De Compostela a Ierushalaim - Complejo desafío

Post thumbnailEl joven israelí de origen etíope Salomon Tekah
Quedarán por siempre en la retina aquellas imágenes ya lejanas de principios de los años noventa en las que aproximadamente quince mil judíos etíopes fueron evacuados a Israel. Por varias razones, la primera, el espectacular despliegue llevado a cabo en la denominada Operación Salomón. En segundo lugar, las características de esas personas, tanto su origen, color de piel y estilo de vida, que presagiaban un complejo encaje en la moderna, plural y heterodoxa sociedad israelí.

Casi treinta años después, la tribu perdida africana está formada por unas 150.000 personas, de las cuales un tercio ya han nacido en Israel. Efectivamente, el camino recorrido por aquellos pioneros que hicieron su Aliá estuvo plagado de enormes dificultades. Mujeres, hombres y niños que venían de un país asolado por el hambre y la guerra; muchos nunca habían salido de sus poblados, por lo que la llegada a Israel y su posterior integración se antojaban complicadas, requiriendo un enorme esfuerzo del estado para facilitar esa inserción en todos los ámbitos de la comunidad. A pesar de ese punto de partida, no toda la sociedad israelí mostró el mismo entusiasmo con sus hermanos africanos, constatando diversas reacciones negativas hacia ellos, algunas cargadas de excesivo celo y desconfianza. Huelga decir que el colectivo falasha presenta unos indicadores de desempleo, pobreza y marginalidad muy superiores a la media del país, realidad que las autoridades no pueden esconder. Efectivamente, existen miembros destacados que han triunfado en los distintos campos, pero queda mucho margen de mejora. Que sean de origen etíope una ex miss Israel, o una diputada, o un distinguido investigador, constituyen lamentablemente una excepción en el global de esos ciento cincuenta mil habitantes.

Recientemente un acontecimiento ha encendido la mecha que ha derivado en violentas reacciones, con graves disturbios en algunas localidades. La muerte no aclarada del joven Salomón Tekah, abatido por un agente de policía, es la causa de una auténtica rebelión de una comunidad que demanda una investigación en profundidad para disipar toda duda en cuanto a la muerte del chico en cuestión. Llueve sobre mojado, se dice desde este trozo del occidente europeo, ya que hace apenas unos meses, otro joven falasha falleció murió tiroteado por la policía en Tel-Aviv.

Estos hechos contribuyen a degradar la imagen de Israel en el exterior. A la habitual e intencionada distorsión que llevan a cabo, mayoritariamente, los medios de comunicación, con respecto al conflicto palestino, se le añaden ahora críticas utilizando un concepto al que se hace alusión con regular frecuencia: Racismo. Pero ya no contra la población de los territorios de Gaza y Cisjordania (Judea y Samaria) ni contra ese veinte por ciento de árabes que viven dentro de Israel y poseen la consiguiente nacionalidad. La acusación va más allá, siendo víctimas del estado racista una minoría judía, cuya fisonomía la delata y diferencia del resto.

Las sociedades evolucionan y ninguna como la israelí sabe enfrentarse a contínuos desafíos y retos. Este es uno de ellos. la igualdad de todos los ciudadanos no solamente debe ser una teoría, sino una verdadera realidad.