¿Cómo podemos ayudar a los periodistas extranjeros a entender Israel?

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Las organizaciones sionistas y el gobierno israelí dedican recursos incalculables al esfuerzo por contener el daño causado por los informes de noticias y los artículos de opinión que retratan Israel de manera inexacta e injusta. La respuesta convencional es que los diplomáticos israelíes y los activistas de hasbará bombardeen a los periodistas con correos electrónicos y comentarios de los enojados lectores. Sería mucho más productivo alentar a los periodistas a aprender ambos lados de la historia, incluso compensándolos financieramente por hacerlo.

El enfoque tradicional de Israel al problema del periodismo sesgado (cartas de enojo, artículos de opinión y comentarios) está fallando. A pesar de los valientes e inteligentes esfuerzos de la comunidad pro israelí, los informes sesgados y engañosos sobre el conflicto árabe-israelí son tan frecuentes en 2020 como han sido siempre. Este frustrante balance ha fortalecido la convicción de los israelíes de que el mundo odia su país y que la raíz de la hostilidad periodística hacia Israel es el antisemitismo atávico y/ o el prejuicio antiisraelí de los periodistas occidentales.

Esta deducción es ciertamente correcta en muchos casos, pero en lugar de gastar energía y recursos en una búsqueda vana de presuntos antisemitas y de judíos que se odian a sí mismos, sería más sensato hacer un esfuerzo por comprender la dinámica sociológica y psicológica que impulsa a los periodistas internacionales a creer y promover narrativas árabes e izquierdistas acerca de Israel.

La primera dinámica es la muy humana tendencia de buscar la compañía y la amistad de personas con ideas afines. En el caso de los periodistas extranjeros con una inclinación progresista, significa trabajar con intelectuales, académicos y trabajadores de ONG israelíes mientras están en Israel. Estos medios son conocidos por su ignorancia sobre el judaísmo religioso, la falta de aprecio por la conexión judía milenaria con la Tierra de Israel (incluidas las áreas bíblicas de Judea y Samaria, renombradas Cisjordania [del reino transjordanio] en 1950), y persistentemente afirman que los israelíes de derecha y, particularmente, los judíos de la Ribera Occidental son primitivos y fanáticos.

Una vez que la "opinión israelí ilustrada" sobre el conflicto es escuchada, los periodistas extranjeros recorren el territorio bajo la administración de la Autoridad Palestina (AP). En Belén y Ramala, la cortesía y la hospitalidad árabes junto con emotivas letanías sobre supuestos abusos israelíes borran toda esperanza de que estos periodistas intenten entender por qué algunos israelíes judíos apoyan a los partidos de línea dura.

El resultado final es que la mayoría de los periodistas extranjeros asume que están siendo justos y equitativos porque escuchan y entienden las opiniones de los judíos elitistas y los palestinos ilustrados. Debido a estas dinámicas sociológicas (y también a la barrera del idioma), la mayoría de los periodistas nunca se encuentran con judíos de la Ribera Occidental, como el difunto rabino Froman, que trabajó para la reconciliación entre judíos y musulmanes. Tampoco se encuentran con homosexuales palestinos que huyeron de los territorios controlados por palestinos hacia Israel por temor de sus vidas. Aún menos, están expuestos a los medios de comunicación y la prensa controlados por la Autoridad Palestina, y mucho menos a las transmisiones de Hamás o a los predicadores de mezquitas que diariamente ridiculizan Israel y a los judíos con las más viles de las palabras e incitan a los palestinos a luchar por la destrucción de Israel.

Esta ignorancia periodística necesita urgentemente ser afrontada. Una estrategia prometedora para educar a los periodistas que informan en Israel y en el extranjero sobre el conflicto árabe-israelí es el establecimiento de una plataforma en línea donde se les proporcione literatura de calidad sobre judaísmo, historia judía, sionismo, historia árabe, nacionalismo palestino y yihadismo islámico.

El acceso a estos recursos permitiría a los periodistas conocer hechos y opiniones que nunca aprenderían en recepciones en misiones diplomáticas extranjeras o mientras se relajan en los salones de los elegantes hoteles, populares entre los expatriados en Israel.

Para alentar a los periodistas a aprovechar estos recursos, aquellos que lo hagan y puedan demostrar la alfabetización histórica, cultural y religiosa que han adquirido, deben ser compensados. Dado que la lectura y el aprendizaje requieren tiempo y energía, recompensar el esfuerzo de estos periodistas no sería diferente de compensar a los estudiantes universitarios que eligen estudiar judaísmo. Los periodistas podrían probar el conocimiento que adquieren, por ejemplo, pasando pruebas en línea.

Dados los salarios y presupuestos decrecientes de los periodistas, ofrecerles un incentivo monetario para educarse sobre el conflicto desde una variedad de puntos de vista sería una forma relativamente económica pero extremadamente efectiva de promover los intereses israelíes. Llamar la atención de los periodistas extranjeros a las voces de los colonos, los refugiados judíos de los países musulmanes y las víctimas de la violencia islámica ayudaría al mundo a comprender mejor Israel.

Esta iniciativa no limitaría la libertad de los periodistas extranjeros. En cambio, podría garantizar que usen esa libertad para comprender el conflicto, en lugar de apresurarse a emitir un juicio mal informado.

Fuente: Centro Begin-Sadat de Estudios Estratégicos, BESA




Rafael Castro es un analista político educado en Yale y en la Universidad Hebrea con sede en Berlín.