Déjà vu de la política israelí

Post thumbnailEhud Barak, Stav Shaffir y Nitzan Horowitz Foto: Facebook
La unidad del partido de izquierda “Meretz”, y del flamante “Israel Democrático”, del ex primer ministro y ex titular de Defensa, Ehud Barak, con los desertores del Partido Laborista, liderados por la diputada Stav Shaffir, podría ser de hecho tanto ideológico como un ejercicio matemático.

A pesar de su desbordante energía y fuerte temperamento, Barak , ingresó con el pié izquierdo a la carrera electoral. No solamente porque los partidos del bloque que busca unir y representar parecen francamente desmoralizados por los numerosos intentos infructuosos de desbancar lo que aparece como el eterno liderazgo del primer ministro, Benjamín Netanyahu; sino fundamentalmente porque el general, de 77 años, quedó públicamente maltrecho al verse salpicada su imagen por el caso de Jeffrey Epstein, cuando el periódico británico Daily Mail recicló fotografías suyas, de enero de 2016, saliendo de la mansión del multimillonario pedófilo, en Manhattan.

Las tribulaciones para Meretz provenían, en cambio, paradójicamente del sistema político árabe. En los comicios de abril, el partido izquierdista logró superar raspando el umbral electoral del 3,25%  para entrar en la Knéset (Parlamento) en parte gracias a aquellos electores árabes que decidieron votar por Meretz para castigar a sus agrupaciones políticas tradicionales, por haber disuelto la Lista [Árabe] Conjunta y correr separados a los comicios.

De hecho, en las últimas elecciones, los partidos árabes  Hadash-Taal obtuvieron 6 diputados y Raam-Balad 4, es decir apenas un total de 10 escaños, cuando en 2015 habían logrado 13 legisladores al presentarse unidos en la Lista Conjunta. No era difícil prever –como al final sucedió- que los partidos árabes reeditarían la Lista Conjunta para los comicios del 17 de septiembre. Tampoco era difícil comprender para los líderes de Meretz, que estaban en problemas y que establecer una alianza era la condición necesaria para subsistir. Dado que el veterano líder laborista, Amir Peretz decidió unirse a Orly Levy-Abekasis, que encabeza la diminuta agrupación Gesher (Puente), para darle al viejo partido socialdemócrata –amargamente asociado con el antiguo electorado askenazi-, un toque mizrahí (oriental); no le quedó a Meretz otra alternativa que juntar fuerzas con Barak.

Paralelamente, Naftalí Bennett, y Ayelet Shaked que en las elecciones de abril no consiguieron superar el umbral, regresaron de alguna manera a casa, para reeditar una alianza con el partido religioso nacional Habait Haiehudí (Hogar Judío) que meses antes habían abandonado, bajo el nombre de “Derecha Unida”.

No hay nada como volver a casa.