Según esta escrito,Napoleon había dicho que si le demostraban que alguna deidad había manifestado su voluntad (su “religión”) desde el comienzo del mundo, entonces él estaría dispuesto a ser fiel a esa deidad.
Y realmente Hashem manifestó Su Voluntad, como primer acto soberano por sobre la humanidad, ni bien la humanidad nació. Tal como leemos:
“Tomó, pues, el Eterno Elokim al hombre y lo puso en el jardín de Edén, para que lo trabajase y lo guardase.
Y el Eterno Elokim mandó al hombre diciendo: ‘Puedes comer de todos los árboles del jardín; pero del árbol del conocimiento del bien y del mal no comerás, porque el día que comas de él, ciertamente morirás.’”
(Bereshit / Génesis 2:15-17)
Tal era la Divina Voluntad para la humanidad, resumida en Adam (que era macho y hembra).
Esa era la Torá, la Divina Instrucción, la Ley Espiritual, dada desde el comienzo a toda la humanidad.
Y, según aclaran los Sabios, se comprimen en el mandato de no comer del “árbol del conocimiento del bien y del mal” todos los siete mandamientos que desde entonces y por toda la eternidad las personas (los noájidas-no judios) deben cumplir.
Así pues, la Torá acorde con la esencia espiritual de todas las personas se encuentra entre nosotros desde el mismo momento del nacimiento de la humanidad.
Etz jaim hi lamajzikim ba v'tomjeha meushar. ="Es un árbol de la vida a los que con sus manos se e aferran, y quien se apoya en ella es feliz (Proverbios 3:18)."
La otra Torá, esa que corresponde en exclusividad a la nación judía (la que conocemos simplemente como “Torá”), era el otro árbol “especial” del Edén. Era el llamado “árbol de las vidas”. Ese árbol quedó excluido de la humanidad, tal como está dicho:
“Expulsó al ser humano y puso querubines al oriente del jardín de Edén, y una espada incandescente que se movía en toda dirección, para guardar el camino al árbol de las vidas.”
(Bereshit / Génesis 3:24)
Por tanto, la Torá (Instrucción Divina) para la humanidad quedó marcada por siempre en el alma del ser humano, del noájida. Cumplir el mandamiento de no comer del árbol del conocimiento del bien y del mal, del cual emergen directamente los siete mandamientos universales.
Cada vez que el noájida cumple cabalmente con los siete mandamientos universales, está demostrando su fidelidad al Eterno, no actuando como hiciera torpemente Adam, sino con la entereza que se espera de un hijo de Dios.
Por otra parte, a los judíos, muchos siglos más tarde de la expulsión del jardín, el Eterno les entregó en exclusividad el acceso y el derecho a gozar del árbol de las vidas, que nosotros llamamos simplemente TORÁ (escrita y oral).
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El 12 de octubre de 1492, el genovés Cristobal Colón descubrió América. La frase, tal cual nos fue enseñada desde nuestra infancia, posiblemente representa una sucesión de errores. Recientes descubrimientos revelan que el continente americano había recibido visitantes en el pasado (de origen fenicio y chino), que Colón no era italiano... ¡y que ni siquiera ése era su nombre!
El año 1492 divide en dos a la historia en general y a la judía en particular. El viaje a las américas coincide con la expulsión de los judíos de España. La polémica comienza con respecto a la cercanía de estos dos eventos tan relevantes (su flota zarpó dos días después del plazo establecido por los monarcas para que los judíos abandonen el reino). La discusión toma color, de la mano del historiador Mascarenhas Barreto, en su libro El Portugués Cristobal Colón, Agente Secreto del Rey Don Juan II en el cual afirma que el descubridor era portugués y judío.
Colón conocía las lenguas clásicas (mantenía un diario en latín y otro en griego) y el hebreo; no escribía italiano, sino portuñol. Dominaba el antiguo testamento, además de escribír en un estilo bíblico. Un cristiano de su época, no tendría este conocimiento específico. En una de sus cartas figuran las iniciales de Baruch Hashem, B“H (como yo escribo en todos mis escritos, debido a mi formación religiosa).
Colón vivía entre judíos, tenía amigos y maestros judíos. La navegación era enseñada en academias judías, y los primeros navegadores fueron judíos y árabes. El viaje de Colón fue patrocinado por judíos –y no por los monarcas, como dicen. Es sabido que Colón viajó junto con muchos cristianos nuevos.
Segundo Oscar Villar Serrano, en su libro Cristobal Colón: el secreto mejor guardado, presenta la correspondencia mantenida entre Colón y su hijo Fernando, la cual brinda contundentes pruebas acerca del origen del navegante. Las cartas eran fechadas con letras hebreas y las despedidas eran bendiciones judías. Colón recomendaba a su hijo que delante del pueblo se comportase como mandaba la ley canónica, “más entre nosotros, tenemos que conservar nuestras costumbres” (sic).
El hermano de Cristobal Colón, fue quemado en Valencia en 1943 por judaizar. Curiosamente, fue la propia iglesia la que propuso canonizar al descubridor de América por haber cristianizado a los indígenas, pero desistieron de la idea al saber que el mismo era de origen judío.
Es posible que Cristobal Colón sea el mismo Salvador Fernandes Zarco, noble ilegítimo, natural de la villa alentejana de Cuba en Portugal, nieto de Juan Gonsalves Zarco, navegador portugués de ascendencia judía –esto explicaría los nombres con que bautizó a las islas (San Salvador y Cuba).
Descifrando la misteriosa escritura críptica de 27 signos con que Colón escribía su nombre, Barreto acredita haber develado la mística judía presente en el nombre e identidad del navegador.
Con este objetivo, el investigador utilizó el método de lectura en espejo, de acuerdo al cual el punto y la coma pueden significar, en español antiguo, Colón y en hebreo Zarco.
Para Mascarenhas Barreto, el significado en latín de la firma es: Fernandus, ensife copiae Pacis Juliae de Beja e Isabel Sciarra Camarae, mea soboles Cubae sunt que significa: Fernando, duque de Beja, e Isabel Sciarra de la Cámara, son mis padres, provenientes de Cuba.
José Rodriguez de los Santos, autor de Codex 632, comenta que la firma del navegante era contradictoria, poseía mensaje católicos en latín y a su vez mensajes en hebreo.
Leyendo la firma en forma regular, obtenemos: S S A S X M Y e Cristófenes (Cristoval en griego).
Es posible leer la frase como Santo Santo Santísimo Santo, y del centro hacia arriba interpretar: XS = cristo; MAS = Mesías; YS= Jesús. Lo que sería una firma bien católica normal.
Podemos, sin embargo, leer una firma hebrea “escondida” en el mismo texto: Sha-dai, Sha-dai, Ad-nay, Sha-dai Shemá (nombre/atributos de Dios y la profesión de la fe judía).
Asimismo, es posible interpretar XMY como shmí= mi nombre, en hebreo. Leyendo de izquierda a derecha, como en hebreo, YMX= Ymax (le-se imar) = sea borrado. YMX XMY = Ymach Shmí = ¿que mi nombre sea borrado? ¿qué nombre?
Se lee en la línea de abajo: Xpoferens, que viene a ser Cristo, y ningún judío se llama Cristo. ¡Entonces él estaría renegando su nombre!
Más aún, usando el sistema de inversión XMY se torna XWY formando Ymah Shmo Wezicrhó (que su nombre y su memoria sean borradas). De esta forma, a través de su firma, Colón niega su identidad católica y revela su origen judío…
Publicado en Visión Judía 51, octubre de 2006. Por: Jane Bichmacher de Glasman


