés no se menciona para nada en una parashá desde la primera parashá del libro de Shemot (en la que nace).

En lugar de él, el foco está puesto en su hermano mayor Aarón quien, en otras instancias, está frecuentemente en un segundo plano. En efecto, toda la parashá está dedicada al rol que Moisés no ocupó, salvo brevemente – el de sacerdote en general y Sumo Sacerdote en particular.

Es importante para el judaísmo que haya una parashá dedicada al rol sacerdotal. Pero, ¿Era necesario para este enfoque tener que sacar a Moisés completamente de la escena? ¿Existe algún otro significado para esta ausencia? Los comentaristas han planteado varias sugerencias. (1)

Una, presente en el Talmud, se refiere a un evento que ocurrió al comienzo de la etapa de liderazgo de Moisés: su encuentro con Dios en la zarza ardiente. Moisés expresó repetidas veces su resistencia a llevar a cabo la misión de liderar al pueblo para salir de Egipto. Al final leemos:

Pero Moisés dijo, “Oh Dios, por favor envía a otro para hacerlo.”

Entonces la ira de Dios se encendió contra Moisés y Él dijo: Y, ¿Qué ocurre con tu hermano Aarón, el levita? Yo sé que él puede hablar bien. Él está en camino para encontrarse contigo, y su corazón estará feliz cuando te vea. Le hablarás a él y pondrás palabras en su boca. Yo los asistiré a ambos para hablar y les enseñaré qué hacer.”

(Éxodo 4 13-13-15)

El Talmud registra un debate acerca de las consecuencias de ese momento cuando Moisés, digamos, se negó una vez más. Declinar el liderazgo una o dos veces es señal de humildad. Pero seguir haciéndolo cuando es Dios mismo el que lo ordena, corre el riesgo de provocar la ira divina, como ocurrió en este caso. El Talmud comenta:

“Entonces la ira de Dios se encendió contra Moisés” – Rab Yehoshua ben Karja dijo: cada instancia de ira (divina) deja un efecto que perdura, pues continúa diciendo “Y, ¿Qué ocurre con tu hermano Aarón, el levita?” Ciertamente, Aarón era un sacerdote (no solamente un levita). Lo que Dios quiso decir es: lo que Yo intenté inicialmente era que tú (Moisés) fueras el sacerdote y él (Aarón) fuera simplemente un levita. Pero ahora (dado tu rechazo) él eventualmente será sacerdote y tú sólo un levita. (2)

Según el Rabbi Shimon bar Yohai, la consecuencia duradera de la resistencia de Moisés a asumir el liderazgo fue que un rol directivo – el de sacerdote – fuera destinado a Aarón en lugar de Moisés.

Basado en este pasaje, el Rab Yaakov ben Asher (1270-1340) sugiere que la no aparición del nombre de Moisés en Tetzavé, que trata sobre las vestimentas sacerdotales, es para “evitarle el disgusto” de ver que Aarón recibe las atribuciones del sacerdocio que podrían haber sido destinadas a él. (3)

Sin negar esta u otras explicaciones, existe también otro mensaje, más fundamental. Uno de los temas recurrentes en Génesis es la rivalidad fraterna, la hostilidad entre los hermanos. La historia narra, cada vez con mayor extensión, cuatro situaciones: entre Caín y Abel, Ytzjak e Ishmael, Yaakov y Esav, y Iosef y sus hermanos.

Hay una estructura identificable en esta serie de narrativas, que se nota mejor por la forma en que finalizan. La historia de Caín y Abel termina con un asesinato – fratricidio. La de Ytzjak e Ishmael aunque crecen separados, se reúnen para el funeral de Abraham. Evidentemente hubo una reconciliación, aunque esto solo puede leerse entre líneas (y expresado en un Midrash), no directamente en el texto. Yaakov y Esav se encuentran, se abrazan y cada uno va por su lado. Iosef y sus hermanos se reconcilian y viven juntos en paz, brindándoles Iosef alimento, tierra y protección.

