¿Cuán sincera es la amistad entre Irán y Turquía?

Post thumbnailHassan Rouhani, Vladimir Putin y Tayyip Erdogan Foto: en.kremlin.ru CC BY 4.0
A juzgar por la prensa mundial, el cortejo entre Turquía e Irán se está poniendo serio, y Rusia está actuando de padrino. El fortalecimiento de los lazos de los dos países se basa en objetivos regionales compartidos, el más destacado de los cuales es Siria. ¿Pero cuán sincera es la floreciente relación?

La horrible guerra civil en Siria es motivo de profunda preocupación tanto para Turquía como para Irán. ¿Cómo será Siria cuando termine la guerra? ¿Quién gobernará? ¿Se dividirá el país? ¿Intentarán los kurdos de Siria establecer un estado independiente? ¿Y qué hay de los refugiados que huyeron a Turquía y se convirtieron allí en una carga?

Las preocupaciones comunes sobre Siria han conducido a la profundización de los lazos entre Ankara y Teherán, como se refleja en las numerosas reuniones de alto nivel que han tenido lugar en los últimos años entre funcionarios de ambos países, incluidos los presidentes Erdogan y Rouhani. Turquía, Irán y Rusia han celebrado cuatro cumbres sobre Siria; la última fue en Sochi a principios de este año y fue presentada por el presidente Putin. Las fotos de esas cumbres y reuniones se volvieron virales, fortaleciendo la imagen de una historia de amor en ciernes.

No es ningún secreto que la asediada República Islámica siempre ha querido acercarse a la vecina Turquía. Cada vez que un partido más orientado al Islam está en el poder en Ankara, los iraníes se acercan. Esto ocurrió en la década de los noventa, cuando Erbakan estaba en el poder. Lo mismo está sucediendo hoy con el gobierno del AKP (Partido de Justicia y Desarrollo).

Esto tiene sentido desde una perspectiva iraní por varias razones. Primero, Turquía, con una población de más de 80 millones, es un gran mercado económico en general y un enorme mercado potencial para el petróleo iraní en particular. En segundo lugar, Turquía es una superpotencia regional, por lo que es aconsejable estar de su lado. En tercer lugar, y lo más importante, se estima que la población turca-azerí de Irán representa una cuarta parte de la población iraní. Con una minoría turca de ese tamaño, es sensato mantener cerca al país turco más grande e importante del mundo.

Sin embargo, es cuestionable que Ankara y Teherán consigan alguna vez estar particularmente cerca. Grandes obstáculos se interponen en el camino. Turquía e Irán son los dos principales actores musulmanes no árabes en el Oriente Medio. Ambos tienen una gran cantidad de territorio y grandes poblaciones de más de 80 millones. Oficialmente, Turquía es una república secular poblada en su mayoría por musulmanes sunitas; Irán es una República Islámica antidemocrática poblada principalmente por chiís. Estas sectas son totalmente diferentes en sus creencias y métodos para practicar el Islam. Los dos países se designan a sí mismos como protagonistas del mundo musulmán, pero sus perspectivas completamente diferentes sobre el Islam podrían chocar.

Además, Turquía tiene motivos para preocuparse por las ambiciones islámicas globales de Teherán porque Irán afecta a todos los países limítrofes musulmanes de Turquía. Es cierto que en Siria, ninguno de los dos países quiere ver emerger un estado kurdo independiente y harán todo lo posible para evitar que eso suceda. Pero Irán ha apostado por el régimen de Bashar Assad, al que Turquía se opone. Aunque la mayoría de la población siria es sunita, el régimen es alauita (que está asociado con el Islam chií). Ankara pudo haber deseado que la "Primavera Árabe" culminara con un nuevo liderazgo sunita para un estado sunita; pero en ausencia de tal resultado, no quiere ver a Assad masacrar a sus súbditos sunitas. Por su parte, Teherán está respaldando al régimen que no solo está llevando a cabo estas masacres sino que también está empujando a millones a huir de Siria, a menudo hacia Turquía, donde son una gran carga.

El caso de Iraq es instructivo. El Iraq de Saddam Hussein era un estado gobernado por sunitas, pero tras la caída de su régimen, Irak, donde los chiís constituyen más de dos tercios de la población, quedó bajo la dominación chií, con Teherán jugando un papel cada vez más importante en los asuntos internos de su vecino. En el proceso, Turquía se separó geográficamente del resto del mundo sunita. Sus países vecinos son cristianos o chiís. Siendo este el caso, Turquía no quiere ver un Irán más fuerte con mayor influencia regional en su propia frontera.

Turquía e Irán también están compitiendo por la influencia en las repúblicas musulmanas de Asia Central. Muchos de los que formaban parte de la Unión Soviética son turcos, y ven a Turquía como un modelo a seguir. La ideología pan-turca es común en algunos de estos países, y sus líderes quieren mantener buenas relaciones con Ankara. Pero Irán, que está geográficamente más cerca, desea ganar influencia sobre ellos. La difusión del Islam revolucionario es, después de todo, uno de los principios centrales de la República Islámica.

Ni la ambición chií iraní de influir en el mundo musulmán, ni el impulso obstinado de Teherán por las armas nucleares, son en el interés de Turquía.

También es importante recordar que Turquía es parte de la OTAN y mantiene relaciones con Estados Unidos e Israel (a pesar de las tensiones recurrentes), a los que los ayatolás se refieren, respectivamente, como el "Gran Satanás" y el "Pequeño Satanás". Además, según un funcionario turco, Ankara dejó de comprar petróleo iraní en mayo como resultado de las sanciones de Estados Unidos.

Es innegable que Turquía e Irán se están acercando gracias a sus intereses comunes, particularmente en Siria. Pero muchos obstáculos se interponen en el camino de una alianza genuina.

BESA Centro Begin-Sadat de Estudios Estratégicos