Eurovisión: semblanza de realidad distorsionada

Post thumbnailMadonna en Eurovisión -Foto: Cortesía Orit Pnini para KAN Handout vía REUTERS
El pasado sábado se llevó acabo el famoso festival de la canción Eurovisión, en
Tel Aviv, Israel, por haber sido este país el ganador del año 2018.

Un evento artístico, que mueve masas y que despierta pasiones nacionalistas  de corte digamos ligero. Los países participantes se ufanan de sus representantes, quienes a su vez aprovechan la ocasión para tocar algún tema polémico, que llama la atención del momento. Hasta aquí todo bien.

Israel, que participa en Eurovisión, no está técnicamente en Europa. Está en Asia. En la confluencia de Africa, Asia y Europa. Pero está en Asia, en el llamado Medio Oriente. Debe o puede participar en estos eventos de Europa,  como en los campeonatos de fútbol y baloncesto, porque muchos de sus  vecinos no reconocen su derecho a la existencia. Y no lo aceptan en estas competencias.

El festival de 2019 hubo de celebrarse en Tel Aviv, y no en Jerusalén. Porque
algunos países participantes se niegan a reconocer el derecho de Israel, y de los judíos, sobre Jerusalén.

En la víspera del festival, una semana antes, una andanada de cohetes fueron
lanzados desde Gaza. 700 cohetes en menos de 30 horas. Probablemente el
objetivo era provocar un conflicto y que se suspendiera el festival. Suspensión
de Eurovisión, guerra en Gaza, muertos civiles y muchos titulares de prensa  con condenas a Israel. La misma receta de siempre, aquella que ha dejado al
sufrido pueblo palestino y a los habitantes de Gaza en una situación precaria. Los palestinos de la Margen Occidental, bajo la tutela de la Autoridad Nacional
Palestina, son una cosa.
Los palestinos en Gaza algo por demás lamentable.
Los primeros son presos de sus doctrinas y principios, pero de alguna manera gozan de autonomía y cierta normalidad que ellos mismos torpedean. Los segundos parecen secuestrados por un inclemente HAMAS que clama victorias cuando tan solo logra molestar e incomodar a Israel.

Los activistas del BDS, el movimiento de Boycot, Desinversión y Sanciones
a Israel, que pretende ahogarlo, fue muy activo en los días previos y durante el
festival. Poco éxito, pero un buen número de incomodidades.

Madonna, la polémica y más famosa artista, hizo su presentación en la gala del
sábado. Pero complicó su actuación con algunas bailarinas mostrando banderas de Palestina, como para congraciarse con quienes también compran sus discos del otro lado del Jordán.
Nada serio.

Al final se impone la verdad. Israel se presenta como lo que es un país  moderno, con amplias manifestaciones culturales, tolerante y receptivo. Capaz
de ceder en algunas cosas, como por ejemplo mudar el festival a Tel Aviv, algo que pudiera ser criticado por los más vehementes con buenos argumentos.

La visión de Europa y el mundo sobre Israel y el conflicto, sobre a quienes  deben apoyar y a quienes condenar debiera ser clara y precisa. Los hechos y las acciones lo avalan.
Pero la Euro-Visión… está distorsionada. La Europa de siempre, el mundo de ayer.■