Génesis nos relata una historia de gran trascendencia. La fraternidad – una de las palabras clave de la Revolución Francesa – no es sencilla y directa. Está frecuentemente cargada de conflicto y contienda. Sin embargo, gradualmente, los hermanos perciben que puede haber otra forma de relacionarse. Génesis termina de esta manera. Pero no es el final de la historia.

El drama tiene un quinto acto: la relación entre Moisés y Aarón. Aquí, por primera vez, no hay indicio de rivalidad entre los hermanos. (4) Trabajan juntos desde el comienzo en la misión de conducir a los israelitas a la libertad. Se dirigen al pueblo, juntos. Se paran juntos cuando enfrentan al Faraón. Hacen portentos y maravillas juntos. Juntos comparten el liderazgo en el desierto. Por primera vez los hermanos funcionan como equipo, con diferentes dones, distintos talentos, roles cambiantes, pero sin hostilidad, complementándose uno con el otro.

Su sociedad es un factor constante de la narrativa. Pero hay ciertos momentos en los que está remarcada. La primera ocurre en el pasaje ya mencionado. Dios le dice a Moisés que Aarón “está por encontrarse contigo, y su corazón se alegrará cuando te vea.” ¡Qué diferencia hay con los otros encuentros entre hermanos en Génesis!

Podríamos pensar que Aarón tenía muchos motivos para no alegrarse por la vuelta de Moisés. Los hermanos no habían crecido juntos. Moisés fue adoptado por la hija del Faraón y criado en el palacio egipcio, mientras que Aarón permaneció con los israelitas. Tampoco estuvieron juntos durante el sufrimiento del pueblo. Moisés, temiendo por su vida luego del ataque al capataz egipcio, había huido a Midián.

Además, Moisés era el hermano menor y, sin embargo, era él el que estaba por ser el líder del pueblo. En el pasado, siempre que el hermano menor tomó algo que el mayor podía pensar que naturalmente le pertenecía a él, se producían celos, animosidad. Pero, Dios le asegura a Moisés que “cuando Aarón te vea, estará feliz.” Y así fue.

Y el Señor le dijo a Aarón: Ve al desierto a encontrarte con Moisés. Y él fue, y se encontró con él en el monte de Dios, y lo besó.

(Éxodo 4:27)

La segunda clave fascinante es la contenida en el extraño pasaje que describe el descenso de Moisés y Aarón:

Amram se casó con la hermana de su padre Yojeved, que concibió a Aarón y Moisés. Amram vivió 137 años… Fueron estos mismos Aarón y Moisés a los que el Señor dijo “Saquen a los israelitas de Egipto por sus divisiones.” Fueron los mismos que hablaron con el Faraón, rey de Egipto, para sacar a los israelitas de Egipto. Fueron estos mismos Moisés y Aarón. (Éxodo 6: 20, 26-27)

La frase repetida “son los mismos” es enfática hasta en la traducción. Y lo es más aún cuando notamos dos peculiaridades del texto. El primero es que las frases, aunque en un principio parecen idénticas, el orden de los nombres de los hermanos es distinto: el primero dice “Aarón y Moisés” y el segundo, “Moisés y Aarón.” Aún más llamativa es la rareza gramatical de la frase. En ambos casos se utiliza la tercera persona del singular. Literalmente se lee “él era Moisés y Aarón.” El texto debía decir “Ellos” – más aún cuando el pronombre “ellos” estaba en el medio de la frase: “Ellos fueron los que hablaron con el Faraón.”

La inferencia indudable es que eran como un solo individuo; eran como uno. No había jerarquía alguna entre ellos: a veces, el nombre de Aarón aparece primero, otras veces el de Moisés.

Hay un Midrash magnífico que se infiere del verso de los Salmos (85: 11) “La bondad amorosa y la verdad se juntan; la rectitud y la paz se besan una a la otra.”

