El eje de las elecciones en Israel

Post thumbnailBenjamín y Sara Netanyahu Foto Haim Zach GPO vía Facebook
Al parecer, las elecciones generales previstas para el 17 de septiembre en Israel no estarán fundamentalmente enfocadas en el conflicto israelí-palestino (o árabe-israelí como se lo denominaba antiguamente), sino más bien en cuestiones consideradas previamente como secundarias tales como corrupción, relaciones entre Estado y religión, justicia social, etc. Esta tendencia ya la había notado el experto  Jonathan Spyer para los comicios de abril pasado.

Pareciera que hay un cierto consenso en el electorado israelí de que en la disputa con los palestinos hay poco que hacer. Esa misma idea pareciera estar aflorando lentamente en numerosos naciones árabes del Oriente Medio. Dada la amenaza iraní y el surgimiento del jihadismo, Israel comienza a percibirse no como  un enemigo sino como un posible aliado estratégico. En vista de la desintegración de los países de la región, léase Siria, Libia, Yemen, etc., hay pocas razones para arriesgarse a promover el establecimiento de otro estado que casi con certeza fracasará, y que probablemente genere más problemas y sufrimiento.

Además, en el momento de la verdad, los palestinos  han sabido rechazar todos los ofrecimientos. El alto negociador de la Organización para la Liberación Palestina, Saeb Erakat, le dijo al diario jordano Ad Dustour, que en Camp David [el entonces primer ministro Ehud] Barak nos ofreció el 90% y [Ehud] Olmert  el 100%”, según lo cita Ben-Dror Yemini en el rotativo Yediot Aharonot.

De hecho, los palestinos ya tienen un estado en la costa  de Gaza, que ha sido apodado despectivamente por algunos observadores como “Hamastán”.

En septiembre de 2005, Israel se retiró unilateralmente de la Franja de Gaza. Desmanteló todos los asentamientos e incluso desenterró las tumbas y se llevó a sus muertos para que no sean profanados. Luego, le entregó las llaves del enclave costero a la Autoridad Palestina, liderada por el presidente Mahmoud Abbás.  Pero, su dominio no duró mucho tiempo. En junio de 2007, el grupo extremista Hamás que proclama  abiertamente su aspiración de destruir a Israel, se apoderó de Gaza, a la que convirtió en una base militar desde donde suele atacar con proyectiles de mortero y cohetes a las comunidades israelíes fronterizas e incluso a Tel Aviv.

Pedirle a Israel que repita el funesto experimento en las colinas de Cisjordania (Judea y Samaria) desde donde se domina toda la planicie costera e incluso el Aeropuerto Internacional Ben Gurión, cerca de Tel Aviv, es sencillamente irresponsable o criminal.