De Costa Rica a la unidad de rescate del ejército israelí

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El acento de Roni Kolen no denota que nació en Jerusalén. Esta joven israelí, nacida en la ciudad santa en 1999, se mudó con su familia a Costa Rica a la temprana edad de cuatro años. Como tantas familias israelíes, de entrada pensaba que sería algo temporal y que pronto regresarían a Eretz Israel. Pero les encantó, y allí siguen.
Al terminar sus estudios secundarios, Roni tomó una decisión crucial: volver a su país y alistarse a las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI). “Me sentía israelí, y creía que era algo importante que debía hacer aunque no viví aquí. Es algo que me conectó mucho con mi país”, afirma la joven en una entrevista a Aurora.
Durante su vida en Costa Rica, su conexión con sus orígenes se basaba en mantener la celebración de las fiestas tradicionales y hablar hebreo en casa. “Cuando llegué aquí, no sabía tanto del ejército, ni tan si quiera que unidades existían. Viví tres meses en un kibutz con otros soldados solitarios, y allí nos ayudaron y hablaron mucho sobre las FDI, donde podríamos servir, y que nos esperaría”, afirma.
Inicialmente, como tantos otros reclutas, quería ingresar en unidades de combate. “Tras el terremoto en México, pude conocer a las unidades de rescate. Y eso me marcó”. Tanto, que decidió alistarse en  esta división, dedicada a atender emergencias y rescatar gente en Israel u otros países. “Salvamos gente que ha sido víctima del terror o las bombas, pero también de terremotos y otros desastres naturales. Pase lo que pase, ahí estamos para ayudar”.
Roni, como el resto de mujeres que deciden sumarse a esta unidad, deben incrementar su servicio militar ocho meses más: “hacemos como los hombres, aquí no hay diferencia, ni en el entrenamiento ni en nada. Hacemos todos lo mismo”, asegura.
La joven de 19 años reconoce que tuvo que superar obstáculos para adaptarse al país: “es muy diferente, el lenguaje y la cultura ni se puede comprar a la vida que llevaba en Costa Rica. Pero estuve rodeada de mucha gente que me apoyó, mis amigos del ejército me ayudaron mucho a acomodarme”.
Y le gustaría dar continuidad a los conocimientos adquiridos en la unidad de rescate: “todavía no sé dónde podría llevar mi conocimiento, pero me gustaría seguir trabajando con lo que aprendí acá. Ahora soy comandante, y es una buena oportunidad para influenciar a los soldados con los que trabajamos”. Dice que valora la opción de hacer carrera en el ejército, porque “lo que hacemos es muy importante y lo tenemos que hacer lo mejor posible”.
Su unidad, así como otras de las FDI, realizan en ocasiones entrenamientos conjuntos con ejércitos de otros países, así como con los cuerpos locales de bomberos o policía. “Entrenamos en lugares muy distintos, distintas formas de trabajo para estar listos para cualquier situación”.
“El entrenamiento es muy físico, es igual al que hacen otras unidades de combate, donde tienes que estar en buena forma. En el día a día protegemos a los ciudadanos como las demás unidades, nos preparan igual física y mentalmente para poder superar las dificultades que podríamos encontrar”, asevera.
Sobre la mezcla de géneros, cree que hay muchas ventajas de trabajar conjuntamente porque “utilizamos las fortalezas el uno del otro. Hay veces que el hombre hace mejor, pero otras las mujeres lo superan. Se crea un balance que es ideal para esta unidad, especialmente para trabajar con gente. Al final del día, trabajamos con personas, y la presencia de ambos géneros es una ventaja”.