Claves sobre la democracia israelí: una guía antes de empezar la votación

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Pocas horas antes de la apertura de las urnas en Israel, que supondrán la repetición de las elecciones del pasado abril tras el fracaso de Netanyahu de formar ejecutivo, el profesor Jack Drassinower conversó con Aurora para aclarar varios puntos claves de la democracia israelí antes de abrirse las urnas.

Respecto a que es lo que eligen los electores al poner la papeleta en las urnas, afirmó que “elegimos el 22º parlamento de Israel, la segunda vez  este año. El presidente no se vota mañana, tan solo cada 7 años dentro de la Knesset. Mañana, la ciudadanía vota en pleno solamente por sus representantes políticos mediante la elección de una lista electoral”.

En caso de que no se pudiera formar gobierno nuevamente, dijo que “en realidad es posible, si no se llega a formar gobierno iríamos de nuevo a elecciones. Pero creo que todos los partidos van a poner en esta situación lo mejor de su parte para que se logre formar una coalición, y existen varias alternativas

Las opciones que dibuja Drassinower son:

  • “Que el Likud logre llegar a 61 diputados, que significa la mitad más uno de parlamentarios (120), lo que impide que el otro bloque pueda formar coalición. Según las encuestas –aunque son peligrosas-, en este caso se encuentra el Likud alrededor de 59, pero si no logra el voto de Lieberman, difícilmente lo logrará. Por segunda vez se convierte en la aguja de la balanza que decidirá quién formará gobierno. También el partido de ultraderecha Otzmá Yehudit puede ser clave si pasa el umbral electoral, que es el 3,25% de los votos válidos”.

  • “Que Azul y Blanco, que está hoy día en los 54 aproximadamente, pudiera llegar a sumar una coalición de 61. Es algo más difícil porque requiere el apoyo total de la Lista Árabe Unificada, que tendría entre 10-11, y de Lieberman, que puso la condición de que está dispuesto a apoyar solamente a partidos que pretendan una coalición secular entre Likud, Azul y Blanco y su partido Israel Beitenu, algo que excluiría a ultraortodoxos e izquierdistas. Lieberman puede tener de nuevo la clave”.

  • “Que no se llegue a ninguna posibilidad de coalición y volvamos a conversar sobre nuevas elecciones”.


Refiriéndose a la influencia que pueda tener el llamado “voto árabe”, comentó Drassinower que “el sector árabe es muy importante porque constituye el 20% de la población. Pero en las últimas elecciones hubo baja votación. A diferencia de Latinoamérica, aquí no es obligatorio ir a votar, y entre los árabes hubo una gran diferencia entre las municipales, donde pasaron el 70%, a las parlamentarias de abril, donde apenas llegó al 49%. Esto es interesante: es la primera vez que el sector árabe empieza a entender cuáles son las alternativas. A pesar que los políticos árabes niegan la posibilidad mayoritariamente de unirse al gobierno, aunque su líder Ayman Odeh abrió las puertas a entrar a una coalición  de “bloqueo” junto a Gantz. Según encuestas propias, un 70% de su electorado si estaría dispuesto a influir en un gobierno, para obtener beneficios en obras y mejoras económicas, en lugar de dedicar tanto esfuerzo a la causa palestina.

Respecto al funcionamiento del “acuerdo de votos sobrantes”, aclaró que “funciona desde antes de la formación del estado judío, que en algún momento generó que partidos pueden formar un acuerdo para el cual los votos van a ser contados de forma conjunta para la repartición de escaños. Una vez que se adjudica a ese bloque, las bancas son repartidas entre los dos partidos de acuerdo a su tamaño. La repartición favorece a los partidos grandes, que tienen más facilidad de obtener el escaño extra”.

Sobre si Netanyahu podría ejercer en el cargo si afronta un posible juicio por las tres carpetas abiertas contra él por presunto fraude, soborno y abuso de confianza, “la ley israelí establece diferencia entre un ministro cualquiera en el gobierno, que si recibe acusación debe renunciar, y el primer ministro, que puede seguir hasta el momento que haya condena final del juzgado. Se debe tomar en consideración que si renuncia el primer ministro, renuncia todo el gabinete automáticamente. Hay dos elementos importantes: no hubo antecedentes de un primer ministro que bajo acusación siguiera hasta el final. Olmert renunció antes por las presiones. Y el otro factor es si, en realidad, recibe el apoyo de los otros partidos.

Drassinower también quiso aclarar los condicionantes de los pactos de coalición: “está generado a partir del resultado electoral, aunque ya existen negociaciones previas a la elección, en la cual el partido con mayor posibilidad de formar gobierno intenta acercar al gobierno a partidos pequeños, que siempre tienen condiciones. Hay temas clásicos en la agenda política: frontera y seguridad, que el Likud siempre pone arriba. Pero hay otros, como los que importan a religiosos: la relación religión-estado, que concierne por ejemplo a transporte en Sabbat, algo que niegan totalmente los ultraortodoxos y que jamás aceptarían en una coalición. O partidos de corte social que exigen una política distinta al marco neoliberal”.

Y al respecto de las recomendaciones del presidente, aclaró que “tiene dos funciones importantes: una es la posibilidad de otorgar mandato de intentar formar gobierno, y el otro es la llamada ley de amnistía. Aunque el juzgado decida que una persona pueda pasar una condena, él puede indultar. El resto son funciones simbólicas. Ésta es la razón por la que a pesar de que lo importante es lograr 61 diputados, todos insisten en lograr la mayor cantidad de votos, porque tiene un efecto psicológico.