Coronavirus: sin discriminación

Post thumbnailFoto: Wikipedia - Dominio Público
La situación del coronavirus es algo sin precedentes para la humanidad. Una amenaza cierta de muerte indiscriminada, sin razón de culpabilidad alguna, que cobra vidas de inocentes.

En el pasado hubo epidemias de gran magnitud, que diezmaron la población de países y continentes. La alarma fue menor porque no se contaba con los medios de comunicación de hoy día, ni información en tiempo real.

Israel ha sido muy golpeado con el virus. Luego de unas semanas de conocer en algo cómo se expande, parece lógico el número de víctimas en virtud de la cantidad de vuelos diarios que aterrizan en Israel, y las pocas previsiones que hubieron de tomarse en primer momento. Aún cuando Israel se considera de los países más agresivos en cuanto a las disposiciones adoptadas.

En Israel hay miedo respecto al virus. Al momento de escribir esta nota, existen teorías no comprobables de como evolucionará el número de víctimas, como aplanar la curva de afectados, cómo lograr que la capacidad hospitalaria instalada atienda a los enfermos, y demás cosas. Siempre en Israel ha habido temor por un ataque bacteriológico, una amenaza de ataque químico. Recordemos la repartición de máscaras a toda la población en la Guerra del Golfo de 1991.

Pero los israelíes y los judíos en general, a lo largo de la historia, hemos sido víctimas de ataques y agresiones que nos han diezmado. Siempre en forma muy discriminada. Es decir, daños y agresiones sólo a los judíos. La inquisición, los progroms, la Shoá u Holocausto. La amenaza de Irán de borrar a Israel del mapa.

Israel enfrenta hoy un virus que hace mella en su población, en su infraestructura y en la confiabilidad de su mismo aparato gubernamental. Está frente un enemigo invisible, que no da tregua y que no sabe como vencer. Se apoya en datos, en estadísticas, para ser optimista o no serlo. Es un momento difícil. Las elecciones de este mismo mes no han dado resultados ciertos, el país está sin gobierno firme y los políticos pelean como infantes de guardería sin percatarse que están expuestos en la galería.

Pero el coronavirus tiene un aspecto que, sin ser alentador, nos pone en igualdad de condiciones. No es algo contra los judíos, ni contra los israelíes.  Es un problema de todos por igual, que no discrimina. Israel no puede hacerse indiferente al problema, es un afectado y no tiene la exclusiva. El mundo entero, amigos y enemigos de los judíos e Israel, sufren, deben atender un problema que es de todos y de nadie en particular.

Es evidente que el mundo de nuestros días, con sus avances y desmanes sufre el coronavirus. El problema debe resolverse a la brevedad, y atenderse en forma conjunta por todas las naciones del mundo. Esto es, dentro de la gravedad de la situación, algo alentador. Toda la raza humana preocupada por la supervivencia de todos, porque la debacle de uno es la de todos.

Los judíos estamos acostumbrados más a aquello de estar solos, de tener que arreglarnos por nosotros mismos o perecer. Ambas cosas han ocurrido.  Salvación y muerte. En esta ocasión, amarga y sin precedentes, todos hemos de luchar por cuidarnos los unos a los otros, porque es el deber ser, porque es la única manera de salvarnos.

En el siglo XXI, con tanta ciencia, tanto conocimiento y estadísticas, pareciera que las plagas de Egipto fueron sólo un incidente. Y los judíos, unos pasajeros más en el vagón del tiempo. Con algo más de cicatrices.

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