La bondad amorosa se refiere a Aarón. La verdad, a Moisés. La rectitud, a Moisés. La paz, a Aarón. (6)

El Midrash trae aproximaciones a cada una de estas identificaciones, pero las comprendemos de inmediato. Moisés y Aarón eran bastante distintos, tanto en temperamento como en sus roles. Moisés era hombre de la verdad, Aarón, de la paz. Sin verdad, no puede haber una visión para inspirar a una nación. Pero sin paz interna, no hay nación para inspirar. Aarón y Moisés eran ambos necesarios. Sus roles estaban en una tensión creativa. Sin embargo, trabajaban codo a codo, cada uno respetando los dones del otro. Como complementa el Midrash:

“Y lo besó” (los hermanos se besaron cuando se encontraron) – eso significa que cada uno se alegró por la grandeza del otro.” (7)

Un Midrash final completa la imagen refiriéndose a la parashá de la semana y a las vestimentas del Sumo Sacerdote, especialmente la pechera con sus Urim y Tumim.

“Su corazón se alegrará cuando te vea” – Que el corazón que se regocija con la grandeza de su hermano esté adornado con Urim y Tumim. (8)

Los Urim y Tumim eran como oráculos colocados en la pechera del Sumo Sacerdote. Transmitían inspiración divina y guía, una especie de equivalente sacerdotal de la palabra divina que le llegaba al profeta. (9) Era precisamente el hecho de que Aarón no envidiaba a su hermano menor sino que se regocijaba por su grandeza, lo que lo hizo merecedor de ser el Sumo Sacerdote. Y así ocurrió – en igual proporción – que tal como Aarón hizo lugar para que liderara su hermano menor, así la Torá le dejó lugar a Aarón para liderar. Es por eso que Aarón es el héroe de Tetzavé, por una vez no eclipsado por Moisés.

“¿Quién es honrado?” preguntó Ben Zoma. “El que honra a los demás.” (10) Aarón honró a su hermano menor. Es por eso que a Moisés (no mencionado por su nombre pero sí en forma implícita) le es expresado en la parashá de esta semana: “Haz vestimentas sagradas para tu hermano Aarón, para otorgarle honor y esplendor.” (Éxodo 28: 2) Hasta el día de hoy el cohen es honrado al ser llamado primero a la Torá – la Torá que Moisés, el hermano el hermano menor de Aarón, brindó al pueblo judío.

La historia de Aarón y Moisés, el quinto acto del drama de la hermandad, es donde finalmente la fraternidad llega a las alturas. Y con certeza es ese el significado del Salmo 133, con su referencia explícita a Aarón y sus vestimentas sagradas: “¡Cuán bueno y agradable es cuando los hermanos viven juntos y unidos! Es como el aceite precioso vertido sobre la cabeza, deslizándose por la barba, bajando por la barba de Aarón hasta el cuello de sus ropajes.” Fue gracias a Aarón, y a la honra que le mostró a Moisés, que por fin los hermanos aprendieron a vivir juntos y unidos.




Fuentes



  1. Ver el ensayo “Sacerdotes y Profetas”, p.219

  2. Zevajim 102a.

  3. R. Yaakov ben Asher, comentario del Baal HaTurim a Éxodo 27:20

  4. Algunos fueron desarrollados más tarde – ver Números, capítulo 12 – pero fueron resultos por la humildad de Moisés

  5. “Esto enseña que eran iguales” (Tosefta, Kritot, end).

  6. Shemot Rabbah 5:10

  7. Ibid., ad loc.

  8. Ibid. 3:17.

  9. Según el Ramban, consistían en letras que deletreaban el nombre o nombres divinos, algunos de los cuales se encendían en momentos clave, deletreando un mensaje que debía descifrar el Sumo Sacerdote.

  10. Avot 4:1